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El Covid nos mandó a nuestras casas y ahora el miedo no nos deja salir

 Nicolle Alcaraz

Con la llegada de la 4ta ola del coronavirus, el pánico vuelve a poblar nuestra cotidianidad. Si bien hay quienes ya ni siquiera ven necesario la implementación de medidas de protección o distanciamiento, tras más de dos años de pandemia, hay también una gran parte de la población que requiere de más de un cubrebocas y gel antibacterial en el bolsillo para enfrentarse a la calle y poder realizar actividades básicas, ya que los invade un temor que puede terminar incluso paralizándolos.

El síndrome de la cabaña se trata de una serie de síntomas a partir de los cuales una persona desarrolla diferentes pensamientos catastrofistas vinculados a lo que se encuentra más allá de los límites del hogar, llegando a ocasionar miedo excesivo.

Aunque la Asociación Americana de Psiquiatría no lo considera un trastorno, para muchos psicólogos esta expresión se ha vuelto útil para denominar a este sentimiento de ansiedad e incertidumbre que muchos de nosotros hemos desarrollado tras haber permanecido aislados o haber disminuido nuestro contacto con los demás.

Miedo justificado

“Para hablar del síndrome de la cabaña tiene que haber un miedo racional. Por ejemplo, imagínate que yo le tengo miedo a los payasos. O sea, ese es un miedo irracional porque, ¿qué me puede hacer un payaso?, ¿por qué me está creando este estado de ansiedad? Pero en un síndrome de la cabaña es un miedo racional, porque hoy en día con la pandemia, tengo miedo a enfermarme, que me pueda agravar o hasta pueda perder mi vida, como en algunos casos se ha dado”, explicó Francisco Javier Rivera Barajas, psicoterapeuta y especialista en pacientes con enfermedades crónico degenerativas.

Es así que, a diferencia de otros cuadros psicológicos, como ocurre con la agorafobia, es decir, el temor obsesivo ante los espacios abiertos o descubiertos sin un motivo aparente, el síndrome de la cabaña surge a raíz de una situación que quien lo padece puede señalar y reconocer como el origen de sus miedos.

¿La edad importa?

La edad, comentó el psicoterapeuta Javier Rivera, no es un factor que limite la aparición de estos síntomas. Sin embargo, es menos común encontrar este tipo de cuadros en los más pequeños, debido a que, como mencionamos en el apartado previo, el síndrome tiene un origen en concreto, como pudiera ser la pandemia que estamos viviendo, por lo que los niños tienden a estar menos en contacto con las noticias.

“Si tú me dices que un bebé o un niño está teniendo miedo a convivir con otros, yo no le puedo llamar síndrome de la cabaña porque si yo le pregunto a ese menor: ¿qué pasa?, ¿por qué no puedes salir? Y no te sabe decir, entonces realmente el menor podría tener agorafobia o alguna otra situación, pero no podríamos hablar de un síndrome de la cabaña”, añadió el especialista.

Combatiendo el malestar

Si bien este tipo de episodios pueden llegar afectar a las personas en periodos de tiempo sumamente breves, dependiendo del individuo, habrá también casos donde llegue a ser una constante por semanas o inclusive meses, pudiendo variar también la intensidad del temor que se pueden sentir al tener que enfrentarse a la convivencia con otros al exterior.

“Hay quienes reportan sentirse muy ansiosos, pero que a pesar de ello pueden seguir llevando a cabo sus actividades cotidianas. Mientras que hay otros a quienes les es imposible pisar esos lugares porque sienten que el corazón late muy rápido, que no pueden respirar, o simplemente se quedan congelados. Es ya hasta un ataque de pánico”, agregó Rivera.

Es por ello que, el primer paso para superar esta situación, es reconocer la ansiedad que se está experimentando y tratar de delimitar que factores la desencadenan, con el fin de puntualizar si estos se encuentran arraigados en un motivo racional o, si más bien no tiene un origen claro.

El miedo sobrepasa

Lo más recomendable, aclaró el psicoterapeuta, es llevar a cabo este proceso de la mano con un especialista que pueda encausarnos. Será responsabilidad de este experto el brindarle las herramientas necesarias a la persona que vive con el síndrome de la cabaña para poder volver a sentirse en control de su vida y que el miedo no lo sobrepase.

 “Después de reconocerlo, hay que saber hasta dónde están tus límites, y si estos límites funcionan con tu vida cotidiana. Porque si me dices, yo no soy una persona que deba salir a diario y estar en contacto con mucha gente porque no es parte de mi cotidianidad, pero qué tal si me dices: me dedico a ser cajero de un super mercado, entonces obviamente vas a estar al contacto con muchas personas y ahí habrá que trabajar con estrategias diferentes”.

Recomendaciones

Algunas de las medidas que pueden ayudar a una persona a sentir más calma en estas situaciones pueden tener que ver con los cuidados que llevan a cabo para prevenir la enfermedad “puede ser que tu te sientas cómodo usando doble cubrebocas, o llevando tu gel a todos lados, o incluso no saludando de cerca (…) eso está bien, porque te ayuda a sentirte en control”, pero también puede tener que ver con limitar salidas que no sean consideras indispensables “es decirle a la prima o a tu tía, muchas gracias por la invitación pero no puedo ir a tu evento (…) yo tengo el control y yo tomo la decisión de no ir”.

Ser empáticos con quienes lo viven

Ante este tipo de acciones, muchas otras personas pueden señalar a la gente que vive el síndrome de la cabaña como exagerados o fatalistas, por lo que el psicólogo Rivera comentó que es importante ser empáticos con quienes emplean estas medidas para aminorar el estrés y ansiedad que desencadenaron en ellos esta crisis sanitaria global.

“A mí me ha pasado estar en una reunión y empezar a escuchar que le dicen a una persona que no se quiere quitar el cubrebocas: «ay, no seas payaso. Aquí todos nos conocemos», haciendo presión social en lugar de respetar las decisiones de los otros, quienes pueden estar sufriendo algún nivel de ansiedad”.

Agregó que se debe respetar a quienes no quieren salir siendo tolerantes porque ellos cargan con el miedo de contagiarse o llegar a contagiar a quienes lo rodean.

Vías de apoyo

Para nuestros lectores que creen encontrarse en esta situación o conocen a alguien que lo esté viviendo, pueden llamar a la Línea de la Vida: 800-911-2000, con el fin de recibir apoyo y asesoría psicológica.

Francisco Javier Rivera Barajas, especialista en pacientes con enfermedades crónico degenerativas y psicoterapeuta para adultos en general, brinda sesiones presenciales o virtuales, en: Avenida Niño obrero 508, o le pueden llamar al celular: 33 1340 3345

Además, la Universidad de Guadalajara cuenta con terapias a bajo costo, que se pueden solicitar llamando al 10 58 52 00 ext. 34280

Cree tener el síndrome de la cabaña

La maestra Leticia Cárdenas, aseguró que se identifica con este síndrome pues no quiere salir por pánico a contagiarse.

“Yo salgo con cubrebocas y careta a lo más indispensable. Al supermercado voy a las 7 de la mañana, a veces no abren y ya estoy ahí cuando hay menos gente para evitar algún contagio. No fui ni a festejar mi cumpleaños porque evito todo lugar donde hay mucha gente, no permito que abracen ni me saluden de mano, vivo sola y tampoco acepto visitas. Mi familia me dice que soy una exagerada, pero afortunadamente no me he contagiado y sí temo salir porque creo que en cualquier parte me voy a contagiar, mientras más aislada, mejor”.

Acerca de Nicolle Alcaraz

Comunicóloga y reportera para El Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara.

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