Home / Edición Impresa / Con corazón de pastores

Con corazón de pastores

Francisco Josué Navarro Godínez, 3° de Filosofía

El Seminario es la casa del Maestro, es su Corazón, allí es donde se gestan los futuros ministros que se consagrarán al servicio del pueblo de Dios, allí se unen cientos de latidos que buscan amar y al convertirse en uno solo, es escuchado a lo largo y ancho de nuestra Diócesis.

Tantos corazones cautivados por el Señor Jesús le lanzaron la pregunta como hicieron los primeros discípulos, «Rabí, ¿dónde vives?» y en lo más profundo de ellos escucharon su voz, fresca y ardiente que respondió «vengan y lo verán» y aquel acontecimiento dejó una huella indeleble en sus historias, en sus vidas «eran como las cuatro de la tarde» (Cf. Juan 1, 38-39), ahora todos ellos reunidos en un mismo lugar se ponen a los pies del Maestro y buscan configurarse con él.

En más de una ocasión, tras la visita al Seminario de un amigo o algún familiar ha salido a relucir la expresión: ¡cuánta paz se siente en este lugar! Sí, esto sin duda es un regalo y no queda más que decir con el salmista: «¡Cuán hermosas son tus moradas, Señor Todopoderoso!» (Salmo 84, 1).

Y si bien, el Seminario es el hogar de los futuros sacerdotes, es también ese bosque que da sombra y oxígeno a todo aquel que desea acogerse en él y encontrarse con el Señor de la Vida.

CAPILLA LLENA DE LUZ

En el centro de esta casa sacra se erige, con su fachada rojiza, estampada con la virtud, la fe y la doctrina, y coronada con sus bronces, la capilla principal. No es casualidad que ocupe este lugar, Cristo es el centro de nuestra existencia y su fundamento, es el motivo de nuestro sí diario, la fuente de donde emana nuestra vocación.

Este recinto sagrado está dedicado al patriarca San José, el varón justo, de quien deseamos imitar todas sus virtudes. Confiamos en su protección e intercesión, ya que como padre nutricio y custodio de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote queremos que también vele por nuestra vocación y sea para nosotros verdadero padre.

La capilla, corazón de nuestra casa, no solo acoge a los seminaristas sino también a algunos vecinos que se congregan para celebrar diariamente la Santa Misa. Este es un servicio que ofrece nuestro seminario a la comunidad parroquial de El Calvario a la cual pertenecemos, y surge del fervor apostólico del Sr. Pbro. Hermión Aranda, que hace varias décadas atrás comenzó con el trabajo de atender a la comunidad vecina, de allí se continuó con esta labor hasta la actualidad donde uno de nuestros más venerables padres, Mons. Úrsulo Flores que, a pesar de su avanzada edad, desempeña gustoso y con suma generosidad este ministerio.

El Padre Úrsulo nos comparte que desde el 2004, supliendo al Sr. Pbro. Sotero Torres,  comenzó a celebrar la Eucaristía en la capilla de San Francisco de Asís a las religiosas que atendían, en aquel tiempo, a la comunidad del seminario, entonces debido a lo asequible del horario, los vecinos participaban de aquella celebración.

La comunidad que se congrega es pequeña, pero Monseñor Úrsulo la describe como «muy piadosa, muy buena y desde luego que quiere de una manera muy particular a su seminario por la misma vecindad.

Algunos de ellos comenzaron esta cercanía desde que eran niños, perteneciendo al grupo de coro que entonces había y entonces venían chiquillos al coro, había seminaristas que eran directores del coro de los niños de los vecinos y por eso comenzaron algunos de ellos a acudir a las celebraciones».

EN ESTA CAPILLA NO SE CELEBRAN SACRAMENTOS

Un dato curioso acerca de la capilla principal del Seminario es que no se celebran otros sacramentos fuera de la Eucaristía y la Reconciliación, esto se debe a que es una capilla privada y por tanto tiene la intención de atender toda la actividad litúrgica y de piedad de los seminaristas. No obstante, atiende a los fieles de la comunidad celebrándoles una misa diaria a las cinco de la tarde.

Tras la pregunta, ¿por qué les gusta venir al Seminario? Un matrimonio nos comparte su testimonio. El Sr. Pedro Rodríguez asegura sentirse en un ambiente acogedor, y luego porque quiere contribuir para que «no se apague esa lucecita que hay en la colonia»: la oportunidad de celebrar, para ellos, la Eucaristía en este recinto.  Su esposa la Sra. Guadalupe Cuadros dice sentirse en su casa, «porque aquí encontramos mucha tranquilidad», expresa también su profunda gratitud al Padre Úrsulo y al Seminario, pues «es una gracia de Dios» que se encuentre tan cerca de su hogar.

Por otra parte, cada semana se asigna un sacerdote para que durante la Eucaristía atienda en la Confesión, o si se solicita alguna bendición o dirección espiritual. Sinceramente, ver a nuestros formadores en la acción pastoral nos motiva mucho, ya que como reza el dicho popular, «la palabra convence, pero el ejemplo arrastra».

También para aquellos vecinos que se encuentran enfermos, el Corazón dispensa el Sublime Alimento, a través de nuestros hermanos diáconos y ministros acólitos quienes les llevan la Sagrada Comunión, y el Pan de la Palabra, que les reconforta en su sufrimiento.

CURSILLISTAS ACTIVOS

Unos de los vecinos más cercanos, son los cursillistas, a quienes tenemos alta estima. La casa de Cursillos de Cristiandad da la oportunidad a algunos hermanos teólogos de impartir clases para la formación de sus miembros, servicio que estos seminaristas ofrecen con alegría, y que les va permitiendo ejercitarse en otra manera de compartir su fe a los movimientos laicales diocesanos.

Así pues, el Seminario no es ajeno a la realidad de la comunidad parroquial en la que está inmerso, y quiere poner su granito de arena en la construcción del Reino de Dios, en el anuncio del Evangelio a los más cercanos. Todas estas experiencias resultan sumamente enriquecedoras.

Padre Úrsulo nos ofrece un mensaje con «una doble intención y dimensión. Con relación a la población de nuestro seminario.

“Insistir en el reconocimiento de los inmensos beneficios que Dios nos ha concedido que han sido como lluvia que nos ha venido enriqueciendo, gratitud a nuestro Señor y a la Virgen porque son los dos cuidadores de nuestra institución; y para nuestra gente, agradecerles el cariño que nos tienen y la recomendación de que no se cansen de pedir por los seminaristas, por las vocaciones, que el Señor nos las envíe buenas, fieles y generosas”.

Ya han pasado 325 años desde que este Corazón comenzó a latir, muchas han sido las casas por las que ha pasado, pero el Seminario es más que una construcción, son cientos de corazones que laten enamorados de Jesús y que quieren configurarse con él; son pastores que tienen la delicada tarea de formar a futuros pastores; laicos que con su testimonio y sus conocimientos ayudan a construir el edificio del saber; son miles de hermanos que apuestan por la formación de sus futuros sacerdotes y ofrecen su ayuda siempre generosa. El Seminario, soy yo, eres tú, somos todos.

No nos cansemos, querido lector, de rogar al Señor:

 «¡danos sacerdotes santos, según tu Corazón!».

Acerca de Miroslava Flores Torres

Revisa También

Jesús García González (1935-2022): Sacerdote en la acción social católica de nivel mundial

José Guadalupe Sánchez Suárez Testigo privilegiado del posconcilio, Jesús García fue también protagonista de los …