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Del Covid y otras irregularidades

Editorial

Nadie nos ha dicho con certeza, ni científicos, ni gobiernos (menos), ni ningún otro orden oficial o de facto, cómo y de dónde llegó este tristemente famoso bicho del Covid, como se le llame, en cualquier de sus presentaciones.

Independientemente si fue un invento, si fue creado para acabar el mundo, si de verdad se está luchando para que desaparezca, si es un gran negocio para las farmacéuticas, si las vacunas son para controlar y acabar nuestro organismo, si mira a crear un nuevo orden mundial, si las nuevas cepas tienen un sector dirigido (niños, adolescentes y jóvenes), dado que las primeras no pudieron acabar con las personas de la tercera edad, etc. Independientemente de todas las realidades, mitos, imaginaciones, fakenews y conspiraciones que están en la mente de los seres humanos (que no enumeramos todos; es imposible conocer todos los dichos que giran en torno a esta pandemia que ha puesto de cabeza a la humanidad), lo cierto es que el covid existe, está presente, nos amenaza, es capaz de destruir a hombres y mujeres, de todas las edades, familias; no sabemos cómo le va a afectar a cada ser que lo contrae, ha causado tanto mal en el ánimo de todos y, lo peor, no sabemos cuándo ni cómo acabará. Si alguien lo maneja o se maneja por sí solo, al bicho nadie le podrá poner control.

La tercera ola vino a matar no solo a más personas, tantas como la primera y la segunda, sino que ha minado la esperanza de que íbamos de salida, que la vacuna era el remedio casi absoluto para este enemigo común. Las ilusiones se volvieron humo, los buenos deseos se esfumaron, y volvimos a la misma situación.

No podemos voltear nuestra mirada a los gobiernos, cualquiera que sea su nivel –federal, estatal o municipal-, como primera opción, para buscar una salida, una solución, porque si bien algunos de ellos han ofrecido, por lo menos, responsabilidad en el obrar, otras dependencias, sobre todo de carácter federal, han minimizado la situación; las instancias de salud esperan que dogmatice su tlatoani para que, con razón o sin ella, indique el derrotero de sus declaraciones y acciones, sin sopesar si es el camino correcto e, incluso, sabiendo de antemano que no lo es.

Los números nos dan, desgraciadamente, la razón. México ocupa el primer lugar en número de fallecidos por cada 100 habitantes que se infectan.

La protección, no absoluta, pero sí parcial ante la amenaza del covid está en la responsabilidad personal. Esto nos lo han dicho hasta el cansancio, pero seguimos encontrándonos con gente de todas las edades que pasea por el mundo como si no pasara nada. ¡No! Ya basta.

Cuando decimos que la primera protección es personal no queremos decir que es egoísta, es decir, me cuido yo y que los demás le hagan como quieran, porque ya no se puede vivir así. Cuando decimos personal es que me hago responsable de mí y soy responsable de los que viven conmigo, me lo pidan o no.

Si la muerte nos alcanza, y no es drama ni exageración, habrá quien llore por nuestra irresponsabilidad.

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