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Con todo y la pandemia, Margarita González jamás renunció al Semanario

Nicolle Alcaraz

A las afueras de la Parroquia de Santa Elena de la Cruz, Carlos, el ayudante de la señora Margarita González, vende a diario el  Semanario. La señora González, quien lleva más de 20 años en este negocio, solía ser quien repartía la publicación a los fieles que paseaban por el templo, pero sus 85 años han hecho que ahora tenga que llevar el negocio desde casa, ayudando los fines de semana en la parroquia, y siendo encargada de la capilla del Santísimo.

“Habíamos dejado de comprarlo porque, cuando llegó la pandemia, nos cerraron el templo, y hasta ahora que ya se calmó un poquito apenas tenemos 3 meses comprando el periódico otra vez (…). Comprábamos más, pero después [a raíz del Covid-19] ya no dejaban pasar a muchas personas al lugar, y ya la gente no se pasaba”, cuenta Margarita.

Recuerda que fue gracias al apoyo del Padre José María Velasco (+), que empezaron a llevar Semanario, la Hojita Parroquial y El Amiguito, publicación que recientemente dejó de estar en circulación. “Llegamos a vender más de 100 Semanarios, cada 8 días (…) para mí el periódico es muy bueno, trae muchos artículos muy interesantes, y si se vende, aunque ahorita ya menos, porque apenas vamos comenzando de nuevo, así que pedimos poco más de 50 por semana”.

La señora cuenta que el COVID significó la partida de diversas personas, muchas de ellas clientes suyos que solían ir por su Semanario cada domingo “Muchos fallecieron de aquí de la colonia, y ellos eran clientes muy buenos, y que lo compraban todas las semanas. Por eso ya no hay tanta venta como antes (…). La enfermedad estuvo tan fea que hubo un tiempo que diario teníamos 3 difuntos”.

Esta situación hizo que Margarita se desanimara “yo estaba muy triste y muy acongojada por pasármela encerrada, aparte que los dos primeros años de la pandemia ya no pudimos vender nada porque la gente ya no tenía mucho dinero, o los que lo leían los había llamado Dios, y tampoco nos daban permiso a nosotros los mayores de ir al templo”, contó.

Uno de los clientes, quien era también compañero y amigo de Margarita, el señor Carmelo, falleció a causa de este mal hace unos meses. Sin embargo, sus hijos se empeñaron en que su padre pudiera continuar frecuentando el periódico, como solía hacer cada semana.

SEMANARIO SE CONVIRTIÓ EN PARTE DE LA FAMILIA

“Carmelo murió, le dio Covid, y ya después su esposa me dijo que no le llevara nada. Así que fui con sus muchachos y les di las gracias, y les dije que ya no les iba a mandar el Semanario porque su mamá me había dicho que no lo quería, pero me dijeron: «no, usted me va a traer lo que mi papá compraba. Todo lo que salga tráigamelo» (…). El día de los difuntos los volví a ver y ya vi el altar con todos los Semanarios. Y me dicen: «¿ya ve porque si quiero los Semanarios?». Y sí, yo se los sigo llevando.

Recientemente, con la reapertura de los templos, la señora Margarita ha podido regresar poco a poco a su vida normal. “Para mí fue algo muy bonito regresar a la Parroquia. Ya ahora, bendito Dios, está uno ahí, tiene sus amistades, y se vende mejor el periódico (…) a veces hay días malos, como donde quiera, pero mientras el Señor nos preste vida acá estamos”.

Acerca de Nicolle Alcaraz

Comunicóloga y reportera para El Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara.

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