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Su legado de amor y generosidad continúa hasta nuestros días

P. Roberto Cuéllar García

Oficialmente, con la aprobación del señor Cardenal, se abrió el proceso de canonización del Padre Cuéllar, cuyo hogar, la Ciudad de los Niños, sigue beneficiando a cientos de jovencitos.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El viernes 18 de marzo, la Arquidiócesis de Guadalajara dio formal inicio al proceso de canonización del Padre Roberto Cuéllar García, gran benefactor de la sociedad tapatía y cuyo legado permanece hasta nuestros días mediante la Ciudad de los Niños, albergue que en 1934 surgió para dar techo y educación a varones menores en situación vulnerable. La sesión de apertura del proceso de canonización tuvo lugar en el aula magna del Arzobispado de Guadalajara y fue presidida por el Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara.

ASÍ FUE LA CEREMONIA

Según el protocolo, el señor Cardenal junto con los asistentes, invocaron al Espíritu Santo recitando el Veni Creator. Posteriormente, el postulador de la causa, Sr. José Luis López Neri, leyó una reseña biográfica del ahora siervo de Dios, P. Roberto Cuellar. Acto seguido, el Secretario Canciller de la Arquidiócesis de Guadalajara, Pbro. Dr. Javier Magdaleno Cueva, leyó un escrito, fechado el 5 de septiembre de 2005 en el que la sociedad de exalumnos de la Ciudad de los Niños del Padre Cuéllar, A.C., solicitaba el inicio de la causa de canonización nombrando como postulador de la misma al Pbro. Agustín Soltero Horta, exalumno de esa institución y sacerdote diocesano hoy de feliz memoria. Después, se leyó el nombramiento del actual postulador y la carta de la Congregación para las Causas de los Santos en la que se decreta que nada obsta (nihil obstat) para que se abra el proceso. Así, en seguida, ante los representantes de la Comisión de Causas de Canonización, exalumnos del Padre Cuéllar, sacerdotes de la Compañía de Jesús (de la cual el P. Cuéllar formaba parte), y público en general, se introdujo la causa y ordenó abrir el proceso sobre la vida, virtudes y fama de santidad de dicho siervo de Dios.

ESTUDIAR LA CAUSA A PROFUNDIDAD

Durante la ceremonia se presentó a quienes integrarán el tribunal de la causa (juez delegado, promotor de justicia, y notario actuario)  y se les preguntó si aceptaban el cargo. Aceptada la encomienda, el Cardenal Robles les invitó a prestar el debido juramento. Asimismo, el postulador, señor José Luis López Neri también prestó juramento y presentó por escrito una lista de testigos que podrán ser interrogados durante el proceso de beatificación y posterior canonización, si el candidato se encuentra apto. Finalmente, el secretario canciller levantó el acta de la ceremonia realizada y esta fue firmada por los miembros del tribunal. Se informó que el 23 de marzo de 2022 tendría lugar la reunión para examinar al primer testigo. Una vez concluida la ceremonia, se tuvo un pequeño convivio para celebrar el inicio del camino a los altares del Padre Cuéllar y recordar anécdotas entre los antiguos habitantes de la Ciudad de los Niños.

La última palabra la tiene el Papa

Al término de la ceremonia el Cardenal Robles dirigió unas palabras a los asistentes y dijo que “debemos ser conscientes de que nos toca a nosotros cumplir con responsabilidad esta etapa, respondiendo, contestando puntualmente todo lo que implique el proceso, respaldándolo con la oración, sobre todo, y confiados en que la última palabra, la expresión de la voluntad de Dios, depende del santo Padre, depende del Papa. Por lo pronto está en nuestras manos hacer nuestra tarea”, detalló.

