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Sentir y gustar de las cosas internamente

Sergio Padilla Moreno

En la segunda anotación preparatoria a los Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola advertía que “no el mucho saber harta y satisface al ánima, más el sentir y gustar de las cosas internamente”, pues en el intenso y profundo proceso que implican los ejercicios se trata de ir poco a poco y paso a paso, al ritmo del Espíritu, no de los propios ímpetus y ansiedades por avanzar.

Independientemente del contexto de la propuesta de Ignacio, es una gran verdad para los tiempos que corren que necesitamos tomar conciencia de la importancia de “sentir y gustar las cosas internamente”. El P. José Tolentino Mendonça, dice en su exquisito libro Pequeña teología de la lentitud (Ed. Fragmenta):

“Pasamos por las cosas sin habitarlas, hablamos con los demás sin escucharlos, acumulamos información en la que no llegaremos a profundizar. Todo transcurre a un galope ruidoso, vehemente y efímero. La velocidad a la que vivimos nos impide vivir. Necesitamos reaprender el aquí y ahora de la presencia, necesitamos reaprender lo entero, lo intacto, lo concentrado, lo atento y lo uno”.

Como agua entre las manos

Y es que, en muchos de los aspectos de la vida, como dice el dicho, “la prisa es mala consejera”, pues corremos de aquí para allá, comemos sin saborear, vivimos sin sentir la vida y, de repente, si tenemos suerte de adquirir esa conciencia, nos damos cuenta de que la vida se nos va de las manos. Pero, cuando lo constatamos, a menudo rearmamos nuestros planes por recuperar el tiempo perdido y volvemos a la vorágine de siempre y seguimos sin sentir y gustar la vida internamente.

Es por eso muy valioso leer, en el contexto de lo dicho, un pequeño pero maravilloso texto titulado Cartas a un joven poeta, que recoge las cartas del famoso poeta Rainer Maria Rilke (1875-1926) a Franz Kappus, joven aspirante a escritor lírico, quien le envió su novel trabajo al consagrado maestro, el cual le fue respondiendo varias de sus consultas -diez en total-, entre 1903 y 1908. En la honda riqueza de las cartas se muestra una honda epifanía de la profundidad creativa y contemplativa de Rilke, quien sabía, sin duda, “sentir y gustar las cosas internamente”. Para muestra, vale la pena leer este par de fragmentos que le escribió a Kappus:

“Recurra a los motivos que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste:

“Adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida.”

“Y procure encariñarse con las preguntas mismas, como si fuesen habitaciones cerradas o libros escritos en un idioma muy extraño. No busque de momento las respuestas que necesita. No le pueden ser dadas, porque usted no sabría vivirlas aún -y se trata precisamente de vivirlo todo-. Viva usted ahora sus preguntas.”

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke

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