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América Latina se mueve a la izquierda

ALFREDO ARNOLD

Durante el año 2021 se realizaron cinco elecciones presidenciales en América Latina, tres de las cuales fueron ganadas por candidatos de clara tendencia de izquierda: Pedro Castillo, en Perú; Gabriel Boric, en Chile, y el eterno Daniel Ortega, en Nicaragua.

La izquierda, ciertamente, gana terreno desde México hasta el confín del cono sur, pues a Castillo, Boric y Ortega, hay que sumar a Luis Arce (sucesor de Evo Morales en Bolivia), Alberto Fernández (Argentina), Miguel Díaz-Canel (Cuba), Nicolás Maduro (Venezuela) y Andrés Manuel López Obrador en México.

Izquierdas distintas, antagónicas como en el caso de Castillo (Perú) y Ortega (Nicaragua), pero los partidos que las llevaron al poder forman parte del Foro de Sao Paulo.

Este 2022 habrá tres elecciones presidenciales muy importantes: en Costa Rica; en Colombia, donde la derecha ha venido a la baja con el presidente Iván Duque, y Brasil, donde Jair Bolsonaro se enfrentará a un ex líder obrero y ex presidente muy popular a pesar del escándalo Odebrech que lo llevó a la cárcel, Luiz Inácio Lula da Silva. Si éste ganara, por primera vez en la historia habría gobiernos de izquierda en los tres principales países de América Latina: Fernández en Argentina, Lula en Brasil y López Obrador en México.

El resto no hace mucha diferencia: la Presidencia de Honduras será ocupada a partir del día 27 de este mes por la ex primera dama Xiomara Castro de Celaya; en El Salvador gobierna el joven Nayib Bukele y en Guatemala el no tan joven Alejandro Giammattei. Pero los países de Centroamérica están ocupados en temas más trascendentes que la ideología política, buscan principalmente el apoyo de Estados Unidos para resolver los problemas de migración, salud y seguridad nacional.

En Ecuador, el exbanquero Guillermo Lasso tampoco da señales claras de filiación política dominante. Y en Uruguay y Paraguay, todo transcurre en paz.

¿Por qué el viraje hacia la izquierda?

Cada país tiene sus motivos, pero un elemento común es que la izquierda, maestra del populismo, ha ofrecido algo que en la práctica parece imposible de cumplir: terminar con la pobreza.

Perú y Chile ya habían encontrado el camino a la prosperidad desde hace tiempo, con Alberto Fujimori y Michelle Bachellet, respectivamente, pero lo olvidaron las nuevas generaciones que ahora apuestan al cambio. En Perú las elecciones fueron tremendamente divididas entre el profesor Pedro Castillo y Keiko, la hija de Fujimori, mientras que en Chile surgió de repente un movimiento popular de jóvenes que tomaron las calles (originado por un problema del transporte público) que llevó a Boric al poder.

En un marco polarizante entre izquierda y derecha transcurrirán los próximos años de la región, sin perspectivas optimistas ya que por un lado los nuevos gobiernos tendrán el problema de la pandemia y por otro, la falta de unidad nacional.

(Por cierto, en Francia también habrá elecciones presidenciales este año y la izquierda tiene amplias posibilidades de ganar. Pero ese es otro boleto).

El propio Estados Unidos se debatirá, en otra escala, en un problema parecido, ya que surgirá Donald Trump como serio opositor de un presidente no precisamente fuerte, como lo es Joe Biden, quien hace poco hizo un llamado mundial a defender la democracia.

No es lo mismo, insistimos, la izquierda mexicana que la argentina, ni la peruana que la chilena; son distintas, pero en el fondo todas son enemigas de los conservadores y del modelo económico neoliberal, quieren destruirlo a toda costa recuperando para el Estado las actividades estratégicas.

México, mejor dicho el gobierno de la 4-T, está muy entusiasmado con el regreso de las izquierdas latinoamericanas.

El año pasado nos visitaron los presidentes de Argentina y de Cuba, y recientemente el canciller Marcelo Ebrard visitó al peruano Pedro Castillo para darle asesoría y al mandatario chileno Gabriel Boric. Recordemos que Nicolás Maduro vino a la toma de posesión presidencial y Evo Morales se “exilió” unos días en México; que nuestro país se pronunció recientemente por la desaparición de la OEA, que el presidente López Obrador pidió el cese del bloqueo de Estados Unidos a Cuba y que 2022 es el “Año de Ricardo Flores Magón”.

 Se advierten los deseos de asumir el liderazgo continental de la izquierda, pero ello implicaría tomarse la foto del brazo de Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Díaz-Canel, lo cual sería un abierto desafío contra Estados Unidos y concretamente contra el T-MEC.

Curiosamente, mientras en América Latina se multiplican los gobiernos de izquierda bajo las banderas de democracia, nacionalismo, derechos humanos y en contra del neoliberalismo económico, en otra parte del mundo surgen potencias como China e India con gran fuerza económica y pocos prejuicios ideológicos. El mundo al revés: América va a la izquierda y Asia a la derecha.

Hoy, las izquierdas de Latinoamérica están obligadas a dar resultados. Ciertamente estamos en una crisis de salud pública que no les favorece, pero por lo menos en ese renglón deberían salir aprobadas. Deben cumplir sus promesas de terminar con la pobreza, la desigualdad y la corrupción, a demostrar que sus programas no son una utopía.

Imposible saber a dónde conducirá esta situación, pero es indudable que América Latina está experimentando de nuevo un modelo que ya fracasó estrepitosamente: el socialismo. Y de ello tenemos muy cerca dos ejemplos: Cuba y Venezuela.

*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

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