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REFLEXIONES EN TORNO A LA CONVERSIÓN

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

La cuaresma, especialmente la celebración de la Semana Mayor, nos plantea la necesidad y urgencia de la conversión en el marco del seguimiento de Jesús. La semana pasada reflexionábamos sobre la conversión en el Biblia, hoy propongo una serie de reflexiones, quizá no sistemáticas, que nos ayuden a vivir este tiempo de gracia en cuanto discípulos misioneros del Señor muerto y resucitado.

Partamos de la definición de conversión de un biblista: «Vivir de la salvación aportada por el Reino de Dios, una salvación anunciada ya y que se encuentra ahora presente, y que suprime todo el pasado de culpabilidad». De esta definición podemos reflexionar algunas cosas importantes:

La conversión es la libre respuesta humana al llamado divino de la salvación por medio de Jesucristo que nos ha liberado de las cadenas del pecado y de la muerte. La salvación es un acto de la liberalidad de Dios y se realiza aun cuando nosotros, que la necesitamos, no la queramos, pues podemos decir no a esa oferta salvífica de Dios. En cuanto que es respuesta a la salvación implica el reconocimiento de la propia condición pecadora y de la actitud humilde de pedir perdón. Pongamos mucha atención: no es el arrepentimiento lo que hace que Dios nos perdone, es la experiencia de su perdón lo que nos lleva al arrepentimiento. Así, la conversión es siempre una respuesta en la que nosotros no tenemos la iniciativa, sino sólo Dios. No son las tinieblas las que descubren la luz, es la luz la que nos descubre las tinieblas.

La conversión es el proceso que se puede identificar con el inicio del itinerario de fe, pues para recibir el Reino y poder ser discípulo de Cristo es necesaria la fe y la conversión. Porque implica la fe, la conversión ya no puede consistir en la mera obediencia a la ley, el mero retorno a criterios morales previamente establecidos, sino en la adhesión a la persona de Jesús y a la aceptación incondicional de su persona, por ello tiene mucho que ver con la idea de seguimiento. El que sigue a Jesús necesita cambiar su manera de pensar para acceder a la del modelo. Por otra parte, la conversión tiene un carácter de alegría y de gozo porque la salvación está ya cerca; de hecho, es ya en Cristo una realidad. El Evangelio de Lc 15 en las parábolas de la misericordia (la oveja perdida, el dracma perdido y el hijo pródigo) nos habla de fiesta cuando sucede la conversión.

La conversión no es la finalidad del itinerario de la vida cristiana, sino un medio para llegar a Jesús, aunque por nuestra condición itinerante necesitamos de una constante conversión. Tampoco es un lanzarse en el vacío, sino lanzarse a Cristo. Es un acto de obediencia a la Palabra de Dios que nos llama a aceptar a Jesucristo, no importando tanto lo que se deja (el pecado) sino hacia el tesoro invaluable al que se va (Cristo).

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