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Los pobres del Presidente

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Para mantenerlos pobres hay que conocerlos. Y AMLO los conoce. Sus recorridos por todo el país a lo largo de 18 años de precandidatura permanente le permitieron conocerlos. Este elemento tan aparentemente positivo lo ha sabido utilizar para manejar (o manipular) su situación, pero no para mejorarla.

El último informe Medición Multidimensional de la Pobreza en México 2018-2020, realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de Política de Desarrollo Social (CONEVAL) al respecto así lo señala. Tres años de mandato no han servido para modificar positivamente las cosas, pero sí para complicarlas.

A nivel nacional, la población en pobreza creció 7.3 por ciento, de 51 millones 900 mexicanos en 2018, pasaron a 55 millones 700 mil en 2020. No sirvieron los 300 mil millones de pesos anuales anunciados en 11 programas, entre ellos la pensión para adultos mayores, Sembrando Vida, y Jóvenes Construyendo el Futuro.

En particular, en Jalisco, en 2018 había 2 millones 285 mil 800 personas en pobreza, y para 2020 ya eran 2 millones 633 mil 400 (15.2% +), 347 mil más. La pobreza extrema –cuando se tienen tres o más carencias, de seis posibles- creció 33.2 por ciento, y particularmente en un área tan importante como el acceso a los servicios de salud, las personas vulnerables pasaron de 1.5 millones, en 2018, a 2.6 millones en 2020.

El informe ha sido desglosado y comentado en abundancia, pero lo mencionamos ahora porque, además de que el Ejecutivo, como de ordinario, tenía otros datos, y porque, para evadir una respuesta clara, recurrió, una vez más, a citas bíblicas -manipuladas, por supuesto-, al señalar que “no solo de pan vive el hombre” (Mt 4,4), para que nos conformemos los pobres, o más bien, se conformen los que lo siguen sin cuestionarlo. Solo faltó que mencionara otra frase evangélica: A los pobres –al cabo- siempre los tendrán (cfr. Mc 14,7).

Los tan cacareados programas sociales no han enseñado a las personas a pescar, sino a recibir más pescado (excluyendo a los ancianos), además de haber propiciado más corrupción entre los que los manejan, al grado de haber producido ya muchos cambios en los mandos, por esto. Gabriel González Hernández, el coordinador de la política social, fue destituido el 24 de junio. Eran 821 millones de pesos diarios los que manejó durante dos años. Una fortuna que no ha rendido ni los frutos para el Presidente y menos para la gente.

Esto no es nuevo, ciertamente; ya desde siempre, con los gobiernos en turno, los Estados que más reciben presupuesto de estos programas se mantienen como los más pobres, pero tampoco cambiaron con el mandato actual, promesa de campaña que no se cumplió, pero sí se agudizó.

Y es que siempre ha sido redituable mantener pobres a los pobres.

Las cosas no van a mejorar. O nos hacemos el ánimo a esto (actitud pasiva) o buscamos otro tipo de mecanismos que sean independientes del gobierno federal para lograrlo (actitud activa), para erradicar la pobreza, lo cual es posible.

Pero también hay que cuidar que luego, estos mismos pobres, no se rebelen, porque la paciencia, consciente o inconsciente, se les puede acabar.

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