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Ayuno, limosna y oración: se avecina la Cuaresma

 Nicolle Alcaraz y Norma Trigo

 Se avecina la cuaresma, un tiempo de preparación rumbo al misterio pascual caracterizado por un sentimiento de penitencia y esperanza. El nombre de cuaresma proviene del latín cuadragésima, es decir, ‘cuarentena’, y refiere a los 40 años que el pueblo de Jerusalén tuvo que vagar por el desierto.

Este periodo da inicio con el miércoles de ceniza, el cual se celebrará en esta ocasión el 2 de marzo, y habrá de concluir el jueves Santo por la mañana, ya que durante la tarde da comienzo el Triduo Pascual, que se refiere al periodo de tiempo en el que la liturgia cristiana católica conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, momento cumbre Dentro de la Semana Santa.

Significado e importancia del ayuno

Existen tres líneas fundamentales que guían a este periodo: la oración; el ayuno, acompañado de la abstinencia  y la limosna. La primera de estas, la oración, pese a que debe de ser una constante en la vida católica, se intensifica durante la época cuaresmal ya que a través de esta se fortalece la espiritualidad y cercanía con Cristo, por lo que es común que lleven a acabo ejercicios espirituales con este propósito.

Por otro lado, el ayuno refiere al tiempo que Jesús pasó sin comer en el desierto, y se vive como un ejercicio de compromiso y disciplina para con él. Este ocurre únicamente dos días al año: durante el miércoles de ceniza, del que hablaremos más adelante, y el viernes Santo. En este las personas “mayores de edad, hasta que hayan cumplido los cincuenta y nueve años” (Código de Derecho Canónico 1252) están obligados a limitar su ingesta de alimentos.

Además de que “la abstinencia obliga a quienes  han cumplido catorce años” a evitar, durante los viernes que conforman a la cuaresma, la ingesta de carnes rojas, además de llevar a cabo diferentes mortificaciones que no solo se relacionan con la comida, pero que pueden representar sacrificios, no mortales, en nuestra cotidianidad. Algunos de estos pueden ser:  limitar el uso de internet o redes sociales, limitar el consumo de azúcar, reducir el tiempo de ocio, cuestiones que pueden no ser vitales pero que sirven para fortalecer la voluntad y afirmar un compromiso con Dios.

Finalmente, la limosna, recuerda otro valor fundamental que caracteriza a este periodo: la generosidad con el más necesitado. Esta puede llevarse a cabo con una institución benéfica, como puede ser la Iglesia o brindando apoyo directo a una persona que lo requiera.

Polvo eres y en polvo te convertirás

Esta tradición tiene su origen a partir del siglo X, cuya imposición simboliza “la condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte” (Opus Dei). Empleando la frase “polvo eres, y en polvo de convertirás”.

La ceniza sirve como recordatorio de lo efímera que es la vida, convirtiéndose también en una invitación para replantear el verdadero sentido de la vida cristiana; un encuentro con Dios. Este es un compromiso público de una actitud interior, que funciona para hacer pública la responsabilidad que asumen los creyentes con este periodo de penitencia y preparación.

Cabe recalcar que la ceniza procede de las palmas bendecidas durante el domingo de ramos del año previo, costumbre que lleva siendo acatada desde el siglo XII. Es importante mencionar, que  si bien este acto no es obligatorio, resulta significativo participar en este encuentro con el fin de hacer público un compromiso interno.

El miércoles de ceniza es una práctica que significa el compromiso de corazón para convertirnos. No da la gracia pero dispone a recibirla y si alguien no puede acercarse a tomar la ceniza el próximo 2 de marzo,  puede en su casa preparar sus buenos propósitos encomendándose a Dios y con eso basta.

La ceniza se toma de la quema de las palmas que se utilizaron el año anterior durante el domingo de ramos. En todas las parroquias se ofrece la ceniza a los fieles, en algunas previamente se proporciona una plática sobre el significado de la ceniza así como de la cuaresma en general.

Un camino catecumenal

En vistas de que sean bautizados, los mayores de 8 años, en la vigilia pascual. Para los que ya estamos bautizados es en vistas de renovar nuestro compromiso bautismal, es decir que estos medios de penitencia nos ayuden a darnos cuenta del significado de nuestro bautismo; de que somos hijos de Dios y tenemos este compromiso de amar y servir a los demás, así como Cristo nos amó.

Colores y omisiones

El color que se usa durante la cuaresma, es el morado, que hace alusión a la penitencia y esperanza cristiana. El cuarto domingo se puede vestir de rosa y solo se usa dos días al año: el tercer domingo de adviento (Gaudete: alégrate) y el cuarto viernes de cuaresma (Laetare: Gózate) que significa que podemos ver un camino de esperanza en medio de este camino de penitencia.

En caso de coincidir con alguna solemnidad, como el día de San José, el 19 de marzo, si cae en viernes de cuaresma se suspende el ayuno y la abstinencia precisamente por el carácter de solemnidad que tiene la fiesta.

Durante toda la cuaresma no se canta el aleluya y en lugar de éste, se canta: honor y amor a ti Señor Jesús, precisamente para darle este tinte de penitencia y de luto. No se canta el himno de la Gloria, a menos que haya una fiesta precisamente como la de San José o la Anunciación del Señor el 25 de marzo.

Días Santos

En los días santos se realizan las prácticas litúrgicas y devocionales. Las litúrgicas son las más importantes. El jueves se conmemora la institución de la Eucaristía, el lavado de pies y la reserva del Santísimo. El viernes no se oficia misa ya que por la tarde se recuerda la Pasión del Señor.

El Sábado Santo es el día de la Soledad de María, y el Domingo Santo es el Domingo de Resurrección.

Las prácticas devocionales incluyen la visita de los 7 templos y  el rezo de las 7 palabras, el vía crusis, que va más allá de una representación ya que es justo el momento en el que Cristo entrega su vida por la salvación de las almas. También se realiza la marcha del silencio y el rosario de pésame.

El domingo de resurrección inicia la Pascua, que es la fiesta más importante de todo el año ya que en ella se celebra el paso de Jesús de la muerte a la vida. La Pascua es la celebración en la que Jesús resucitó al tercer día de haber muerto la cruz.

Acerca de Nicolle Alcaraz

Comunicóloga y reportera para El Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara.

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