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¿Cuánta agua guardas en tu ropero?

Nicolle Alcaraz

Dos mil millones de personas en el mundo  no tienen agua potable, dos mil fallecen por deshidratación y más de mil fallecen a diario por la contaminación del vital líquido

Para poder vestir, de pies a cabeza, son necesarios alrededor de 15 mil litros de agua, lo que equivale a 750 garrafones y eso solo contando uno de todos nuestros atuendos, es decir, una blusa o camisa, pantalones, ropa interior y zapatos. Imagina, entonces, cuánta agua está invertida únicamente en tu guardarropa, ¡y ahora súmale el resto de artículos, alimentos y objetos en general que usas en tu día a día!

Podríamos pensar que esto implica que tal recurso es sumamente basto. Sin embargo, en pleno año 2022, alrededor de 2 mil 200 millones de personas no cuentan con acceso al agua potable (OMS/UNICEF 2019), además de que 2 mil 136 personas al día fallecen por deshidratación (ONU-Agua/UNESCO, 2019), y mil 375 individuos más por la contaminación de este recurso (OMS, 2019), la cual muchas veces es ocasionada por las mismas industrias que emplean este líquido y lo regresan al ambiente sin haberlo tratado debidamente.

Agua virtual

Quizás te preguntarás, ¿y cómo es posible que sepan cuánta agua requiere mi pantalón favorito, o el platillo que más me gusta? Esto se debe a un concepto denominado agua virtual (AV). Este, creado en 1993 por el profesor e investigador John Anthony Allan, ganador del premio Stockholm Water Prize, se trata de un cálculo a partir del cual se puede conocer la cantidad total de agua que se requiere para cada producto, desde la obtención de sus materias primas, pasando por su desarrollo y/o procesamiento, hasta llegar a su destino final. Por lo que, dentro de este conteo, también se incluyen los procesos de transporte, fabricación y venta de dichos artículos.

Este concepto recibe su nombre debido a que el agua, como tal, no es visible o palpable en los productos que nosotros obtenemos al final del camino. Sino que se trata de aquella que estuvo presente en cada uno de los pasos requeridos para su manufactura, de ahí que sea “virtual”.

Huella hídrica

Además, esta herramienta ayuda también a calcular otro indicador muy importante, conocido como huella hídrica (HH).  Aunque ambos se centran en determinar la cantidad de agua requerida para elaborar un objeto en particular, la huella hídrica también nos posibilita conocer el lugar de donde se está obteniendo el agua, el momento en que esta será utilizada y regresada, y también si esta volverá a su lugar de origen o no.

Estos últimos detalles permiten, por ejemplo, que cada país pueda prever cuánta agua será requerida en un año para cierto grupo de personas. Una vez estimado esto, se puede localizar el lugar de donde suele extraerse dicho líquido, además de cerciorarse de que haya recursos suficientes en ese espacio, o, en caso de que no, buscar fuentes alternativas que sí puedan abastecerlos.

Asimismo, sirve para determinar con antelación en qué momento este recurso será regresado al ambiente, tras haber sido empleado, con el fin de poder asegurar que las “reservas” hídricas continuaran estando bien abastecidas para futuras ocasiones. Para ello, prestarán especial atención al lugar en donde regresará el agua, pudiendo ser el mismo de donde se extrajo (a lo que se le llama uso no consuntivo) o uno diferente (es decir, uso consuntivo), lo cual debe ser tomado en consideración para no distribuir de forma inequitativa dicho recurso, lo que podrá ocasionar que fuese poco accesible para unos territorios en comparación a otros, complicando este mismo ejercicio en el futuro.

¡Calcula tu huella hídrica!

¿Quieres saber que tanta agua consumes en tu día a día? Ingresa a la siguiente liga y podrás realizar un breve cuestionario para que te des una idea.

Liga: https://tinyurl.com/Huella-Hidrica

Huella Hídrica en México

A nivel nacional, la huella hídrica de producción, es decir “la cantidad de recursos hídricos locales empleados para producir bienes y servicios en un país” (CONAGUA, 2018) asciende a 1,978 m³ por persona al año, estando por encima del promedio mundial, que es de 1,385 m³.

Al mismo tiempo, en el caso particular de México, al ser un territorio muy grande, existe una distribución desigual de este recurso. Sobre todo, porque las condiciones geográficas permiten que ciertas zonas almacenen mayores concentraciones de agua, pero también porque los estilos de vida y las actividades productivas de cada Estado exigen diferentes cantidades de esta.

