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Tras las obras de Fray Antonio Alcalde

Sergio Padilla Moreno

Comienza la Semana Santa y hay una propuesta que vale la pena hacer para aprovechar estos días de descanso en la ciudad de Guadalajara: conocer y recorrer las obras que nos legó Fray Antonio Alcalde (1701-1792), quien fuera el XXII Obispo de la Diócesis de la Nueva Galicia entre 1771 y 1792. El mejor homenaje que le podemos hacer a este ilustre hombre, más allá de nombrar merecidamente a una de las avenidas más importantes de la ciudad, el actual Paseo Fray Antonio Alcalde, es conocer su vida y apreciar su obra, pues, sin duda, este pastor marcó un antes y un después en la historia de la ciudad de Guadalajara.

Lo primero es conocer la vida de este hombre nacido en Cigales, Valladolid, Provincia de Castilla la Vieja en España. Afortunadamente, hay muchos artículos y videos de ponencias que nos adentran en la vida y obra de Alcalde.

Pero en esta ocasión  recomiendo la biografía novelada titulada El Fraile Antonio Alcalde ¡20 años para la eternidad! (editorial Temacilli), surgida de la pluma de Alejandra Olvera Banda, quien, de una manera accesible y muy bien documentada, nos adentra en la vida del llamado “fraile de la calavera”.

Una vez conocidos los rasgos más importantes de la vida y obra de Fray Antonio Alcalde, vale la pena caminar por el centro histórico de Guadalajara para, literalmente, tocar las piedras y sentir la impronta de un hombre que puso en el centro de su labor pastoral la defensa de la vida, la salud el trabajo y la educación de las y los más pobres. Afortunadamente, el paso del “progreso” ha respetado muchas de las obras que impulsó Alcalde durante su estancia en esta ciudad.

Propongo comenzar por visitar la Plaza Universidad (Av. Juárez y Colón) y conocer el lugar donde se asentó, en noviembre de 1792, la primera sede de la Real Universidad de Guadalajara, una de las obras que impulsó Alcalde. Se encuentra a un costado de lo que fue el Templo de Santo Tomás (ahora Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz), lugar del que fueron expulsados los religiosos de la Compañía de Jesús en 1767. Aquí me hago una pregunta: ¿qué habría pasado en la cultura tapatía si el eximio jesuita Francisco Javier Clavigero y Fray Antonio Alcalde se hubieran conocido?

El recorrido continuaría en la Catedral Metropolitana y el templo del Sagrario, mismo que Alcalde impulsó su construcción aunque no lo vio terminado. Después conviene recorrer el Paseo Alcalde hacia el norte hasta la calle de Hospital, para caminar hacia el oriente y pararse frente a una de sus obras más emblemáticas: El Hospital Civil que hoy lleva su nombre y que él consagró, poco antes de su muerte, con el nombre de Hospital Real de San Miguel de Belén, dedicado “a la humanidad doliente”.

Terminaría el recorrido en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, impulsado y bendecido por el propio Alcalde el 7 de enero de 1781, siendo el lugar donde están sepultados sus restos a un costado del altar.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Fray Antonio Alcalde en las piedras y el espíritu de Guadalajara

Acerca de Miroslava Flores Torres

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