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Espiritualidad de los sentidos

Sergio Padilla Moreno

Ya estamos muy cerca de cumplir dos años en que como humanidad hemos tenido que enfrentar grandes retos a causa de la pandemia y todas las afectaciones que ha traído en el terreno de la salud, la economía, la educación, la política, las dinámicas familiares y sociales, así como en nuestra vida espiritual. Son tiempos  complejos, confusos y de incertidumbre, aunque la pregunta es si tenemos la sensibilidad suficiente para ver el paso de Dios en medio de todo esto.

Abrir nuestros sentidos a Dios

Uno de los grandes retos que tenemos como creyentes es revisar cómo anda la agudeza de nuestros sentidos y que sepamos reconocer que, quizá, nos pasa como a los discípulos de Jesús que solían estar estupefactos y con la mente embotada (Cfr. Marcos 6, 51-52), porque les costaba mucho ver en lo sencillo, lo pequeño y lo poco valioso a los ojos humanos, la mano misma de Dios. Y es que, como dice el sacerdote italiano Amedeo Cencini, reconocido profesor en varias instituciones de formación teológica: “Aprender a discernir a Dios en el soplo de una ligera brisa supone haber desarrollado una sensibilidad extremadamente atenta”, haciendo referencia al pasaje donde Elías, en el monte Horeb, reconoce el paso de Dios en el “susurro de una brisa suave” (1 Reyes 19, 11-13).

Dos buenas lecturas

Para reflexionar sobre la importancia de afinar nuestros sentidos para ser capaces de reconocer el paso de Dios en los tiempos actuales, vale la pena leer dos libros. El primero de ellos es La pascua de los sentidos (Sal Terrae, 2014), del jesuita Benjamín González Buelta, quien a través de poemas y oraciones nos acerca al itinerario de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, poniendo en juego precisamente nuestra sensibilidad. Como dice en el prólogo: “Con profunda intuición, Ignacio sabe que el centro de la persona está en el corazón. Cambiar la afectividad profunda es el objetivo de los Ejercicios Espirituales. Lo afectivo es lo efectivo. Cuando deseamos algo profundamente, toda nuestra persona se configura por dentro para conseguirlo y polariza nuestra relación con los demás y con la creación. Pero los Ejercicios nos cambian también la sensibilidad, la manera de percibir la realidad donde Dios nos ofrece incesantemente «la vida verdadera»”.

El otro libro es Hacia una espiritualidad de los sentidos (Fragmenta, 2016), del P. José Tolentino Mendonça quien nos dice que “la mística de los sentidos o del instante es una espiritualidad que concibe los sentidos como camino que conduce y puerta que se abre al encuentro de Dios. El punto místico de intersección de la historia divina con la historia humana es el instante. No un instante idealizado o abstracto, sino este instante concreto. La mística del instante nos reenvía, así, al interior de una mística auténtica, nos enseña a hacernos realmente presentes: a ver en cada fragmento el infinito, a oír el oleaje de la eternidad en cada sonido, a tocar lo impalpable con los gestos más simples, a embriagarnos con el perfume de la flor siempre nueva del instante”.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

“Covid 19 y Contemplación Evangélica”

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Un comentario

  1. Gerardo Moya García

    Gracias Sergio por este recordatorio. Reconocer a Dios y su creación a través de los sentidos, de la percepción sensorial, nos lleva un paso más hacia el despertar de nuestra consciencia. Después, vamos más allá de los sentidos, más allá de la razón, para “experimentar a Dios”. Paso a paso, ahí vamos…

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