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Los suicidios, principalmente en adolescentes, se incrementaron

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El suicidio sigue siendo un grave problema de salud pública que
afecta no solamente a la persona que lo comete, sino al grupo social y familiar al cual pertenece. Así lo refiere el maestro Francisco José Gutiérrez Rodríguez, jefe del Departamento de Psicología Básica, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

LO QUE LA PANDEMIA NOS DEJÓ
“Para el 2020 tuvimos 652 suicidios y después de la pandemia se incrementaron a 689, teniendo un incremento, a nivel nacional, de un 30 por ciento en los casos de ideación o tentativa suicida, principalmente en jóvenes y adolescentes.
“En Jalisco, 52 por ciento de los casos corresponden a jóvenes de 15 a 24
años de edad. Desde 1997 ha aparecido un problema en el caso del suicidio infantil, en donde el año pasado tuvimos 26 casos de personas menores de 18 años, de los cuales 12 corresponden a menores de 12 años”

NO DISTINGUE EDAD
“Es un problema que reviste diferentes factores de riesgo, como es la familia, la escuela, el bullying, pues alrededor del 26 por ciento, de acuerdo a un estudio de la Dra. Isabel Valadez Figueroa, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud, el 26 por ciento de los casos de los niños que viven bullying, podrían llegar a presentar ideación o tentativa suicida.
“Es importante señalar que estos factores de riesgo obedecen a diferentes
edades. Por ejemplo, en el caso de los niños, el maltrato físico, psicológico, el
abuso sexual, el bullying, las familias expulsoras (que hacen que sus niños y
jóvenes terminen en la calle), también pueden llegar a generar riesgos.
“En el caso de adolescentes, los problemas familiares, el rechazo social y
las decepciones amorosas juegan un papel muy importante; aunado a otros
problemas como la autoestima y las crisis de ansiedad o de depresión que
detonan el suicidio.
“En los jóvenes y adultos, influyen además, los factores económicos.
“En los adultos mayores, la presión de una enfermedad incapacitante, invalidante o dolorosa, la etapa del nido vacío (cuando se van los hijos) o la
muerte del cónyuge”.

LOS PRIMEROS SIGNOS
“La persona casi siempre envía señales verbales y no verbales. Por ejemplo, aislarse en su cuarto, no querer interactuar con los miembros de la
familia, empezar a regalar sus pertenencias, tener problemas de insomnio, dejar de realizar actividades que antes le eran muy satisfactorias, dejar
de asearse, dejar de convivir con amigos, familiares o la pareja.
“El sujeto empieza a idear en su cabeza, maquinando ideas de muerte, no
necesariamente de su propia muerte, pero sí cuestionándose sobre qué se
sentirá morir, quién iría a su funeral y toda una serie de conductas que la
familia y los profesionales deben estar preparados para poder prevenir”.

SI QUIERE LLAMAR LA ATENCIÓN, NECESITA ATENCIÓN
“Desde los primeros cambios, donde la persona refiere la incapacidad para resolver los problemas de la forma acostumbrada, se da este reclamo de atención, un reclamo de una evaluación de qué es lo que puede estar pasando en su vida. Desde ahí, es de gran importancia acudir con un profesional de la salud mental.
“Con los menores, es muy importante la comunicación, ganar su confianza. El juego es muy revelador del estado emocional del niño; observar si
hay cambios comportamentales como berrinches, conductas oposicionistas,
puede tener un descenso en su rendimiento escolar, puede tener involuciones respecto a su desarrollo madurativo, por ejemplo, antes controlaba esfínteres y ahora tiene problemas”.
Una recomendación para los padres es echar mano de estrategias creativas.
“Si son niños pequeños, pueden utilizar un guiñol para poderle hacer preguntas sin que sea un interrogatorio atiborrante. A través del juego, que el niño haga dibujos, que le hable de sus miedos, que hable de qué es lo que le preocupa, si tiene pesadillas, terrores nocturnos, si piensa que se va a separar de la familia.
“En el caso de adolescentes, que ya muestran un comportamiento más
oposicionista, a través de los amigos será un excelente medio. Los jóvenes
confían en algún grupo reducido de amigos, pero ellos serán su red de apoyo mediante la cual la familia puede tener acceso al estado emocional del adolescente. Al igual que con el niño, los padres no deben irrumpir en su intimidad, no amenazarlo, no regañarle porque está deprimido, sino por el contrario, animarlo a que pueda hablar”.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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