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El precio de la codicia

Sergio Padilla Moreno

El 6 de agosto de 1945, después que el comandante del avión bombardero norteamericano Enola Gay vio el poder destructivo de la bomba atómica que lanzaron sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, exclamó: “Dios mío, qué hemos hecho!”.  Hoy, ante la pandemia, vemos que estas palabras vuelven a nuestra mente ante el colapso de muchos de los elementos que nos enorgullecían como civilización, la cual algunos llamaban «Antropoceno», que se jactaba del dinamismo de los mercados, de lo pequeño que se había hecho el mundo y de las grandes empresas que impulsaban la economía del mundo. Pero, en un artículo de autor anónimo titulado Monólogo del virus, se lee una gran verdad: “La globalización, la competencia, el tráfico aéreo, los límites presupuestarios, las elecciones, el espectáculo de las competiciones deportivas, Disneyland, los gimnasios, la mayor parte de los comercios, el Parlamento, la reclusión escolar, las reuniones masivas, los empleos burocráticos, toda esa sociabilidad ebria que no es más que el reverso de la soledad angustiosa de las mónadas metropolitanas: Todo era innecesario una vez que se ha puesto de manifiesto el estado de necesidad”. Comenzamos a pagar ahora el precio de la codicia.

Intempestivamente nos dimos cuenta, ante el brutal golpe de realidad que nos dio un elemento tan insignificante como un virus, que desde hace muchos años hemos perdido la capacidad de vivir armónicamente ante los demás y ante la naturaleza, ya que hemos puesto al dios dinero y la economía como centro, no la vida.

Me viene a la mente la parábola del rico insensato (Lucas 12, 13-21), especialmente cuando dice: “Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida”. Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado? Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios”. La actualización de esta necia actitud es la de muchos que están bien encerrados en su casa, con la alacena llena, especialmente de papel higiénico (¿?), viendo películas en sus plataformas, pero sin preocuparse por la gente que afuera vive al día. Aunque no faltarán tampoco vivales que se aprovechen de los apoyos del gobierno para acaparar egoístamente o quienes ante la crisis organicen saqueos.

Vienen tiempos difíciles, donde el reto para todos será volver a poner en el centro de nuestra civilización lo único valioso: ¡la vida! Pero la vida tal como la entendió Jesús, donde el centro sea el servicio, la empatía, la compasión y el cuidado de los demás, especialmente de los más pobres. Y no poner en el centro la búsqueda sin sentido de la ganancia económica, menos cuando se afecte la vida de los demás, tal como lo vemos ahora que se dejó de invertir en la salud o de poderes que ya ven en la producción de las vacunas contra el Covid-19 una oportunidad de enriquecerse.

padilla@iteso.mx

Película Margin Call (El precio de la codicia)

Acerca de Hugo Rodríguez

Reportero y Community Manager en Arquimedios Guadalajara. | Ciencias de la Comunicación y Administración de la Mercadotecnia. | Periodismo Deportivo. | Locutor en Valora Radio y Radio María. | Reportero y Columnista en TR Fútbol.

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