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Desarrollo Espiritual: La gratitud salva

Desarrollo Espiritual,

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C, 13 de Octubre de 2019

¿Puedo agradecer “todo” lo que me ha sucedido en la vida?

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano / Pbro. Sergio A. Gómez M.

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

2 Reyes 5, 14-17: Naamán, un extranjero, pidió al profeta Eliseo que le curara de la lepra en el nombre del Dios de Israel… Cuando se vio curado, lleno de gratitud, renunció a la idolatría y prometió dar culto sólo al Dios de Israel…

Salmo 97: Dios obra maravillas, Él es justo y amoroso, por eso, toda la tierra debe alegrarse y aclamarlo…

Lucas 17, 11-19

2 Timoteo 2, 8-13: Acuérdate de Jesucristo que ha conquistado la salvación para nosotros, por Él vale la pena sufrir, pues nadie puede encadenar su Palabra… Hemos de creerle pues Él es fiel…

Lucas 17, 11-19: Jesús curó a diez leprosos… Pero solamente uno, que era samaritano, regresó a darle graciasEl Señor alaba su fe y lo declara salvado…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

El Evangelio nos describe dos tipos de reacciones entre quienes fueron curados por Jesús: los que no agradecen pues, tal vez, piensen que, como judíos, merecían ese milagro y el extranjero agradecido que reconoce que fue objeto de una gracia especial y, por eso, agradece; Los primeros sólo quedaron limpios de su cuerpo, el segundo también es salvado integralmente… Parece que cuando una persona experimenta gratitud sincera y profunda – Naamán el sirio, el Salmista, Pablo  y el samaritano curado de lepra – abre una ventana a una transformación más profunda y puede ser salvada por Dios…  La gratitud lleva a la confianza en Dios… ¿Se agradecer los dones que recibo?

Hoy, para comprender mejor estas narraciones de las sanaciones de estos dos extranjeros: el sirio y el samaritano, vale la pena recordar que nuestras palabras salud y salvación provienen de la misma raíz latina “salus” Y también podemos pensar en un proceso que va desde sanar las afecciones de la piel hasta las del alma…

Nosotros valoramos nuestro bienestar y nuestra salud; sobre todo, si no los tenemos… La persona que más valora la salud es la que no la tiene…

En la primera lectura vemos a Naamán que se responsabiliza de su proceso de sanación: Él obedece humildemente al profeta y se baña siete veces en el Jordán; repetidamente hasta quedar renovado en su piel… Luego, regresa y quiere ofrecer algo externo… Hasta que, ayudado por Eliseo, comprende que es él mismo quien debe consagrarse al Señor para siempre…

La salud comienza por descubrir a Dios

Estas narraciones nos invitan a entrar en un proceso de crecer en salud que comienza por descubrir a Dios como fuente de salud y que continúa descubriendo que hay niveles: desde el corporal pasando por el emocional/mental hasta llegar al espiritual… Varias veces en el Evangelio presenciamos cómo Jesús, después de curar el cuerpo, dice a la persona “vete y no peques más”, “levántate”, etc.  Así, Jesús vincula y concatena los diferentes niveles de salud…

Necesitamos descubrir qué es lo que nos enferma en la vida y qué es lo que hace que nos sintamos saludablesNecesitamos también descubrir la relación que existe entre lo que me enferma/sana y mi espiritualidad…

Algunas veces hablamos de personas que no sólo están enfermas, sino que contagian esa enfermedad a su alrededor… Pero, también necesitamos descubrir si nosotros mismos también vamos por la vida “enfermando” a los que nos rodean, a nuestros ambientes, con nuestros egoísmos, rencores, envidias, heridas abiertas, dolencias emocionales crónicas, etc. Ante esto, tenemos que desarrollar un sentido de autocuidado para no “contagiarnos” de quienes a nuestro alrededor esparcen “enfermedad”, pero también, debo cuidar para no “contagiar” a otros de mis propias afecciones… Debemos convertirnos en personas que practiquen un estilo de vida “saludable” en lo corporal, lo psicológico y lo espiritual; es decir, practicar hábitos saludables, como caminar y/o hacer ejercicio físico, meditar y reflexionar, respirar profundamente, orar y cultivar el conocimiento y la amistad con Jesús, lectura de la Palabra y otros buenos libros, tener acompañamiento espiritual, ofrecer servicios caritativos a personas enfermas, etc.… Recordemos que es la gratitud la que nos hace seguir avanzando de nivel en nivel de nuestra salud personal y comunitaria…

Dios posee fuerza curativa y sanadora pero, lo que cada uno obtenga de Él, dependerá de la actitud con la que se le acerque cada uno… La mejor actitud es la gratitud: quien es agradecido se mantiene siempre en crecimiento a pesar de las crisis y los malos momentos… La gratitud nos hace trascender… La gratitud nos salva, lo dijo Jesús…

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, DURANTE ESTA SEMANA, TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS:

1.     Pregúntate:

¿Cuáles son las enfermedades de mi cuerpo?

¿Cuáles son las enfermedades de mi mente/emociones?

¿Cuáles son las enfermedades de mi espíritu?

Y ¿Encuentras alguna relación entre estas tres?

2.     Haz una lista de todas las cosas que hoy debes agradecer a las personas a tu alrededor y a Dios…

Date cuenta que la gratitud te lleva a cultivar el desapego y los falsos merecimientos…

3.     Durante esta semana, en tu oración, agradécele al Señor todos los dones que su cercanía y fidelidad te regala… Principalmente la posibilidad de salvarte del egoísmo que te aísla de la fraternidad…

(Si esta ficha te ayuda, compártela)

Esta ficha, así como las de los domingos anteriores, la puedes encontrar en arquimedios.org.mx, pestaña de “cultura y formación” y “desarrollo espiritual”.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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