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Celebrar la música de la vida

Sergio Padilla Moreno

Hace unos días, en conocida plataforma de películas en streaming, se estrenó el filme “La última nota” (Coda), dirigida por Claude Lalonde (2020), protagonizada por el magistral actor Patrick Stewart, quien es acompañado por Katie Holmes. Esta obra cinematográ­fica narra que “el esperado regreso al escenario del famoso pianista Henry Cole está amenazado por una repentina crisis de ansiedad. Decidida a escribir el gran artículo de su carrera, una joven periodista entra en escena para convencerlo de que toque por última vez”.

YENDO MÁS A FONDO

Más allá de la trama de tipo psicológico que nos muestra el drama de un pianista que sufre pánico escénico como resultado de una serie de experiencias traumáticas, lo que llama la atención en esta película son los acercamientos y reflexiones sobre la música, pues el acento lo ponen más allá de la dimensión lúdica que, sin duda, tiene este arte, pues abre lúcidas perspectivas respecto a lo que implica interpretar o escuchar música de manera más profunda.

En una de las escenas ­finales se escucha la voz del personaje de la joven periodista, quien escribió un artículo sobre el famoso pianista, donde hace una muy profunda y bella reflexión sobre la experiencia que provoca la música: “Es difícil explicar cómo me sentí mientras Henry Cole tocaba esa noche, cómo se siente la buena música: como una forma de conocimiento, tal vez e, incluso, de sabiduría; pero por supuesto que no es sabiduría ni nada que pueda expresar con palabras. Lo mejor que puedo hacer es decir que, de alguna manera, se parece a cómo se siente estar vivo. Esa música estaba llena de dolor, anhelo y determinación obstinada y, mientras la escuchaba, de repente me sentí más rica, más compasiva y quería compartir ese momento con todo el mundo. Supongo que la palabra que estoy buscando es gratitud, gratitud hacia Schumann, Bach, Beethoven… gratitud hacia Henry Cole y hacia todos aquellos que celebran la música de la vida”.

EL PODER DE LA MÚSICA

El psiquiatra francés Christophe André, considera en su libro La vida interior. 40 momentos para conocerte mejor (PAIDÓS, 2019), que la música tiene una profunda relación con la vida interior: “de todas las artes clásicas (exceptuando el cine, que la usa con profusión), es la que posee mayor poder de inducción emocional. En los laboratorios de psicología de las emociones, se utilizan determinados fragmentos previamente codi­ficados para provocar estrés o tristeza.

Una música puede alegrarnos o ponernos melancólicos mucho más rápida e intensamente que una pintura o una lectura.

Porque la música se dirige directamente a nuestras emociones, sin necesidad de hablar o de signi­ficar. De todas las artes, es la única que no pretende representar nada. El ­filósofo Alain a­firmaba: «Cuando la música imita el viento o la lluvia, pierde el tiempo». No quiere describir el mundo, sino activar nuestros mundos interiores, como reconocía Balzac: «Solo la música tiene el poder de hacernos entrar en nosotros mismos…».

Como corolario hay que decir que Nietzsche tenía razón: “Sin la música la vida sería un error”.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

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