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¿Primero yo?

Lupita:

Ya no sé qué hacer, por más que le digo a mi esposo lo que quiero que cambie, y que es por su bien, él está ensoberbecido y no está dispuesto a hacer nada.  Creo que no tiene caso seguir así y quisiera separarme pero no sé cómo decirle a mis hijos.

Julieta Z.

Querida Julieta:

Amar es querer y procurar el bien del ser amado. Como esposas y madres, estamos llamadas a hacer lo que está de nuestra parte para bendición de nuestro esposo e hijos. Sin embargo, hoy existe una confusión que es necesario aclarar.

Se nos dice que primero debemos amarnos a nosotros mismos para luego amar a los demás. Y suena muy bien: “primero yo”. Hasta nos lo explican con gran lógica. Pero es necesario matizar sabiamente esta afirmación.

Para este tema tenemos una orientación fabulosa en la exhortación apostólica Amoris Laetitia:

El “himno al amor” que San Pablo escribe, afirma que el amor “no busca su propio interés”. “No os encerréis en vuestros intereses sino buscad todos el interés de los demás”.

Ante afirmaciones tan claras, hay que evitar darle prioridad al amor a sí mismo como si fuera más noble que el don de si a los demás. Una cierta prioridad del amor a sí mismo sólo puede entenderse como una condición psicológica, en cuanto a quien es incapaz de amarse a sí mismo encuentra dificultades para amar a los demás: “el que es tacaño consigo mismo, ¿con quién será generoso? (…) Nadie peor que el avaro consigo mismo” (Si. 14, 5-6). (AL 101).

En este sentido, amarse a sí mismo es hacer vida la voluntad de Dios en mí. Yo me amo en la medida en que me doy alegremente a los demás, porque de este modo agrado a Dios y me siento feliz por ello.

 Por supuesto que es legítimo pedir lo que necesitamos pero no de modo impositivo sino siempre con ternura y disposición al cambio personal también. No es el otro el que debe cambiar, somos todos quienes hemos de luchar por ser virtuosos, así que el cambio constante para bien, es deber de cada uno de nosotros.

Santo Tomás de Aquino afirmaba que pertenece más a la caridad el querer amar que el querer ser amado.

No rompas un hogar descalificando al otro como soberbio. Pregúntate honestamente si no hay algo de esa soberbia en ti.

Lupita Venegas /psicóloga

Facebook: lupitavenegasoficial

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