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El arte de la lentitud y lo inútil

La búsqueda frenética de la eficacia no nos permite disfrutar lo fascinante de la lentitud y el silencio.

Sergio Padilla Moreno

Una de las grandes problemáticas que enfrentamos hoy en día es la prisa por querer atender todos los pendientes y rendir frente a lo que nos implica el trabajo, la familia, las amistades, etcétera. Vivimos siempre de prisa y buscando afanosamente lo que nos es útil y eficaz para enfrentar nuestros múltiples pendientes, compromisos y necesidades.

Somos semilla entre los abrojos

El problema es que la prisa y la búsqueda frenética de la eficacia, entre muchas cosas, ahoga nuestra salud, la vida compartida y hasta nuestra espiritualidad; es a lo que se pudiera referir la parábola del sembrador cuando Jesús habla de la semilla “que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a la madurez” (Lc 8, 14).

Un buen propósito es vivir el “arte de la lentitud”, virtud a la que nos invita el Cardenal portugués José Tolentino Mendonça en su libro Pequeña teología de la lentitud.

El P. Mendonça, quien predicó en 2018 los Ejercicios Espirituales al Papa Francisco y la Curia Romana, nos confronta respecto a que “Nuestros estilos de vida parecen contaminados irremediablemente por una presión que escapa a nuestro control; no hay tiempo que perder; queremos alcanzar las metas lo más rápidamente posible; los procesos nos desgastan, las preguntas nos retrasan, los sentimientos son un puro despilfarro; nos dicen que lo que importa son los resultados, solo los resultados.

A causa de esto, el ritmo de las actividades se ha tornado despiadadamente inhumano […] Pasamos por las casas sin habitarlas, hablamos con los demás sin escucharlos, acumulamos información que no llegaremos a profundizar. Todo transcurre a un galope ruidoso, vehemente y efímero. Realmente, la velocidad a la que vivimos nos impide vivir.”

Lo fascinante de la lentitud

Para enfrentar todas esas prisas, el P. Mendonça reconoce que “aunque en las sociedades occidentales modernas la lentitud haya perdido su estatus, sigue siendo un antídoto contra el patrón normalizador. La lentitud intenta huir de lo cuadriculado; se arriesga a trascender lo meramente funcional y utilitario; elige en más ocasiones convivir con la vida silenciosa; registra los pequeños tránsitos de sentido, las variaciones de sabor y sus minucias fascinantes, el palpar tan íntimo y diverso que puede tener luz.”

Desde una perspectiva seglar vale la pena también leer el magnífico libro La utilidad de lo inútil, del profesor italiano Nuccio Ordine, donde pone el acento en los saberes que, hoy en día, son considerados inútiles por el sistema económico y político mundial que buscan poner a los seres humanos en modo de prisa y consumo. Dice Ordine: “En el universo del utilitarismo, en efecto, un martillo vale más que una sinfonía, un cuchillo más que una poesía, una llave inglesa más que un cuadro:

Porque es fácil hacerse cargo de la eficacia de un utensilio, mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué puede servir la música, la literatura, el arte”.

La utilidad de lo inútil en nuestra vida. Nuccio Ordine, profesor y escritor

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

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