Además de que es sumamente común el uso consuntivo del agua, es decir, agua que se regresa a un lugar distinto de donde fue extraída originalmente. Lo que abona a que zonas como la noroeste (Sonora) tengan una menor disponibilidad de agua en comparación a regiones como la frontera sur (Chiapas).

Por si fuera poco, la mayor parte del agua consuntiva se destina al uso agropecuario, siendo el 76%, según cifras del informe provisto por la CONGUA, 2018. Mientras que tan solo el 14.4% se utiliza para el abastecimiento público y el 9.6% restante se comparte entre las industrias autoabastecidas y la energía eléctrica (sin contar la hidroelectricidad).

¿De dónde sale?

El agua en México suele ser extraída de dos fuentes. En primer lugar, están las superficiales, que representan el 64% de lo que utilizamos en el país. Estas, como su nombre lo dice, son aquellas aguas que circulan en la superficie del suelo, como es el caso de arroyos, ríos, lagos, etc. y que, pese a ser más fáciles de acceder en comparación a las segundas que mencionaremos, tienen que ser continuamente tratadas para asegurar su correcta salubridad.

Por otro lado, están las subterráneas, que equivalen al 36% restante, y “suponen la mayor reserva de agua potable en las regiones habitadas por los seres humanos” (Induanalisis, 2019), debido a que se localizan enterradas por debajo del suelo, son una excelente alternativa para el consumo, ya que es más difícil que lleguen a contaminarse. Sin embargo, su preservación es fundamental para mantener la humedad en los suelos y preservar el caudal de varios ríos, por lo que sobreexplotar estas fuentes podría ser una solución a corto plazo para nuestro abastecimiento, pero una decisión letal para la naturaleza en general.

Importadores, ¿de agua?

Regresemos al concepto de agua virtual mediante un ejemplo. En México, cultivar 1 kg de maíz requiere de 1,860 litros de agua. Mientras que, el promedio a nivel global, asciende a 1,222 litros. Esto quiere decir que existen naciones que requieren una menor cantidad de líquido para producir este mismo cultivo, por lo que muchos países han optado por importar dichos productos, para así reducir el consumo local de agua que emplea en ellos, creando un “mercado de agua virtual”.

Nuestra nación no ha sido la excepción, de hecho, se ha caracterizado por ser un importador neto de agua virtual. Tan solo en el 2017 “la importación neta de agua, es decir, la diferencia entre las importaciones y exportaciones de agua, ascendió a 37 mil 537 millones de metros cúbicos” (SEMARNAT). Medida que, aunque puede llegar a ser efectiva a corto plazo para combatir los escases de agua que vivimos, a la larga esta solución no representa una alternativa sustentable para el planeta en general.

Ni una gota más

El año pasado, durante los meses de marzo a agosto, Jalisco enfrentó una temporada de escasez hídrica sumamente crítica, debido a que la presa Calderón, responsable de abastecer el norte y el norponiente del Área Metropolitana de Guadalajara, se quedó sin agua.

Durante semanas diversas colonias carecieron del agua necesaria para llevar a cabo sus actividades cotidianas. Esto debido al calendario rotativo que fue implementado por el gobierno estatal para aminorar el impacto. Sin embargo, aunque se previó la entrega de pipas a lo largo de dichas zonas para mitigar las afectaciones, estos recursos no fueron suficientes, por lo que los residentes de dichas áreas tuvieron que organizarse y contratar, de manera independiente, más pipas que pudieran ayudar a saciar sus necesidades.

Este, desgraciadamente, no es un caso exclusivo. Sino que desde 2009 diferentes estados, sobre todo aquellos localizado al norte del país, han carecido del recurso de manera intermitente. Debido a que México se encuentra en el lugar 24 de 164 en lo referente a los niveles de estrés hídricos mundiales. Siendo el segundo país latinoamericano con mayor estrés, después de Chile.

Estrés hídrico

Al hablar de estrés hídrico nos referimos al concepto que se emplea cuando la demanda de agua requerida en un lugar en particular excede a los recursos que dispone dicha zona para abastecerla, ya sea porque no existe agua suficiente, o la que hay no está en condiciones adecuadas para ser utilizada.

Existen diversas razones por las cuales una nación se ve obligada a enfrentar una situación como esta, pero es evidente que la globalización ha abonado a que diferentes países lleguen a este punto de manera prematura.

Sin embargo, el Instituto de Recursos Mundiales, que es una organización no gubernamental a nivel mundial especializado en buscar condiciones de equidad y prosperidad a través de la administración sostenible de los recursos naturales, ha establecido ciertos parámetros que podrían ayudar a disminuir este problema a nivel mundial; incremental la eficiencia agrícola; invertir en infraestructura verde, como humedales y cuencas hidrográfica saludables, y gris, como plantas de tratamiento; además de invertir en la reutilización y reciclaje de materiales, para disminuir los grandes flujos de agua que requiere la creación de nuevos productos.

