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EL DOLOR DE CRISTO Y MI DOLOR

Lupita:

Estoy enferma desde hace años, no salgo de mi casa y mis padecimientos se multiplican. Mucho es el daño que me han hecho y no sé cómo superarlo. No se tampoco cómo Dios puede ayudarme si está clavado en esa cruz.

Verónica A.

Hermana mía, Vero:

Lo que rechazas se convierte en tu enemigo.

Al dolor no hay que rehuirle sino abrazarle. Cuando aceptamos con paz lo que Dios permite en nuestra vida, entonces llega una serenidad al corazón que confirma lo que Cristo enseñó: conmigo el yugo es suave, la carga es ligera (Mt. 11, 30).

Ves la cruz con resentimiento porque pones el acento en todo lo que te han hecho y no en todo lo que tú puedes hacer por muchos desde tu realidad actual. 

Para quienes somos cristianos, el signo de la Cruz es signo del amor de un Dios que lo dio todo por nosotros, pero no porque allí acabara todo, sino porque allí empezaba todo. La cruz no es el final del camino, sino el medio por el cual llegamos a la gloria. Cristo murió y resucitó. El final de la historia no es la muerte sino ¡la vida eterna!

Desde la cruz Cristo te dice que comprende tu dolor. Que Él mismo lo experimentó en carne propia porque era el medio de salvación para ti y para todos. Dios pudo erradicar el dolor de la tierra pero en cambio eligió asumirlo para darnos vida y felicidad eternas. Respetó nuestra libertad para que pudiésemos amar. Es amando como nos realizamos y nos hacemos semejantes a Él. 

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. (Mt. 11, 28-29).

Jesús mismo nos da la clave para enfrentar toda enfermedad o contrariedad: paciencia y humildad.

La paciencia se define como la capacidad de sufrir y tolerar las adversidades con fortaleza, sin quejarse ni rebelarse. Es también tranquilidad para esperar.

La humildad es una virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

Con paciencia y humildad, une tu dolor al de Jesús, y enfrenta tu enfermedad ofreciendo tus padecimientos por la salvación de las almas.  Dios, infinitamente Bueno, te recompensará.

Lupita Venegas/Psicóloga

Facebook: lupitavenegasoficial

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