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Los niños y el Buen Pastor

Editorial

De acuerdo con las más recientes proyecciones de población que publicó el CONAPO al 1 de Julio de 2020, Jalisco cuenta con 2 millones 202 mil 325 niñas, niños y adolescentes de entre 0 y 14 años, los cuales representan el 26.2% de la población total.

Al analizar por grupos de edad este sector de la población, el más numeroso es el de 10 a 14 años, con un monto de 742 mil 810 niñas y niños de esas edades, es decir, un 33.7% del total; le sigue el grupo de 5 a 9 años con 739 mil 333; y por último, el grupo de 0 a 4 años con 720 mil 182 menores.

Todo pastor cuidadoso trata suavemente a los corderos de su rebaño. Cuando los rebaños están viajando, los corderos no pueden ir muy lejos, con frecuencia se cansan y acuestan. Entonces, el pastor les pone sus brazos por debajo, y los acuesta en su regazo.

Jesús es el pastor y los niños son sus corderos. Los recoge en sus brazos y los lleva en su regazo. Recoge a todos los corderos y los lleva a la casa de su Padre.

Los niños de México viven muchas amenazas, entre ellas, la del Sector Salud, que ha disminuido la posibilidad de obtener medicinas para la atención del cáncer.

Amenaza a los niños también la guerra interna contra el narcotrá­fico, en la cual, son utilizados en la siembra de la amapola en algunos Estados del sureste, y son utilizados como Sicarios. La migración de niños, niñas y adolescentes es un caminar de alto riesgo, ya que caminan por zonas de guerra, y los grupos delincuenciales amenazan su integridad constantemente. Sufren xenofobia, agresiones físicas y verbales, así como violaciones a sus derechos como niños.

¿El Buen Pastor cuenta con nuestra compasión, para que nuestras casas y comunidades parroquiales se conviertan en lugares de refugio para proteger a la niñez y juventud que se han puesto en camino hacia los Estados Unidos?

Para el Papa Francisco, una sociedad que abandona a los niños y que margina a los ancianos corta sus raíces y oscurece su futuro. “Cada vez que un niño es abandonado y un anciano marginado, se realiza no sólo un acto de injusticia, sino que se rati­fica también el fracaso de esa sociedad”.

“Los niños son en sí mismos una riqueza para la humanidad y también para la Iglesia, porque nos llaman constantemente a la condición necesaria para entrar en el Reino de Dios.”

El Papa señala que los niños, en su simplicidad interior, traen consigo la capacidad de dar y recibir ternura. Ternura es tener un corazón “de carne” y no “de piedra”. La ternura también es poesía; es “sentir” las cosas y los acontecimientos, no tratarlos como meros objetos, sólo para usarlos porque sirven…”.

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