La falta de agua como motivo de pobreza

La escases de agua es un asunto delicado, no solo porque este líquido es indispensable para nuestra sobrevivencia, sino porque tal recurso está estrechamente vinculado con la pobreza.

Por un lado, la falta de saneamiento del agua obliga a las personas a adquirir otras alternativas más costosas, como el agua embotellada, pero que sean aptas para su consumo. Destinando gran parte de sus recursos a dicho abastecimiento. Pero, para quienes no pueden costearlo, se ven orillados a consumir agua contaminada, la cual, a su vez, es responsable de diversas enfermedades.

“La diarrea representa casi el 30 por ciento del total de enfermedades infantiles contagiosas; causa cerca de 2.2 millones de muertes por año (…) Ataques continuos de diarrea contribuyen a la desnutrición. El agua y el saneamiento, así como la higiene personal, están íntimamente relacionados con las enfermedades diarreicas” (Christopher Bosch et. al., 1999).

Estas enfermedades muchas veces terminan proliferándose por la falta de espacios para defecar u orinar, ya que aproximadamente 3 mil 600 millones de personas carecen de un retrete para llevar a cabo sus necesidades (ONU, 2021), por lo que los desechos terminan infectando fuentes de agua cercanas y poniéndose en contacto con terceros, quienes también deberán invertir mucho dinero en atención médica.

Por si fuera poco, la falta de baños es también un motivo de deserción escolar en mujeres. Quienes, al entrar en la pubertad, comienzan con su menstruación y requieren de constante limpieza, Por lo que, en las escuelas que carecen de baños o letrinas, no tienen un espacio privado que les permita procurar dichos cuidados, y prefieren abandonar su educación a ser ridiculizadas o expuestas durante su periodo.

Finalmente, muchas comunidades que no tienen acceso cercano a una fuente de agua tienen que trasladarse por largos caminos hasta llegar a un área abastecida en donde puedan rellenar baldes o vasijas para su uso diario, trayectos que suelen repetirse varias veces al día, por lo que varios miembros de una sola familia suelen acudir al mismo tiempo para regresar con la mayor cantidad de líquido posible en menos recorridos, por lo que muchos niños tienen que decidir entre ir por agua o acudir a las aulas.

En defensa del agua

En México y el mundo la protección y el abastecimiento de agua se han convertido en tareas fundamentales. Tan es así que en nuestra Constitución se ha establecido que todos tenemos derecho “al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible”, sin embargo, es responsabilidad del Estado, en conjunto con las entidades federativas, municipios y ciudadanos “la consecución de dichos fines” (art. 4°, párrafo 6).

Se vuelve fundamental trasmitir esta preocupación a los ciudadanos de a pie, para que en conjunto nos organicemos y creemos una agenda que ponga en un lugar prioritario la defensa de este recurso, que es uno de los elementos esenciales para nuestra sobrevivencia.

Por ello, La Ley de Aguas Nacionales (LAN) “establece que la explotación, uso o aprovechamiento de las aguas nacionales se realizará mediante títulos de concesión o asignación otorgados por el Ejecutivo Federal a través de la Conagua” (CONAGUA, 2018), con el fin mantener cierto control y supervisión en lo referente al uso del agua. Además de que “para el vertido de aguas residuales, es necesario contar con un permiso de descarga expedido por esta misma institución”, limitando y/o impidiendo la contaminación de cuerpos de agua en territorio nacional.

Normativas para el agua

Asimismo, existe una gran cantidad de normativas al respecto, entre las cuales destacan dos: la NOM-011- Conagua-2015, que establece la forma adecuada de calcular la disponibilidad media anual de aguas nacionales, y la NOM-127-SSA1-1994, que delimita los parámetros adecuados para dictaminar que el agua que consumimos y utilizamos a diario tenga las condiciones adecuadas para ello, además de señalar los métodos de limpieza y tratamiento que deberán ser empelados en caso de que no.

Los esfuerzos habrán de continuar

El Papa Francisco comenta en la encíclica Laudate si (cap. IV, 53): “Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud. (…) Se vuelve indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas, antes que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia”.

Es así que la defensa del agua no es solo una tarea en pro de la preservación de este recurso invaluable, sino una lucha constante para sobreponer el bienestar de las personas por encima de los intereses económicos y el poderío de unos pocos.

Acerca de Nicolle Alcaraz

Comunicóloga y reportera para El Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara.

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