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El homo gamers: vivir para el entretenimiento en un mundo virtual

Fabián Acosta Rico
UNIVA

Somos, como lo define el historiador Johan Huizinga, homo ludens; el
juego resulta una actividad consustancial e inherente a nuestro ser
social. Después de la familia, el segundo grupo integrador a la que se
incorpora el niño es la comunidad de juegos; en ella entra en contacto
con sus iguales con quienes no necesariamente tiene algún vínculo
consanguíneo o de parentesco.
Lo normal, hasta hace unas décadas, era que conforme ganábamos
edad o íbamos madurando dejábamos paulatinamente de jugar o lo
hacíamos más esporádica y ocasionalmente; el jugar incluso adquiría
cierta connotación negativa como recreación u oficio de gente licenciosa
como los tahúres o jugadores de cartas y dados. Pero esto ya no es así;
hubo toda una revolución tecnológica-cultural con la llegada de los
video-juegos que enganchó a los jóvenes y terminó seduciendo también
a los adultos incitándolos a seguir jugando ahora utilizando sofisticadas
consolas de todo tipo desde las más infantiles como la Nintendo Switch
hasta dispositivos más “adultos” como el PlayStation 5.
Según los expertos, un niño de 2 a 12 años no le debería dedicar
más 2 horas diarias a los videojuegos; después de los 12 ya no
se establece un máximo de tiempo; pero, por salud ocular los
gamers deben hacer recesos cada 2 horas para evitar
resequedad en los ojos.

Las nuevas evoluciones
Desde muy pequeños los individuos de la postmodernidad están sobre
expuestos a la tecnología; en particular a los nativo-digitales:
millennials y centennials sus padres habitualmente, desde muy
temprana edad, los entretenían o distraían dejándoles al alcance todo
tipo de gadgets o dispositivos electrónicos como smartphone, tables y
consolas portátiles de video-juegos.
El homo ludens es casi una categoría antropológica museográfica del
pasado; démosle la bienvenida al homo gamers. Entre los gamers hay
por así decirlo grados de enganche o adicción: hay jugadores que le
dedican a los video-juegos 8 hasta 12 horas continuas: y es por eso que
son denominados Hardcore gamer o jugadores duros; quienes además
tienen una predilección por los juegos que presentan mayor grado de
dificultad; son perfeccionistas y altamente competitivos. Por el tiempo
que le dedican a su pasatiempo, estos gamers lograr perfeccionar sus
técnicas y en sus partidas alcanzan los más altos puntajes.
Más allá de un pasatiempo
El homo gamers no es una rareza antropológica; podemos identificar a
millones de individuos por todo el mundo a los que podemos catalogar
como tales. Para ellos, los video-juegos son algo más que un
pasatiempo; los han incorporado a su estilo de vida convirtiéndolos en
una necesidad y en algunos casos en una adicción. Un gamer promedio
necesita de sus horas de control en mano frente al display, quizás más
de dos, para mantener la sanidad emocional y el buen carácter. Hay
casos de jugadores, sobre todo asiáticos, que en el frenesí de sus
partidas olvidaron comer y dormir llegando a morir en el rincón de un
ciber-café.
Una industria con casi cinco décadas
La industria de los video-juegos ha creado toda una cultura que arrancó
por los años setenta del siglo pasado con el Atari y continúo como los
arcade o maquinitas sembradas incluso en las más humildes tienditas
barriales; ahora, miles de jugadores se conectan en línea para jugar
colectivamente títulos como el famoso Fortnite o su competencia el Apex
Legends. En la convenciones de comics se organizan torneos
profesionales de video-juegos; y legiones de youtubers como Vegeta
777 y Willy Rex se convierten en celebridades jugando el minimalista
juego de construcción Minecraft. Hay quien vive de los videojuegos
como si fuera una profesión más.

Acerca de Miroslava Flores Torres

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Un comentario

  1. Yo tuve un juego de primera generación, se llamaba Tele- Pong, Era blanco y negro, era jugar pin pong en la pantalla. Era un lujo tener uno.