Home / Cultura / Ars Cordis / La música, misterio y sentido

La música, misterio y sentido

Sergio Padilla Moreno

En la escena que marca el clímax de la magnífica película de Jean-Louis Livi, Tous les matins du monde (Todas las mañanas del mundo), el personaje del compositor y virtuoso ejecutante de viola da gamba, Sieur de Sainte Colombe, le expresa al también compositor y antiguo discípulo suyo, Marin Marais, una de las más profundas explicaciones de sentido de la música:

“La música existe para decir cosas que las palabras no pueden, lo cual se debe a que no es enteramente humana”.

Narrar a través de la música

Otra bella imagen que penetra el sentido de la música es lo que expresa el protagonista de la novela La hermana, del escritor húngaro Sándor Márai, quien es un afamado pianista que va enfrentando la terrible circunstancia de padecer una enfermedad que se presentó de súbito, la cual, además de poner en peligro su vida, le impide volver a tocar. En medio de las propias y hondas reflexiones sobre su gran pasado como virtuoso y su vida para la música, llega a constatar existencialmente que:

“La música tiene más fuerza que el beso, que la palabra, que el tacto. Lo que uno ya es incapaz de contar con el cuerpo y el espíritu, termina contándolo con música.”

Ante el misterio de la música, filósofos, teólogos, escritores y artistas de todas las disciplinas, han tratado de desentrañar su esencia, y ante lo complicado de la empresa, simplemente se han dejado seducir por ella. Gerard Vilar dice: “Si hay un objeto con el que la filosofía se ha dado persistentemente de bruces en una humillante demostración de impotencia, ése es la música.”

El antropólogo francés Claude Lévi-Strauss escribió: “Puesto que la música es el único lenguaje que posee los atributos contradictorios de ser a un tiempo inteligible e intraducible, el creador musical es un ser comparable a las deidades, y la música es el misterio supremo de la ciencia humana.”

Como experiencia mística

En su libro La mística, monje benedictino Anselm Grün dice: “La música en la liturgia puede abrirnos a Dios y, de este modo, convertirse en lugar de experiencia mística. Pero a veces es también un concierto el que nos conmueve profundamente. Esto puede afirmarse también, sobre todo, de los conciertos en los que se interpreta música sacra. Una cantata de Bach puede convertirse en el lugar en el que mi corazón se siente tocado por Dios.”

Alguna vez, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, gran amante de la música, expresó:

“Cuando el hombre entra en contacto con Dios, las palabras se hacen insuficientes. Se despiertan esos ámbitos de la existencia que se convierten espontáneamente en canto”.

Afortunadamente no tenemos que acceder a complejos estudios filosóficos o estéticos para acercarnos a la música; así como tampoco se necesitan conocimientos de técnica musical para apreciarla, ni para que la experiencia de la escucha sea verdaderamente profunda y significativa. La música está allí y basta dejarnos tocar por ella; en eso radica su misterio y su sentido.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Para deleitar el oído

An die Musik (“A la música”), D. 547. Franz Schubert

Acerca de Edicion Arquimedios

Revisa También

Sentir y gustar de las cosas internamente

Sergio Padilla Moreno En la segunda anotación preparatoria a los Ejercicios Espirituales, San Ignacio de …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *