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Cuba es un paraíso

Editorial

Hace algunos años, como parte del proyecto “Filmar lo inefable”, promovido en la Arquidiócesis de Guadalajara con el propósito de que jóvenes cineastas de América Latina vinieran a continuar su formación y producir materiales para cine, fueron invitados de diferentes países quienes estuvieran interesados. Aquí se les proporcionaba lo necesario para que su estadía fuera provechosa en este sentido.

Llegaron muchachos talentosos de Colombia, Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, algún otro país que se me escapa el nombre, y también de Cuba. Lo menciono aparte porque es el tema que nos ocupa. Era la última época de Fidel Castro al frente de la isla.

De esta nación caribeña arribaron dos entusiastas jóvenes, que salieron no sin obstáculos de sus autoridades. No eran libres para viajar. A uno de ellos me tocó recibirlo. Cuando llegó a la casa, obvio, después del viaje, necesitaba un regaderazo. Pero antes, sobre la mesa del comedor vio unas manzanas. Había oído hablar de ellas, las había visto alguna vez, pero no recordaba si las había comido; pidió una para comérsela, pero dentro de la regadera, cuando le estuviera cayendo el agua, dijo. Era un ‘placer’ que quería experimentar, que no podía gozar en el paraíso de Cuba.

Y como esta fruta, y como otras muchas más circunstancias que describió, el paraíso de Cuba no se lo podía proporcionar. Eso sí, conocía las largas y ‘paradisiacas’ filas en las que se formaba para recibir o para comprar comida, pero no manzanas.

Ésta es una de las miles de historias que podemos saber, tantas como los habitantes de aquel país, excepto de los que pertenecen al gobierno o a los servidores de esa nación; ellos sí están bien.

El joven al que me he referido no duró un año en Guadalajara. Con el pretexto de que iba a visitar unos ‘parientes’ en Ciudad Juárez, en semana de pascua, cruzó la frontera a los Estados Unidos. Así nos lo mandó decir después, agradecido. No quería regresar al paraíso de Cuba.

Por eso no entendemos que el Presidente López Obrador, en el día del inicio de la independencia de México haya hablado más de la ‘independencia’ que, de acuerdo a su dicho, ha construido Cuba, que de nuestro país, y hasta lo puso como ejemplo de resistencia. Pidió a Estados Unidos que levante el bloqueo a aquella nación.

En efecto, pocos estarán de acuerdo en este bloqueo, pero no son los vecinos del norte los culpables de la pobreza de los cubanos, sino sus gobernantes, alabados sin medida por el Ejecutivo federal. ¿Qué necesidad?, ¿qué necesidad de hacer este tan alardeado y cuasi ridículo internacional?

Como dijo el Presidente de Uruguay, Luis Lacalle, en la reciente VI Cumbre de Jefes de Estado de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac): “cuando en determinados países se ve que no hay una democracia, cuando desde el poder se usa el aparato represor para acallar las protestas, se encarcelan opositores y no se respetan los derechos humanos, con esta voz, tranquila pero firme, debemos decir con preocupación que vemos gravemente lo que ocurre en Cuba, en Nicaragua y en Venezuela”.

¿O existe otra Cuba que sí es un paraíso?

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