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El nacimiento, estampa de pobreza extrema

Editorial Semanario

A unos cuantos días de celebrar la Navidad, templos, hogares, negocios y calles se llenan de luz y colorido; arbolitos y nacimientos son parte del ornato que tradicionalmente acompaña la tradición cristiana de la celebración navideña. Pero si quitamos el folklor y el sentimentalismo que puede generar el nacimiento, nos daremos cuenta que es una estampa de pobreza extrema.

En efecto, lo ahí puesto en imágenes es la expresión de un joven matrimonio que ve nacer a su hijo en la más triste de las pobrezas. Sin demeritar el dato y sentido teológico del don de Dios hecho carne, el contexto histórico de la realidad humana del Hijo de Dios es algo que no podemos pasar por alto. Según la reseña que el evangelista san Lucas proporciona, José y María en la última etapa de su embarazo, hicieron el viaje a su ciudad natal Belén para empadronarse como lo había mandado el edicto del César.

En pleno trabajo de parto, José no encontró hospedaje en la posada sino solo en el lugar donde se resguardaban los animales, ahí dio a luz a su hijo. El comedero de los animales, el pesebre, fue su cuna y la paja o la pastura sus primeras cobijas. A la distancia sin duda, es un relato fantástico cargado de ternura. Sin embargo, podemos imaginar la tristeza y frustración de los padres al no poder brindar a su hijo un lugar al menos higiénico donde nacer; también es cierto que, tampoco encontraron gestos de humanidad en los corazones de las personas en la posada.

¿A qué padre o madre le gustaría que sus hijos nacieran en un establo? Si extendemos el relato, Jesús aún niño, es un perseguido político; su vida corre peligro porque la autoridad lo ha declarado una amenaza y en medio de la oscuridad de la noche, sus padres tienen que huir de su país para salvaguardar la vida. En otras palabras Jesús y sus padres fueron refugiados políticos. Solamente regresaron cuando ya no corrían ningún riesgo. Constatando las experiencias modernas de la migración, bien podemos intuir que esta etapa de la vida de Jesús y sus padres fue terriblemente dolorosa acompañada de las penalidades y desgracias propias de la migración forzada.

Por eso, más allá de la ternura que el folklor del nacimiento puede despertar en nuestros corazones, es una oportunidad para reflexionar en las condiciones de pobreza que millones de personas están viviendo en nuestros tiempos y del compromiso ineludible que tenemos hacia ellos.

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