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Viacrucis por los desaparecidos

Nicolle Alcaraz

El Viacrucis, o “Camino de la Cruz”, es el recorrido que Jesús llevó a cabo antes de morir, y se divide en catorce estaciones o momentos que van desde la comparecencia ante Pilato hasta el Calvario y muerte en la cruz. Este camino nos invita a reflexionar en nuestros pecados, por los que Jesús sufrió para salvarnos, y arrepentirnos de ellos.

Este Viacrucis lo hemos querido dedicar a todas aquellas personas desaparecidas y a sus seres queridos, quienes -como Cristo- han vivido de primera mano el dolor, y que están pasando o han pasado un verdadero viacrucis, ellos y sus familiares.

En cada Estación comenzamos diciendo:

Guía: Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos

Todos: Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén.

  • Jesús es condenado a muerte

“Pilatos mandó sacar a Jesús y dijo a los judíos: <aquí tenéis a vuestro rey”. Pero ellos le gritaban: ¡Fuera, fuera, crucifícalo!>” (Jn 19,14-15)

Pedimos a Jesús, quien padeció en carne propia el sufrimiento y la injusticia a manos de su propio pueblo, para que las súplicas de los familiares y amigos de todos los desaparecidos puedan encontrar apoyo en las autoridades y en nosotros, para conocer sobre el paradero de sus seres queridos, muchos de ellos condenados injustamente a la desaparición por los Pilatos del crimen.

  • Jesús con la cruz a cuestas

“Los judíos tomaron a Jesús y, cargándole la cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario” (Jn 19,17)

Caminar hacia un rumbo sombrío, un sentimiento que Jesús experimentó, y que experimentan todas aquellas personas que no conocen el paradero de uno de sus seres queridos, éxodo que han tenido que enfrentar. Para los familiares o amigos de un desaparecido, la cruz que cargan se llama incertidumbre e impotencia, al desconocer lo ocurrido con sus hijos, hermanos o confidentes. Oremos para que logren sobreponerse ante la adversidad.

  • Jesús cae por primera vez

“He ofrecido mi espalda a quienes me golpeaban y mis mejillas a los que arrancaban la barba; no aparté la cara de los ultrajes ni de las salivas que me echaban” (Is 50, 6)

Cristo fue despreciado y abandonado, a pesar de haber asumido la responsabilidad de cargar con los dolores y sufrimientos de la humanidad entera. Lo dejamos caer solo, abandonado. Así ocurre con las personas que buscan justicia para sus desaparecidos, solo para toparse con el desinterés y una gran falta de empatía. Caen solo en el abismo de la desesperanza. Pidamos para que sean escuchados, que no se sientan abandonados.

  • Jesús encuentra a su santísima madre

“Una espalda atravesará tu corazón” (Lc 2, 35)

A travesadas por el mismo sufrimiento que encarnó María al ser testigo de la condena de su hijo, así están las madres de aquellos hombres y mujeres que un día se fueron sin poder ni siquiera decir adiós, son espectadoras de una serie de sucesos desgarradores de los cuales no tienen control; la ausencia de aquellos a quienes criaron, la falta de apoyo de nosotros en su búsqueda; y la acumulación de días e inclusive años sin respuesta alguna. Madres llenas de dolor. Pidamos por tantas mamás que no saben de sus hijos.

  • El cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

“Cuando llevaban a Jesús al Calvario, detuvieron a un cierto Simón de Cirene, y lo cargaron con la cruz, para llevarla detrás de Jesús” (Lc 23, 26)

Eventualmente, en ese calvario, se extiende una mano, esa misma que ayudó al Hijo de Dios a soportar su martirio. Las familias que han vivido el mismo dolor se unen para emprender una búsqueda común, se acompañan en el sufrimiento, comparten su cruz. Se agrupan para darse valor y fortaleza, para seguir adelante. Pidamos para que nunca falte la ayuda de unos con otros en la búsqueda por los desaparecidos.

  • La Verónica limpia el rostro de Jesús

“Muchos se horrorizaban al verlo, tan desfigurado estaba su semblante que no tenía ya aspecto de hombre” (Is 52, 14)

Enfrentarse con el sufrimiento es un proceso doloroso e intimidante, de ahí que pocos se ofrezcan a apoyar al afligido. Así como esta valiente mujer que se atrevió limpiar el rostro de Jesús, debemos unirnos y apoyar a quienes atraviesan esta situación de dolor, no solo ofreciendo nuestra empatía, sino abogando por la justicia que merecen cada uno de estos casos de quien ha perdido un ser querido. Pidamos para que nunca dejemos de ayudar, de limpiar el rostro con cercanía del que carga la cruz de la desaparición.

  • Jesús cae por segunda vez

“Eran nuestros sufrimientos lo que llevaba, nuestros dolores lo que pesaban” (Is 53, 4)

El camino no es fácil, y lo saben las madres que buscan y pasan días y días sin encontrar nada. Caen y vuelven a caer en su búsqueda, pero se vuelven a levantar. Así como Jesús cae y se levanta, prueba que es posible seguir adelante, a pesar de las adversidades. No será la última caída, no hay que rendirse. Pidamos para que siempre tengamos la fortaleza como sociedad para seguir buscando al que fue arrebatado injustamente.

