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Cambiar la forma de pensar para restaurar nuestros ecosistemas

Editorial Semanario

Laudato sí, una de las grandes encíclicas del Papa Francisco, nos ha hecho conscientes de que dependemos de nuestro entorno para vivir, así que, si arruinamos la Tierra mediante la contaminación, la sobreexplotación de los suelos, la destrucción de ecosistemas y otras tantas cosas también estamos amenazando nuestra vida y la vida de las generaciones por venir.

Los especialistas medioambientales señalan que más del 75% de la superficie terrestre ya se encontraría degradada, y esta proporción podría aumentar a más del 90% hacia 2050. Cada año, la humanidad se come el equivalente a la mitad del tamaño de la Unión Europea (4,18 millones de km²).

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), alerta sobre las epidemias zoonóticas y especifica que “el 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos son de origen animal, y que están estrechamente relacionadas con la salud de los ecosistemas”. 

La huella ecológica, es decir, la cantidad de tierra necesaria para satisfacer las necesidades básicas de cada persona, crece exponencialmente. Cada uno de nosotros utiliza al menos dos hectáreas y media para satisfacer sus necesidades. Si dividimos la superficie disponible de unos 14.000 millones de hectáreas por los más de siete mil millones de humanos que compartimos actualmente el planeta, queda claro que nos estamos comiendo el mundo. En otras palabras, cada año tenemos menos planeta.

La ONU declaró el periodo 2021-2030 como el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas. Reúne al mundo para prevenir, detener y revertir la degradación de los ecosistemas a nivel mundial y Pakistán es el país anfitrión del Día Mundial del Medio Ambiente 2021.

Como especie humana, nuestras pautas de consumo irracional, nos hacen una especie parásita que se expande por el planeta.

Nuestro parasitismo nos hace pensar que los recursos naturales están a nuestra disposición para ser explotados a nuestro gusto y placer.

Jalisco es un Estado privilegiado que ostenta el cuarto lugar nacional en biodiversidad es su variedad de climas y relieves, posee el 80 por ciento de los ecosistemas existentes, 29 por ciento de la flora y 29 por ciento de la fauna del país.

Pero tenemos el problema de que al medio ambiente lo consideramos como una fuente inagotable de recursos disponibles para alimentar la tendencia consumista que mueve a la actual organización económica del mundo, y por otra parte produce la brutal deforestación de vastas áreas del planeta, la pérdida de su biodiversidad, las bioinvasiones, la contaminación y sus múltiples efectos y el cambio climático. Tenemos la urgencia de hacer las paces con la naturaleza.

Tenemos que pensar qué podemos hacer nosotros por nuestro entorno, pues es necesario cambiar nuestra manera de pensar por una visión que nos aliente a emprender acciones, con una nueva modelo personal de pensamiento-sentimiento-acción.

La restauración de los ecosistemas no será posible, si no hacemos lo propio con nuestro pensamiento y formas de hacer, para construir otra racionalidad ambiental en nuestro Estado de Jalisco, donde tenemos un bosque cada vez más chico, un lago y ríos con menos agua, y con una gran ciudad que inmobiliariamente lo devora todo.

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