Home / Editorial / Pastoral del consuelo

Pastoral del consuelo

Editorial

Las consecuencias de la pandemia todavía no se han sentido con toda su crudeza; quizá dentro de unos años podamos asimilar totalmente esto que nos ha tocado vivir. Incluso quienes minimizan el devastador panorama, que ha provocado el surgimiento del nuevo virus, no pueden negar un hecho contundente: el aumento de las defunciones y los problemas de salud que han rebasado todas las políticas sanitarias de casi todo el mundo.

En la vida pastoral también lo estamos experimentando, no sólo al cerrar los templos o reducir el número de participantes e implementando los protocolos establecidos, también en que hoy, en la mayoría de las comunidades parroquiales, celebramos más defunciones que bautismos, lo que resulta altamente significativo.

Aunado a ello, los funerales no se pueden celebrar como lo establece la costumbre cristiana y la cultura de nuestro pueblo: el velorio, la reunión de la familia, los rezos, la Misa exequial, el último adiós en el panteón, el novenario, el levantamiento de la cruz, etc. Sin duda, los ritos que acompañan a la muerte ayudan al difunto por la oración de la Iglesia orante a expiar sus pecados, pero sobre todo, ayudan a los deudos a vivir la experiencia de la muerte en un contexto de consuelo y resignación activa, lo que psicológicamente induce a cerrar los ciclos de duelo.

Hay un gran dolor en las familias de los que están internados en los hospitales, especialmente en terapia intensiva, a la expectativa de malas noticias. La mayoría de los que mueren no pudieron despedirse y, a veces, duran semanas en el hospital solos y sin consuelo. En estas últimas semanas, por la saturación de los servicios funerarios, los cuerpos o las cenizas son entregadas a los deudos después de varios días y sin poder realizar los ritos ya mencionados por la premura en la inhumación o colocación de las cenizas en las criptas. Además, no pueden acompañarlos los familiares ni los amigos y están obligados a someterse a la cuarentena si su difunto murió de covid-19. ¿Y qué decir de los que sufren la pérdida de varios de sus familiares?

No hay tiempo para asimilar y eso lleva a prolongar el ciclo del duelo. Por esa razón, la Iglesia, que siempre ha acompañado de forma especial a sus hijos en el trance de la muerte y a sus familiares en el dolor de la pérdida, ahora deberá acentuar la pastoral del consuelo y de la esperanza a la luz de la Resurrección.

Esta pastoral del consuelo debe garantizar la práctica de los ritos, aunque sea de forma privada, y encontrar los símbolos de esperanza contenidos en su rica Tradición y en la tanatología de nuestra cultura. Podríamos incrementar los espacios de escucha, guardando todos los protocolos de salud, y en la medida de lo posible implementar un equipo terapéutico interdisciplinar. Más que nunca, el anuncio del misterio pascual, del kerigma cristiano, será el eje de la pastoral como Buena Nueva de vida plena.

Acerca de Edicion Arquimedios

Revisa También

La seguridad en vilo

Editorial En el informe de gobierno de la mitad del sexenio, sobre la inseguridad y …

Un comentario

  1. Propongo rezar un rosario diario por todos los que están pasando por un duelo y los trabajadores de la salud de alma y cuerpo