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¿A dónde van las almas de niño?

José de Jesús Parada Tovar

¡Tenía qué ser; qué casualidad; vaya coincidencia! El jueves 30 de abril, precisamente Día del Niño, fue despedido de este mundo, en absoluto recato a causa de la pandemia del Covid-19, Carlos Crotté Padilla, casi septuagenario pero con espíritu y corazón de niño; incluso con rescoldos aún de una fabricada y atildada voz infantil, peleada ya con sus trabajadas cuerdas vocales.

“Sixto”, el muñeco azul que él manipulaba y con el que dialogaba ventríloquamente las más sanas y agudas ocurrencias (por un buen tiempo alternando con Sergio Amezcua, “Checo”, su interlocutor en vivo), estelarizó la Barra Infantil del Canal 6 de Televisión Tapatía, que durante dos décadas -1980-1990- mantuvo la más alta audiencia de público familiar, sobre todo de miles y miles de menores que lo hicieron su favorito y se hicieron sus fans.

Carlos incursionó también exitosamente en la Radio. Lo recuerdo en DK 1250 y en Radio Metrópoli. Tras la increíble y cuestionante desaparición del Canal 6 (para entonces única Televisora independiente en el país) probó suerte en otro Canal, siempre con generalizada aceptación porque nunca le abandonaron su chispa e ingenio natos, pero ya sin tanto arrastre, quizá también porque sus pequeños seguidores ya habían embarnecido. “No es que nos hagamos viejos… Solamente llevamos mucho tiempo siendo niños”, dice con verdad esta máxima, tan aplicable a “Sixtorete” y sus “Sixtines”.

Me complace asentar que tuve un trato muy franco y cordial con Crotté, aunque no demasiado frecuente. Orizabeño de cuna, desde niño vivió en Guadalajara. Fue mi alumno en clases de Periodismo en el Instituto Superior Autónomo de Occidente, ISAO (hoy UNIVA), donde descolló en su Grupo por su discreto liderazgo, sus dotes de Comunicador, amistad leal, compañerismo, espontaneidad para resolver con inteligencia y fino humor cualquier situación.

Por sus méritos en la Televisión, en la segunda promoción del Premio Católico al Comunicador, en 2001, mereció el Galardón “José Ruiz Medrano”, junto con el Locutor de Radio Francisco Rivera Sotelo y el Escritor Ramón Mata Torres. En mi etapa de Editor de este Semanario, creo que en 2012, lo convidé a conocer el Centro Católico de Comunicaciones, el cual recorrió, área por área, desempacando su estuche de monos y desgranando simpáticas monerías, festejadas sin reservas por los trabajadores, que aprovecharon para solicitarle fotos y autógrafos. A su vez, él salió feliz y gratificado, sin dejar de hablar y actuar como niño perspicaz.

Relativamente vecino a mi domicilio, solía verlo en el tianguis dominical de la Colonia, al que acudía para despacharse buena tanda de sopes, taquitos o gorditas de comal. Sin embargo, su intempestiva viudez, aunada a un severo accidente por atropellamiento, le fueron bajando las defensas, el ánimo y prestancia, hasta confinarse en un asilo y dar paso a un síncope fatal.

“Sixto” nunca dejó de vincular su profesión con la niñez, a la que hizo sentir, pensar, amar, sonreír y reír. Por eso mismo, yo creo que las lágrimas tienden a aferrarse adentro cuando nos ganan la risa y el recuerdo de un alma buena.  

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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