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No podemos vivir y dormir tranquilos mientras miles de hermanos nuestros, muy cerca de nosotros, carecen de lo más indispensable para llevar una vida humana digna / Fotografía: Archivo

Populismo y empresarios, pecado de omisión

Editorial Semanario

Para que el populismo no prospere es fundamental cambiar la forma de pensar y de actuar del sector empresarial. Debemos dejar a un lado las envidias, los intereses personales y exigir a nuestros gobernantes que cumplan a nuestros trabajadores y sus familias, sus derechos fundamentales, en materia, sobre todo, de seguridad, salud y educación. Si no lo hacemos, estaremos sujetos a que prospere el engaño populista y sus desoladoras consecuencias.

Nuestra sociedad funciona con una serie de reglas políticas y económicas creadas e impuestas por el Estado, para que se cumplan por los ciudadanos. El sector empresarial aporta, a través de sus impuestos, los recursos necesarios para que el Estado brinde a la ciudadanía los servicios elementales.

Además, el Estado debe producir los ahorros necesarios para invertir en innovación y en el desarrollo de nuevas tecnologías, para crear una mayor y mejor infraestructura que permita la promoción de más y mejores inversiones, y en consecuencia la creación de más y mejores empleos.

Es el proceso político lo que determina a través de qué instituciones económicas se debe cumplir con los derechos elementales de los ciudadanos. Las instituciones económicas de un país deben determinar la capacidad de los ciudadanos de controlar a las instituciones políticas, e influir para que se cumplan los derechos elementales de los ciudadanos.

Lo anterior determinará si las instituciones políticas sirven a los ciudadanos, o si éstas abusan del poder que se les otorga y, en consecuencia, lo utilizan para amasar sus propias fortunas y llevar a cabo sus objetivos personales en detrimento de los ciudadanos.


Por eso, como lo señaló Juan Pablo II en su visita a México (1990): “Invito a los cristianos a despertar la conciencia social solidaria. No podemos vivir y dormir tranquilos mientras miles de hermanos nuestros, muy cerca de nosotros, carecen de lo más indispensable para llevar una vida humana digna” (Homilía en Chalco, Edo. de México), y como si lo estuviera viendo en este momento de incertidumbre generalizada por las consecuencias del coronavirus, dijo: “En muchos de vosotros descubro el rostro de Cristo sufriente. Rostros de sub empleados y desempleados,  despedidos por las duras exigencias de crisis económicas; rostros de madres y padres de familia, angustiados por no tener los medios para sustentar y educar a sus hijos”.

Así pues, si las instituciones políticas tienen leyes escritas, y si nosotros somos participativos, tenemos el poder y la capacidad de regular y exigir que haya un buen gobierno.

También es necesario considerar más ampliamente los factores que determinan cómo se reparte el poder político en la ciudadanía, sobre todo la capacidad de los distintos grupos de actuar colectivamente, para conseguir que se cumpla con sus  objetivos, e impedir que otras personas o grupos  consigan los suyos. No caigamos en el pecado de omisión. Nuestros organismos empresariales, como instituciones económicas sólidas, serias, deben influir en el comportamiento de las instituciones políticas; de ello dependerá que el populismo no prospere en nuestro querido México.

Que este país no sea una víctima más del mal que ha llevado a la miseria a ciudadanos de otras naciones

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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