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Con corazón de padre

Editorial Semanario

El anuncio de un año dedicado a San José, de parte del Papa Francisco, ha llenado de gozo a la Iglesia católica. Lo hizo el pasado 8 de diciembre, con la promulgación de un documento titulado Con corazón de padre. En el tiempo que estamos viviendo, Navidad, y en las circunstancias que han puesto en vilo a la humanidad, esta propuesta viene a avivar nuestra esperanza, tan venida a menos por motivos de sobra conocidos.

En siete incisos, el objetivo de la Carta es, como en sí misma indica, hacer “que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes…, sobre esta figura extraordinaria, tan cercana a nuestra condición humana”.

El Papa lo presenta como:

– Padre amado. Su grandeza consiste en que fue el esposo de María y el padre de Jesús. Por ser esposo de María, es la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento.

– Padre en la ternura. Jesús vio la ternura de Dios en José, que nos enseña que tener fe en Dios; incluye creer que Él puede actuar incluso a través de nuestras fragilidades. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca.

– Padre en la obediencia. Fue llamado por Dios para servir a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad.

– Padre en la acogida. Deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia.

– Padre de la valentía creativa. Él fue el verdadero milagro con el que Dios salvó al Niño y a su madre, para que transformemos un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia.

– Padre trabajador. Era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo.

– Padre en la sombra. José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Nunca se puso en el centro. La felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre la frustración, sino sólo la confianza. Su silencio no contempla quejas.

Al final de la Carta, el Papa expresa la necesidad de “implorar a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión”. Concluye con una oración: “Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María… A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén”.

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