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Editorial | Un mundo feliz

Editorial #1224

¿Para quién? La semana pasada los presidentes de Estados Unidos y México tuvieron un encuentro que luego los secretarios de aquí y de allá definieron como exitoso, pero no nos dijeron para quién, ni en qué radicaba el éxito de dicho feliz encuentro.

Mejor tarde que nunca, el presidente mexicano cumplió con el ritual y la norma no escrita de ir a rendir pleitesía al presidente norteamericano, tal y como han hecho todos sus predecesores en los últimos sexenios.

En las fotos pudimos ver a dos presidentes que enfrentan situaciones parecidas, pero en diverso grado, uno y otro están por encarar nuevos procesos electorales, el de allá para ver si se reelige, el de acá para ver si mantiene la mayoría en las cámaras.

El de allá acaba de medio salir de una violencia social desatada por parte de la gente “educada”, el de acá se ve cada vez más hundido en la violencia delincuencial que asola a toda la nación; uno y otro fueron inicialmente osados, desafiantes y valentones en lo que mira a la pandemia, hasta que la realidad los hizo retractarse de los dichos y los hechos.

Pero para que haya pleito se requiere que ambas partes le entren, no lo ha habido, sólo amor y paz, las bravuconerías, las descalificaciones, las expresiones racistas, el muro, los aranceles, la represión de los migrantes, el tráfico de armas y de drogas, las ha monopolizado el presidente de allá, al de acá le ha tocado aguantar, conceder, cerrar los ojos, y hacer lo que todos nuestros presidentes han hecho desde los tiempos de Juárez, someterse, con la relativa excepción de Porfirio Díaz, que aún en su lecho de muerte seguía repitiendo que el mayor peligro para México era el “yanqui”.

La diplomacia del presidente de acá ha sido excesiva, según algunos, que así la juzgan porque se olvidó de las formas, es decir, del empeño de sus antecesores por disimular, por aparentar soberanía y dignidad, cuando en los fondos todo eso les importó siempre un cacahuate.

Las declaraciones de mutua amistad, las palmadas y los saludos, las sonrisas y las atenciones, todo eso sí fue un éxito, pero nada más.

Si los escenarios vistos compran el voto latino, eso se verá en noviembre. Si el espaldarazo norteamericano a un presidente que algunos de por acá acusan de comunista, tendrá efecto en la opinión pública, también se verá, pero más tarde.

Y cuantos esperaban un jalón de orejas al presidente populista por parte del otro presidente populista, pues se quedaron con las ganas, y nosotros con la aseveración contundente de que tenemos un presidente “fantástico”, Trump dixit. Ignoramos si el presidente de allá conoce todas las increíbles acepciones que el adjetivo “fantástico” tiene en el español de México, lo cierto es que apoyos son apoyos vengan con los adjetivos que vengan.

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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