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Qué y a quién escuchamos es lo que comunicamos

José Rubén Alonso González

Juan, el discípulo amado de Jesús, más no por ello exclusivo, en su primera carta fundamenta su comunicación (evangelización): “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos” (Primera Carta de Juan 1, 1). En otras palabras, no se comunica él y sobre él, no es autorreferencial, sino da testimonio, como testigo, de una realidad que busca compartir, comunicar.

Francisco, Papa, con ocasión de la 56 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, instituida por el Concilio Vaticano II (1963-1965) a partir de 1967, como los anteriores pontífices, plantea un tema de reflexión, que en esta ocasión ha sido “Escuchar con los oídos del corazón”, dando continuidad a lo ofrecido el año pasado “ir y ver”, “comunicar encontrando a las personas donde están y como son”.

La invitación de Francisco a “escuchar”, desde su “verdadera sede”, “el corazón”, va en dos líneas: a sí mismo y al otro, con la finalidad de poder así comunicar, pues “escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana”, y apremiante hoy pues “estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil”.

Si para toda persona saber qué escucha y a quién escucha es fundamental, para un comunicador y comunicadora profesional, para un periodista, es esencial. Qué escuchamos, es decir en qué fijamos nuestra atención y tiempo, y a quién escuchamos es crucial para identificar y definir qué es no sólo importante, sino necesario y trascendente para la comunidad a la que se le va a comunicar. Es en ese qué y quién como el periodista define su agenda, prioriza, jerarquiza, pone su corazón.

Francisco, al respecto, alerta tentaciones y distorsiones en la escucha: “escuchar a escondidas y espiar, instrumentalizando a los demás para nuestro interés”, haciendo a un lado a “quien tenemos delante, cara a cara” y con quien podría acercarse “con apertura leal, confiada, honesta”; o bien sólo “escucharnos a nosotros mismos.

Escuchar para comunicar conlleva una apertura hacia el otro y lo otro, las personas, sus tristezas y angustias, sus gozos y esperanzas; escuchar los gritos de la naturaleza que gime ante su devastación.

“Es preciso disponer el oído y escuchar en profundidad, especialmente el malestar social”, plantea Francisco.

Lo que escuchan y a quien escuchan los periodistas, es lo que comunican.

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