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San Pío V: Asistencia a los pobres, oración y confianza en Dios

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

A lo largo de la historia, en dos milenios de cristianismo, muchos papas han llegado a los altares. La promesa de ser asistidos por el Espíritu Santo es ratificada por la Santa Madre Iglesia que reconoce las virtudes heroicas de cada hijo suyo y es el caso de varios pontífices.

Miguel Ghislieri nació en 1504 en Bosco, en la diócesis de Tortona y tomó el hábito a los 14 años en el convento de Voghera. En 1556 fue elegido obispo de Nepi y Sutri. El santo tomó el nombre de Pío V desde el primer momento de su Pontificado (1565) y puso de manifiesto que estaba decidido a aplicar no sólo la letra sino también el espíritu del Concilio de Trento.

Fue durante su pontificado cuando la flota turco-musulmana buscaba doblegar la Europa cristiana. A las 12 del 7 de octubre de 1571 tuvo inicio una de las batallas navales más decisivas de la historia cristiana. Después de tres horas de violentos combates, las fuerzas aliadas de la Liga Santa vencían a las otomanas. Ante la noticia de la victoria, el Papa Pío V ordenó que se hicieran sonar todas las campanas de la Ciudad Eterna. Y como signo de agradecimiento a la Virgen – en los días precedentes al combate había enviado a los romanos a rezar el Rosario – instituyó precisamente el 7 de octubre, la fiesta de la Bienaventurada Virgen del Rosario.

Importantes y numerosas fueron sus decisiones en materia teológica y litúrgica. Publicó los nuevos textos del Misal (1570), del Breviario (1568) y del Catecismo romano.

Durante su Pontificado, Pío V trabajó en favor de la asistencia a los pobres y necesitados, creando estructuras de asistencia y de ayuda como el Monte de Piedad y los hospitales de San Pedro y del Espíritu Santo.

Durante la carestía de 1566, suprimió todo tipo de gasto superfluo, distribuyó víveres y organizó servicios sanitarios.

Sin embargo, durante su pontificado, el Papa tuvo que enfrentar dos grandes amenazas: la difusión del protestantismo y las invasiones de los turcos, frente a lo cual trabajó incansablemente. En 1572, el Papa sufrió el violento ataque de una dolorosa enfermedad que le produjo la muerte el 1º de mayo del mismo año, a los 68 años de edad.

Sus restos descansan aún en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma. Fue beatificado cien años después del Papa Clemente X, el 27 de abril de 1672, y canonizado el 22 de mayo de 1712.

¿Qué podemos aprender de él?

  1. Su gran espíritu de oración y confianza en Dios.
  2. Su amor a la Iglesia manifestado en la aplicación del Concilio de Trento.
  3. Su extraordinario amor a los pobres.

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