La anécdota

El señor Cardenal José Francisco Robles añadió que siendo un joven seminarista acompañó al Dr. Miguel Quezada Ochoa al Hospital Santa María Chapalita. “Íbamos por el pasillo y de repente me dice el doctor: ¿Quieres ver cómo muere un sacerdote santo? El doctor era consciente del grado de gravedad del Padre Cuéllar. La puerta del cuarto estaba abierta y la otra puerta que daba hacia la terraza y jardín también, como procurando el mayor paso de oxígeno. Me impresionó eso. Y ver en la cama a un hombre que todavía parecía vigoroso y fuerte, luchando por respirar a pesar de la fatiga. Lo observé un momento y al poco rato nos avisaron que había fallecido. Era el padre Cuéllar. Nunca imaginé en aquel entonces que me tocaría vivir este momento solemne de su proceso como reconocimiento por parte de la Iglesia como un hombre santo. Tuve esa gracia providencial”.

¿QUIÉN FUE EL PADRE ROBERTO CUÉLLAR?

Nació en Durango el 28 de septiembre de 1896. Fue ordenado sacerdote diocesano el 26 de septiembre de 1920,  a la edad de 24 años, sin embargo, luego de haber participado en unos ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola fue atraído por los principios de la Compañía de Jesús e inició su gestión para ingresar a la orden. Fue admitido en la Compañía de Jesús el 28 de mayo de 1923 y completó su formación eclesiástica jesuita 10 años más tarde, en junio de 1933. En agosto de ese año, llegó a Guadalajara y fue asignado para ejercer el magisterio en la Preparatoria del Instituto de Ciencias. Los alumnos lo identificaron de inmediato como “Chor Cuéllar”.

UN SACERDOTE EXCEPCIONAL

Quienes le conocieron refieren que fue un hombre con características humanas excepcionales. Se inclinó por la niñez de escasos recursos económicos. Se disfrazaba de obrero con pantalón de mezclilla y huaraches, utilizando una bicicleta como transporte, y se reunía con niños en condiciones de vida difíciles, principalmente del barrio de San Juan de Dios. Les daba clases en algunas casas prestadas, además de que compartía con ellos golosinas, diversión e instrucción religiosa. Con frecuencia era acosado por la policía secreta en tiempos de la persecución religiosa.

LOS ALBORES DE LA CIUDAD DE LOS NIÑOS

En 1936, el señor José Aguilar Figueroa, convencido de la bondad de su obra, le donó un terreno en la calle Federación donde el P. Cuéllar construyó algunas instalaciones elementales para ofrecer educación primaria y posteriormente talleres como zapatería, carpintería, imprenta, torno, mecánica automotriz y producción de mosaicos para que los alumnos se capacitaran, para que una vez finalizada su estancia en la institución, a los 18 años, lograran obtener un trabajo digno. En el año de 1944 los señores José Aguilar, Pedro Javelly y Salvador Vergara le donaron un terreno en la Col. Chapalita donde aún se encuentran las instalaciones de La Ciudad de los Niños del P. Cuéllar.  Durante su ministerio, 36 años de su vida los dedicó a procurar el bienestar de la niñez desamparada y desprotegida.

Un hombre santo

Don Rober, como sus alumnos le llamaban, “era un hombre de alma noble y bondadosa; muy espiritual, eucarístico, mariano por excelencia, obediente, justo, cariñoso, abnegado, trabajador incansable, con notable celo por el bien de las almas; varón muy bueno, con amor a todo el mundo, especialmente a los pobres. Todo lo ponían en las manos de Dios, de María santísima y de la Divina providencia”, aseguran sus propios exalumnos. Practicó todas las virtudes cristianas en grado heroico.

Falleció en Guadalajara, en fama de santidad, el 24 de octubre de 1970 a la edad de 74 años, poco después de celebrar sus bodas de oro sacerdotales. Su generosidad es bien reconocida en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Con frecuencia se sabe de favores recibidos por su intercesión.

Respecto a sus frutos vocacionales, fue incansable promotor de la vida sacerdotal, logrando la Ordenación, entre sus alumnos, de 34 sacerdotes diocesanos, un jesuita y un religioso franciscano.

Al día de hoy, la Ciudad de los Niños del Padre Cuéllar continua siendo un hogar para niños pobres y desamparados en el que encuentran casa, alimento, vestido, escuela, trabajo y formación cristiana.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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