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Nuestras máscaras y roles en el teatro del mundo

Sergio Padilla Moreno

Mucha razón tuvo el escritor francés Albert Camus cuando escribió esta idea en su ensayo El mito de Sísifo: “Si el mundo fuese claro no existiría el arte.” Si bien el arte tiene, entre muchas finalidades, la dimensión lúdica, también nos devela crudamente las dimensiones más profundas de la realidad. Lo digo después de haber visto y disfrutado la extraordinaria ópera Pagliacci (Payasos) del compositor italiano Ruggiero Leoncavallo. En el prólogo, el personaje de Canio se dirige al público y dice: “¡Las lagrimas que vertemos son falsas! ¡No se alarmen de nuestros estremecimientos y martirios! Y ustedes, más que nuestras pobres vestimentas de comediantes, tienen que considerar nuestras almas, puesto que somos hombres de carne y huesos, y que en este mundo huérfano ¡respiramos el aire al igual que ustedes!” Y entonces viene a mi mente el tema de las máscaras que nos ponemos para no mostrar nuestra verdadera realidad, en un mundo que parece una representación dramática, donde tenemos que dejar de ser fieles a nuestra identidad más profunda.

Al final del primer acto, el protagonista Canio se maquilla como payaso para la función teatral, justo después de que descubrió la infidelidad de su esposa. Mientras lo hace canta: “¡Representar! Mientras presa del delirio ya no sé ni lo que digo ni lo que hago. Sin embargo, es preciso: ¡esfuérzate! ¿Eres acaso un hombre? ¡Tú eres un payaso!” Estas líneas corresponden a una de las arias bellas y más dramáticas de la historia de la ópera: Vesti la giubba. Finalmente, Canio, el hombre, tiene que desaparecer ante el papel que debe representar. Al final de la ópera surge el verdadero Canio, cuando deja de representar su rol, pero lo hace presa de la ruptura interior que le implicó vivir entre un papel y su realidad.

La invitación que me plantea esta joya operística es vernos reflejados en el drama de estos personajes, al tener que representar un rol que es radicalmente diferente a la propia realidad. Se dirá que es normal, puesto que son actores, pero ¿acaso nosotros no representamos también muchos roles en una sociedad que privilegia la imagen? ¿No somos tentados constantemente a mostrar una imagen que nos muestre fuertes, exitosos, bellos, aunque eso implique kilos de maquillaje, cientos de mensajes falsos en nuestras redes sociales, siempre tratar de poner “buena cara” y decir lo que sea políticamente correcto? En muchas ocasiones terminamos por confundir nuestro rol con la realidad y entonces vienen las rupturas internas.

Dentro de lo difícil que ha sido enfrentar la pandemia, muchos lo han visto como tiempo de oportunidad para reconocernos y rectificar. El P. Pablo d´Ors dice al respecto: “En este tiempo de encerramiento domiciliario, se nos brinda la ocasión -siempre buscada, pocas veces encontrada- de sanar de raíz el corazón: de vaciarlo de estupidez, de vanidad, de ruido…” Es entonces tiempo propicio para reconocer nuestras máscaras y trabajar por liberarnos de ellas.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Leoncavallo – Pagliacci – Herbert Von Karajan

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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