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Conversión, un camino hacia la plenitud

Desarrollo Espiritual,

II DOMINGO DEL TIEMPO DE ADVIENTO, Ciclo A, 08 de Diciembre de 2019.

¿Qué significa “cambiar” para mí?

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano / Pbro. Sergio Arturo Gómez M.

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Isaías 11, 1-10: Esta una de las grandes profecías mesiánicas de Isaías que invitan a la esperanza: El mesías, como verdadero y justo rey que hace justicia y favorece a los pobres, estará dotado del espíritu de Yahvé y posee sus dones… Él será un nuevo brote que nace de una raíz vieja para traernos un nuevo estilo de vivir y convivir, en este adviento y siempre…

Salmo 71: Pedimos al Señor que su ungido gobierne con justica y promueva la paz, que manifieste su poder haciendo el bien a los más necesitados y sea una bendición…

Romanos 15, 4-9: Los cristianos vivimos en medio de tensiones, por eso nos conviene escuchar a San Pablo que nos exhorta a vivir en mutua armonía… Y a servirnos unos a otros como Jesús que se hizo servidor de todos…

Mateo 3, 1-12: San Juan Bautista – la voz de Dios en el desierto, un hombre austero y congruente – nos advierte que el reino de los cielos está cerca… Él exige un cambio radical en la manera de relacionarnos con Dios…  El motivo de esta exigencia es la próxima venida del mesías y su Reino…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

En este segundo domingo de adviento, la Iglesia nos presenta a tres testigos: dos profetas, Isaías y Juan Bautista, y a un apóstol, Pablo… Ellos nos hacen reflexionar con palabras profundas… El mensaje de Juan es severo; Isaías nos invita a desarrollar los dones del espíritu y a promover la paz y la justicia, sobre todo con los más necesitados; Pablo nos invita a la armonía, a la acogida y al servicio de unos a otros…

Culpamos a los demás de lo que no podemos resolver

Hoy se nos llama a convertirnos… Pero, a los seres humanos nos cuesta mucho trabajo cambiar… Tenemos mecanismos internos que nos mantienen estáticos ya que esto nos da una sensación de estabilidad… Analicemos: Recordemos cuántas veces hemos querido cambiar y no lo hemos conseguido… Cuando percibimos nuestras broncas internas como enemigos, nos volvemos agresivos contra nosotros mismos y/o contra los otros, culpamos a los demás de lo que no podemos ni queremos resolver nosotros… No basta con un deseo de cambiar, es necesario entrar dentro de nosotros mismos, analizarnos humana y espiritualmente, comprender nuestra historia personal, encontrar las causas de por qué somos como somos, entender los procesos de nuestros comportamientos y sanar… En la medida que vayamos curándonos, podremos mantenernos abiertos a la vida, a los otros y a Dios y seremos capaces de aceptar la invitación a crecer… ¿Creo que es posible cambiar? ¿Creo que es posible que yo me convierta? ¿Soy capaz de pedir perdón y de perdonarme?

Viendo a las multitudes que iban a bautizarse con Juan el “Bautizador” podemos preguntarnos: ¿Cuántos de ellos realmente se convirtieron? ¿Cuántos sí tenían recta intensión? Él descubrió que algunos hacían un acto sólo externo y por eso les dijo: “Hijos de víboras”… ¿Tendremos nosotros la rectitud requerida para convertirnos? ¿Acepto la confrontación? ¿Estoy abierto a la corrección fraterna? ¿Mis amigos y familiares pueden cuestionarnos para que cambiemos?

