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San José Isabel Flores Varela

Fidelidad declarada a Cristo

PBRO. ADRIÁN RAMOS RUELAS

El Señor ha bendecido abundantemente a nuestra Arquidiócesis de Guadalajara con una Ordenación Sacerdotal histórica de 70 nuevos hermanos presbíteros y siete diáconos.
En 325 años, nuestro Seminario de Señor San José ha dado miles de sacerdotes y, entre ellos, algunos que recibieron la gracia del martirio y ahora son reconocidos santos.
José Isabel Flores Varela es uno de ellos. Nació en Santa María de la Paz, de la parroquia de San Juan Bautista del Teúl, Zacatecas (Arquidiócesis de Guadalajara), el 28 de noviembre de 1866.
Ingresó al Seminario de Guadalajara. Ahí obtuvo varios diplomas por destacar en los estudios.

Ordenado sacerdote el 26 de julio de 1896 por el obispo de Colima, Atenógenes Silva, cantó su primera misa en Atemajac. Enseguida fue adscrito a la parroquia de Teocaltiche. Fue asignado a Zapotlanejo y después, trasladado a la capilla de Matatlán. Por 26 años derramó la caridad de su ministerio en esa capellanía, siendo para todos un padre bondadoso y abnegado que los edificó con su pobreza, su espíritu de
sacrificio, su piedad y su sabiduría.

Fue hombre de oración, devoto fi el de María y del Sagrado Corazón de Jesús y de la Eucaristía de la que fue un gran enamorado. Toda su vida sacerdotal fue caridad convertida en obras.
Un antiguo compañero, a quien el Padre Flores había protegido, lo denunció ante el cacique de Zapotlanejo y fue apresado el 18 de junio de 1927, cuando se encaminaba a una ranchería para celebrar la Eucaristía. Fue encerrado en un lugar degradante, atado y maltratado; el cacique le hizo escuchar música al mismo tiempo que le ofrecía: «Oye, qué bonita
música, si afirmas acatando las leyes, te dejo en libertad »
. Sin alterarse, el mártir le expresó: «Yo voy a oír una música mejor en el cielo». El Padre José Isabel cumplía la palabra expresada varias veces: «Antes morir que fallarle a Dios». El 21 de junio de 1927 fue conducido, en la noche, al camposanto de Zapotlanejo.
Intentaron ahorcarlo pero no pudieron. Ordenó el jefe que le dispararan, pero el soldado, que reconoció al sacerdote que lo había bautizado, se negó a hacerlo, entonces enfurecido el verdugo asesinó al soldado.
Misteriosamente las armas no hicieron fuego contra el Padre Flores por lo que uno de aquellos asesinos sacó un gran cuchillo y degolló al valeroso mártir.

¿Qué podemos aprender de este gran mártir?
1-. Su disciplina y serio empeño en sus estudios y en su formación sacerdotal.
2-. Su admirable apostolado como capellán.
3-. Se distinguió por ser un verdadero padre.

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