  • Jesús consuela a las piadosas mujeres

“Jesús les dijo: <Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos>” (Lc 23, 28)

La misericordia de Jesús, incluso en un momento así de difícil, cargando la cruz y padeciendo, siempre está presente. Hay tantas y tantas mujeres que necesitan consuelo, porque perdieron lo más querido, sus hijos. Mujeres que deben seguir caminando con su cruz a cuestas. No podemos dejar de ser piadosos con ellas, y apoyar también a mujeres y hombres que sufren por aquellos que no están. Pidamos por todas las mujeres que sufren esta ausencia.

  • Jesús cae por tercera vez

Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré” (Mt 11, 28)

¿Cómo se lidia con la falta de certeza?, ¿dónde anclar las esperanzas cuando es difícil observar con claridad lo que yace en el horizonte? Cristo nos ofrece acercarnos a Él para encontrar el descanso, para brindarnos un espacio que dé consuelo al alma y continuar con un camino que, para Él, y para quienes continúan buscando, seguirá siendo sumamente tormentoso. Imprescindible volver a levantarse, ponerse de pie. Pidamos para que no se nos acabe el horizonte de la esperanza, aunque hayan pasado muchas caídas.

  • Jesús es despojado de sus vestiduras

“Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a la suerte” (Mt 27,35)

A Jesús le arrebataron lo que le quedaba antes de morir. Solo le quitaron lo material, pero no le arrebataron el alma. Eran objetos que dejaba como un recuerdo de su presencia. A muchos desaparecidos les han quitado todo, y a sus familiares. Esa misma oportunidad se la quitaron a todas esas personas desaparecidas, muchos que quizás fueron injustamente asesinados, y que carecieron de la oportunidad de tener un último abrazo, una despedida o un funeral. Pidamos por todas ellas.

  • Jesús es clavado en la cruz

“Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a dos malhechores” (cfr. Mt 27, 38)

El pueblo de Israel y las autoridades tomaron su decisión: crucificar a Cristo, dejando que la apatía y la crueldad reinaran sobre su inocencia. En una cruz son crucificados los desaparecidos, sus familiares, sus amigos, todos los que están a su alrededor. Todos sufren la misma cruz, son crucificados ante la indiferencia de la sociedad. Son una cifra más, sin interés. Que así sigan, crucificados, piensan. Pidamos por los que están padeciendo este dolor y no saben cómo bajar de él.

  •  Jesús muere en la cruz

“Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipsó y el velo del templo se rasgó por la mitad. Y Jesús con fuerte voz dijo: <Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu>. Y al decir esto, expiró” (Lc 24, 44-46)

¿Cuántos desaparecidos ya no serán encontrados porque murieron asesinados? Y si los encuentran, ¿en qué estado los encontrarán? Para muchos la muerte llegó anticipadamente, sin esperarla, sin merecerla, sino solo porque sus asesinos, como en el caso de Jesús, así lo dispusieron. No fue castigo, fue perversión de los verdugos, crueldad, saña, venganza, quién sabe qué, solo por el deseo sádico de eliminar al otro. Pidamos por todos los que han muerto en estado de desaparición.

  • Jesús muerto, en los brazos de su madre, María santísima

“Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús, por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilatos para llevarse el cadáver de Jesús. Pilatos se lo concedió” (Jn 19,38)

María experimentó la tristeza más grande que puede sentir una madre, tener el cuerpo inerte de su hijo, porque la muerte se lo arrebató. Muchas madres vuelven a encontrar a sus hijos, pero ya solo su cuerpo sin alma, sin vida. La muerte se llevó la existencia de ambos. Y otras, ya no vuelven a saber nada de ellos. Y otras más que, aún sin haber recuperado a sus hijos con vida, solidarizándose con otras madres, continúan trabajando en la búsqueda de aquellos que no han regresado. Pidamos por todas ellas, que el Señor las consuele en ese dolor inefable.

  • Jesús es puesto en el sepulcro

“José tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en su propio sepulcro nuevo, que había hecho cavar en la roca. Hizo una piedra grande a la puerta del sepulcro y se retiró” (Mt 27, 59 – 60)

En un Estado como Jalisco, con más de 16 mil desaparecidos, son pocos quienes tienen la oportunidad de recuperar los restos de sus familiares o amigos desaparecidos, despedirse de ellos y colocarlos en un lugar digno. A otros los encuentran en sepulcros clandestinos, sin nombre, sin fecha, sin nada. Jesús quiso solidarizarse con todos ellos; también padeció el paso por una fosa, donde permaneció su cuerpo por tres días. Pidamos para que, después de la muerte, no siendo ésta el último paso, y sabiendo que el Señor la venció y resucitó, todos alcancemos un día la vida eterna.

Acerca de Nicolle Alcaraz

Comunicóloga y reportera para El Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara.

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