Para cambiar hay que autoconocerse

El Adviento es un tiempo propicio para hacer un proceso personal de conversión: Lo primero es descubrir las raíces, las causas internas, de aquello que queremos transformar, necesitamos ponerles nombre y expresarlas, (si es necesario llorar) aceptarlas, descubrir para qué me sirvió mi comportamiento errado, finalmente perdonarme y cambiar… (Jesús parece seguir este proceso con las personas, por ejemplo, con la Samaritana y los discípulos de Emaús)… Dicen que la mayoría de las personas sólo cambian motivadas por el miedo a que se cumplan ciertas amenazas o por interés de ciertos bienes materiales, pero Dios nos invita a convertirnos por y desde el amor; amor a Él, amor a nuestro prójimo y amor a la justicia que Él nos ha revelado…

Nuestro proceso de conversión tiene un rumbo: El faro hacia el que nos dirigimos es Dios y la llegada de su Reino… Debemos mantenernos abiertos a sus inspiraciones y correcciones… Algunos pierden al rumbo y se desaniman; otros luchan por mantenerse firmes en medio de todo tipo de tormentas… Para éstos, convertirse no es un proceso doloroso sino alegre…

A la luz del hermoso mensaje de hoy, podemos reconocernos como pobres y pecadores ante Dios y ante los hermanos… Y podemos pedirle confiadamente al Señor que abra nuestros ojos para que nos demos cuenta que a veces somos: egoístas, cobardes, rebosantes de complejos y apatía, repelentes de soberbia y envidia, insolidarios, falsos, injustos, agresivos, perezosos, materialistas y sensuales… Ya no necesitamos creernos los mejores, ni vernos superiores a los demás, ni contabilizar y alardear de nuestros méritos, ni decir que ya estamos convertidos… Podemos reconocer lo malo y lo superfluo en nuestra vida para podarla y purificarla, para dar frutos de amor y ser testigos, apóstoles y profetas que anuncien y preparen la llegada del Reino entre nosotros…

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA LA SEMANA:

1.     Hablando de cambio, crecimiento y conversión, ¿Qué creencias, sentimientos, comportamientos y actitudes debo cambiar?

2.     Sería conveniente preparar una confesión sacramental especial, diferente de otras, comenzando con un pormenorizado y profundo examen de conciencia… Con un claro propósito de enmienda…

3.     Durante esta semana, ve siguiendo esta guía para orar pausadamente con el texto de Mateo 3, 1-12:

Leo el pasaje las veces que sea necesario hasta que la voz del profeta “Bautizador” haga eco en mi corazón y vaya descubriendo su personalidad…  Procuro comprender su estilo de vivir: Descubro su austeridad; su rectitud; su entrega a Dios; su firmeza; su valentía ante los importantes; su humildad… Hablo con Jesús y le manifiesto mi deseo de aprender de Juan Bautista… ¿Para qué me serviría desarrollar las cualidades de Juan el Bautista en mi vida?

Luego, reflexiono detenidamente versículo por versículo:

vv 1-3: Me aplico a mí mismo el mensaje del Bautista; lo tomo como si me estuviera hablando a mí: Conversión y compromiso con la justicia.

v 5: Me doy cuenta que acuden muchos.  Aquella gente es modelo para mí, porque tienen ganas y buscan.

vv 7-10: Descubro algunos puntos para orar: La valentía del Bautista frente a los líderes de Israel. La exigencia de dar frutos. Y no gloriarme vanamente de ser cristiano, si no doy frutos… Hablo con Jesús de todo esto.

v 11: ¿Qué descubro de Jesús en la breve descripción de Juan el Bautista? Su dignidad. La fuerza del Espíritu Santo. Juez universal, pero juez misericordioso… ¿Siento aumentar mi amor hacia él? ¿Siento también respeto? ¿Lo tomo en serio? ¿Qué me dice Dios por medio de Juan Bautista?

Hay otros puntos con los que puedo profundizar más en mi oración:

a) La comparación del árbol y el hacha. ¿Qué clase de árbol soy yo?

b) Mi bautismo.  Bautizar con el Espíritu Santo y el fuego.  El Espíritu nos da la vida de Dios. El fuego es una imagen que expresa purificación.  Tengo los dos componentes esenciales del mismo.  ¿Cómo estoy viviendo mi bautismo?

c) El trigo y la paja.  Me aplico esta comparación…

Voy escribiendo y compartiendo mis descubrimientos… ¿Soy yo uno de los que se convierten para esperar y preparar la venida del Señor?

(Si esta ficha te ayuda, compártela)

Esta ficha, así como las de los domingos anteriores, la puedes encontrar en arquimediosgdl.org.mx, pestaña de “cultura y formación” y “desarrollo espiritual”.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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