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¿Padrinos o compadres?

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

La Iglesia pide que aquellos que vayan a recibir un sacramento, sobre
todo de iniciación cristiana (bautismo, confirmación y Eucaristía), sean
acompañados por un padrino si se es varón, una madrina si es mujer o,
generalmente en el caso del bautismo, un padrino y una madrina.
Los padrinos deben acompañar al ahijado en todo el proceso de
catecumenado o de preparación a la recepción del sacramento y
ayudarlo a perseverar en la fe y en la vida cristiana. Por eso, debe
considerarse su elección no con criterios humanos, sino eminentemente
religiosos y espirituales.

No son los tutores o responsables del bienestar económico o
social del ahijado, sino sus compañeros en la fe, que de palabra y
obra deberán inducirlo al discipulado de Jesucristo, el Señor.


La función eclesial del padrino exige ciertos requisitos que nunca
deberán ser vistos como un mero trámite burocrático, sino la garantía
de que podrán cumplir suficientemente al grave deber al que se
comprometen. Por lo tanto, quienes sean elegidos como padrinos deben
ser mayores de edad, pero que no sea tan viejos que no alcancen ver el
crecimiento de su ahijado; que sean católicos practicantes, que hayan
recibido los tres sacramentos de iniciación cristiana (bautismo,
confirmación y eucaristía), que tengan un conocimiento suficiente de la
fe católica y los medios para enseñarla al ahijado, especialmente con el
testimonio de vida. En la celebración del bautismo de su ahijado, si se
celebra dentro de la Santa Misa, los padrinos deberían participar
acercándose a la comunión con las debidas disposiciones.

En este sentido, por coherencia de sí mismo, con los padres del ahijado,
con el ahijado y especialmente con Dios, no pueden ser padrinos los que
no están convencidos de su deber espiritual y religioso. Sería un
contrasentido pretender ser padrinos los que abierta o secretamente no
se consideran católicos, los que han renunciado a la fe católica para
adherirse a una secta u otra religión, los que practican la hechicería, el
satanismo o la magia, los que llevan una vida deshonesta o participan
en el crimen organizado (narcotraficantes, sicarios, secuestradores,
etc.), las personas que aprueban o promueven el aborto y la ideología de género, los que se llaman a sí mismos agnósticos o ateos. Tampoco
pueden ser elegidos padrinos dos personas del mismo sexo.


Es muy triste y manifiesta la falta de compromiso y,
consecuentemente, la incapacidad para ser padrino, quien
recurre a la falsificación de comprobantes de pláticas, práctica
cada vez más extendida.


Desgraciadamente la sociedad se ha venido descristianizando y han
quedado ciertos hábitos o tradiciones culturales como el bautismo, la
primera comunión y la confirmación de los niños sin que ello sea fruto
de una vida de fe. Por eso mismo, se ha cambiado el sentido del
padrinazgo y, a veces, se buscan más bien compadres o comadres, con
cierto sentido de conveniencia económica, prestigio social e, incluso, el
de tener un cómplice para las borracheras, tan comúnmente aducidas a
los compadres, o el chismorreo, propio del comadreo.

Acerca de Miroslava Flores Torres

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