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La respuesta está dentro de mí

Sergio Padilla Moreno

Justo hace dos años, con estupor e incertidumbre, caíamos en la cuenta que estábamos por enfrentar una pandemia larga y que nos exigía replantear radicalmente nuestros modos de trabajo, estudio, diversión, consumo y atención de nuestras necesidades. También se tenían que buscar, entre muchas cosas, nuevos modos de vivir la Eucaristía. Se enfrentaba de improviso la necesidad de quedarse en casa sin saber por cuánto tiempo. De repente, familias enteras convivimos como no lo habíamos hecho en mucho tiempo. Con el paso de los meses fuimos enfrentando las olas de contagios a causa del invisible bicho que comenzó a afectarnos en menor o mayor medida, pero que también comenzó a llevarse a familiares, amigos y personas conocidas. También afectó, de distintos modos, negocios y empresas.

Aprendimos a situarnos frente a una inédita realidad marcada por el distanciamiento social, el uso del gel antibacterial y el uso del cubrebocas.

Seguramente que, con el paso del tiempo -supremo juez-, habremos de entender con más profundidad qué nos pasó durante estos dos años y analizar si aprendimos algo de toda esta experiencia colectiva. Aunque viendo los tiempos que estamos viviendo ahora como humanidad, parece que no hemos entendido aquella sentencia que dice: “quien no conoce su historia está condenado a repetirla”, por lo que, quizá, no hayamos aprendido del todo la lección para enfrentar alguna nueva crisis de esta envergadura.

Sin duda que la pandemia no nos afectó de manera igual a todas y a todos, pues, como siempre, quienes fueron más contrariamente afectados son las personas de los sectores más empobrecidos del mundo. Pero, a partir de la situación personal de cada uno y uno de nosotros, conviene hacernos varias preguntas para rescatar los aprendizajes que, desde la fe, nos ha dejado esta experiencia.

Una de las invitaciones que constantemente escuché durante estos meses de pandemia, de la voz de varios maestros espirituales como el P. Pablo d´Ors o los jesuitas Javier Melloni, Alex Zatyrka y José María Rodríguez Olaizola, fue la oportunidad para aprovechar estos tiempos difíciles y retadores, tiempos de desierto y prueba, para ir hacia nuestro interior más profundo a través del silencio y la contemplación. Uno de los pretextos más recurrentes para decir que no podemos hacer oración, meditación o introspección, es la falta de tiempo. De alguna u otra manera, tuvimos tiempo de sobra. ¿Qué hicimos con este tiempo que nos regaló la Providencia?

Pero la ralentización y detención del tiempo no bastaba, era fundamental acallar los ruidos exteriores y los interiores para entrar en uno mismo, tal como hizo el hijo pródigo (Lc 15, 17), y hacer nuestra la experiencia de San Agustín quien exclamó: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba, y me lanzaba sobre las cosas hermosas creadas por Ti. Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo.” La respuesta a nuestras búsquedas más profundas está dentro de cada una y uno de nosotros.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Rozalen – Y Busqué

Acerca de Miroslava Flores Torres

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