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Cacería de migrantes

Editorial

Las fotografías, videos y crónicas que han circulado en los últimos días sobre la detención de migrantes en la frontera sur, repiten escenas de las cacerías de esclavos de la época virreinal y de la película La Misión de Roland Joffé

Asistidos por la Guardia Nacional, los agentes de inmigración de México, corren tras las personas para capturarlas. Sometidas en el suelo, familias completas lloran y suplican frente a la mirada aterrada de los niños. Algunos logran escapar, dispersos, por los cerros.

Una mujer, del Instituto Nacional de Migración (INM), dice a los migrantes: “Están invadiendo mi país”, justo como lo expresaba el ex presidente Donald Trump para referirse a los migrantes mexicanos. En otro video, agentes del Estado mexicano patean a una persona, uno de ellos intenta pisarle la cara.

“¡Ya valieron …!”, les grita un envalentonado agente del (INM), siguiendo las instrucciones del titular del INM, Francisco Garduño, que expresan que no permitirían el tránsito de los migrantes, “así sean de Marte, los vamos a mandar hasta la India, hasta Camerún, hasta el África”.

En vez de ayuda humanitaria, la autoridad migratoria les otorga insultos y golpes. La ONU ha recordado a las autoridades mexicanas que las políticas de control migratorio deben aplicarse a la luz de estándares internacionales de derechos humanos.

Ante esta situación, los Obispos de México a través de una carta al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, manifiestan su preocupación, debido a que los protocolos y acuerdos con Estados Unidos afectan profundamente los derechos humanos de las personas solicitantes de asilo.

Los Obispos lamentan y rechazan de manera firme las conductas represivas, violentas y de contención de la migración en la frontera sur, particularmente en Tapachula, Chiapas, donde ya se resiente la crisis migratoria.

En la frontera sur de México, cientos de personas, provenientes del Triángulo Norte de Centroamérica, con un número considerable de haitianos, están a la espera de que las autoridades migratorias resuelvan su situación jurídica.

El hacinamiento, la falta de medidas de higiene, comida e insumos básicos, aunado a la lentitud en las resoluciones del Instituto Nacional de Migración y de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, colocan a estas personas en situación de vulnerabilidad, afectando el ejercicio de sus derechos fundamentales.

Actualmente los albergues, casas del migrante y comedores para personas migrantes de las parroquias y diócesis están saturados y al límite de su capacidad, “ante la falta de una clara política migratoria, planeación estratégica y escasos o nulos recursos del Gobierno Federal”

Los Obispos exhortan a las autoridades a realizar acciones concretas para atender a las personas en contexto de movilidad, y se eviten y prevengan violaciones a los derechos humanos.

El episcopado nacional agradece a todas las diócesis por sus muestras de solidaridad y apoyo humanitario con la población migrante, tanto en el Sur como a lo largo de la ruta migratoria que atraviesa todo el país.

Y a la diócesis de Tapachula le expresa que “su ejemplo motive a toda la Iglesia mexicana para que en todos los rincones de México haya comunidades que acojan, protejan, promuevan e integren a los migrantes para construir con ellos un nosotros cada vez más grande”.

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