Home / Edición Impresa / Las armas nacionales se cubrieron de gloria

Las armas nacionales se cubrieron de gloria

Alfredo Arnold

El pasado 5 de mayo se cumplieron 160 años de la célebre Batalla de Puebla, el día en que “las armas nacionales se cubrieron de gloria” al derrotar al ejército francés, considerado entonces como el más poderoso del mundo.

Los problemas del México independiente con Francia comenzaron en 1838 con la llamada Guerra de los Pasteles, cuando el gobierno de aquel país intentó cobrar una cantidad exorbitante por los daños que ciudadanos mexicanos causaron en una panadería propiedad de ciudadanos franceses en la ciudad de México. Una flota francesa bloqueó el puerto de Veracruz, pero las fuerzas de López de Santa Anna repelieron el desembarco; después, el gobierno inglés disuadió a los galos de continuar con el bloqueo e influyó para que franceses y mexicanos llegaran a un acuerdo.

La segunda invasión ocurrió 22 años después, cuando el presidente Juárez anunció la moratoria de la deuda externa. Entonces, Francia, Reino Unido y España enviaron sus barcos para exigir el pago. Los españoles y los ingleses aceptaron la promesa de recibir su pago a partir del año siguiente, pero Francia se quedó y desembarcó en Veracruz.

México venía saliendo de la Guerra de Reforma; el gobierno estaba en bancarrota, y el pueblo, dividido en Liberales y Conservadores.

El ejército francés, al mando de Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez, en su marcha hacia la capital tenía que pasar por Puebla. La ciudad era defendida por el jefe del Ejército de Oriente, Ignacio Zaragoza Seguin, militar nacido en Texas cuando este territorio pertenecía a México. Zaragoza estudió en el seminario de Monterrey, pero luego tomó la carrera militar. Llegó a ser ministro de Guerra, pero en este momento se encontraba resguardando la ciudad de Puebla.

En el ejército francés había argelinos, egipcios y antillanos, muchos de ellos con experiencia en combates en las guerras de Crimea e Italia; y en cuestión de armamento, los franceses eran también muy superiores.

A las cuatro de la mañana del 5 de mayo, Zaragoza lanzó la siguiente proclama a sus soldados: “Hoy vais a pelear por un objeto sagrado: vais a pelear por la Patria… Nuestros enemigos son los primeros soldados del mundo; pero vosotros sois los primeros hijos de México y os quieren arrebatar vuestra Patria. Soldados: leo en vuestra frente la victoria”.

A continuación, el parte de guerra mexicano (resumido):

  • 9:30 Hs., se tiene a la vista la vanguardia del ejército francés.
  • 10:45 Hs., el enemigo está acampado a tres cuartos de la Garita de la ciudad.
  • 12:00 Hs. Se rompe el fuego de cañón por ambas partes. El enemigo arroja multitud de granadas; esquiva el combate a campo raso y concentra su ataque de 4,000 hombres de las tres armas sobre el cerro de Guadalupe, por el oriente a derecha e izquierda. Las fuerzas de Zaragoza refuerzan la defensa. Los franceses avanzan protegidos por su fuego de artillería y en algunos momentos se combate a bayoneta; sus asaltos son rechazados tres veces y gran parte de invasores mueren en los fosos de las trincheras de Guadalupe.
  • 14:30 Hs. Los franceses comienzan a dispersarse, en tanto que la caballería mexicana trata de cortarles el paso mientras cae un fuerte aguacero. Simultáneamente, los franceses son desalojados de los puntos que ocupan cerca de la garita de Amozoc. Ya en retirada, los invasores forman frente al cerro una fuerza de tiro en batalla fuerte de 4,000 hombres y pico.
  • 16:00 Hs. Los franceses comienzan su retirada hacia la hacienda de Los Álamos, toda su fuerza la llevan a la retaguardia de sus trenes.
  • 17:49 Hs., Zaragoza informa al Ministro de Guerra Miguel Blanco: “Las armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria; Sírvase usted dar cuenta de este parte al ciudadano Presidente”.

Las bajas de ambos ejércitos son cuantiosas, sólo en los fosos de Guadalupe yacen alrededor de 700 franceses y 400 mexicanos entre muertos y heridos. Junto a Zaragoza pelearon Porfirio Díaz y Miguel Negrete.

La gloria de Ignacio Zaragoza fue efímera. En enero de ese mismo año de 1862 había fallecido su esposa Rafaela Padilla, y apenas cuatro meses después de su histórica hazaña, el héroe de Puebla murió en esa ciudad a causa de tifo. Tenía 33 años de edad y tres hijos.

Francia no habría de conformarse con la derrota. Napoleón III, sobrino de Napoleón Bonaparte y último monarca francés, sustituyó a Lorencez por Federico Forey, quien nuevamente atacó, rindió a Puebla y tomó la ciudad de México. Eso fue en mayo de 1863, un año después de la histórica derrota francesa en Puebla.

Juárez se trasladó al norte, en tanto que en la capital se instalaba el Segundo Imperio, al mando de Maximiliano de Habsburgo… pero esa es otra historia.

Zaragoza recibió honores después de la batalla. El 7 de mayo de 1862 el Congreso de la Unión declaró que “han merecido bien de la Patria el ciudadano General en Jefe Ignacio Zaragoza, los ciudadanos Generales (Negrete, Berriozábal, Díaz, Lamadrid, Álvarez, Tapia, entre ellos), Jefes, Oficiales y Soldados del Ejército de Oriente, que sostuvieron el honor y la independencia de la República, por lo que da a tan esforzados y heroicos ciudadanos un voto de gracias”.

HÉROE DE LA PATRIA

Al poco tiempo la ciudad de Puebla de los Ángeles sería nombrada Puebla de Zaragoza.

El 5 de mayo de 1976, Zaragoza recibió el título de Benemérito de la Patria en Grado Heroico. El retrato del héroe también aparece en los billetes mexicanos de 500 pesos emitidos en 1994.

En 2015 se estrenó la Sinfonía 5 de Mayo, compuesta por Venus Rey Jr., una obra musical que conjuga la orquesta sinfónica con el piano, arpa, percusiones, solista soprano y coro mixto, en cinco movimientos.

En Estados Unidos, principalmente en el estado de Texas, el 5 de mayo se festeja con fiestas populares en memoria de Zaragoza y conmemoración del triunfo mexicano en aquella batalla. Tal vez un triunfo francés hubiera sido muy peligroso para Estados Unidos, que en aquel tiempo se encontraba en guerra civil y tal vez hubiera despertado el apetito expansionista de Napoleón III.

*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista con más de 52 años de ejercicio profesional. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Acerca de Edicion Arquimedios

Revisa También

Cardenal Robles reconoció a los maestros en su día

Nicolle Alcaraz Con motivo del Día del Maestro, el pasado 15 de mayo el Cardenal …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *