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Imagen del Señor Milagroso de Magdalena, Jalisco | Foto: David Hernández (ArquiMedios)

El Cristo que sudó sangre en Jalisco

Este 29 de septiembre se conmemoran 350 años de su primer milagro, haber sudado sangre de su cuerpo de manera inexplicable.

David Hernández

Magdalena es uno de los municipios más grandes de Jalisco. De acuerdo con datos del INEGI tiene una población de 21 mil 781 habitantes, y sus principales fuentes de ingreso son la agricultura, la ganadería y la minería.

Para sus habitantes, la riqueza más grande que tiene el municipio no se encuentra en sus tierras, en su ganado o en el ópalo; sino que yace en el templo, hogar de la bendita Imagen del Señor Milagroso, “el tesoro más grande de Magdalena”, como lo llaman sus pobladores.

El próximo 29 de septiembre se conmemorarán 350 años de su primer milagro, cuando en 1671 sudó sangre en presencia de toda la comunidad, hecho que quedó escrito en los libros parroquiales y generó un parteaguas en la historia de Magdalena.

De acuerdo a palabras del señor José Rafael Ascencio Ceseña, cronista de Magdalena, este acontecimiento aumentó la devoción hacia el Señor Milagroso en toda la región, luego de que por largos años su culto estuvo olvidado limitándose a recibir solamente un espacio a un costado del altar.

“A raíz de ese hecho milagroso en 1671 cambió la devoción hacia el Señor Milagroso. Es un hecho que autoridades civiles y el vecindario dieron fe, desde entonces cambió la fiesta del Señor Milagroso como patrono de Magdalena.

“Es una de las Imágenes más veneradas de la región, aquí venían de todas las parroquias colindantes en peregrinación y siguen viniendo”, afirmó el cronista.

Orígenes

La historia del Señor Milagroso se remonta al siglo XVI. De acuerdo a una crónica de Fray Nicolás de Ornelas, Mendoza y Valdivia, la Imagen fue elaborada en los talleres de Matías y Luis de la Cerda en Pátzcuaro (Michoacán).

En aquel tiempo, era uno de los talleres más prestigiosos de la Nueva España, pues en sus instalaciones se habían elaborado los Cristos de Amacueca y Zacoalco, y posteriormente el Señor de las Aguas (que se encuentra en una de las capillas al interior de la Catedral de Guadalajara) con pasta de caña.

Cuenta el relato que los pobladores le rogaron al “Maestro Cerda” que “les hicieran la famosa hechura de Santo Cristo; pero que no había de ser de la Expiración, como el de Tzacoalco, sino de Cristo Difunto como el de Amacueca”.

La adquisición del Cristo data alrededor del año 1598, cuando el pueblo de Magdalena ya había sido fundado y se había construido el templo.

En 1604 se trajo al Señor Milagroso pero no se le colocó en el altar mayor, sino a un costado, entre el púlpito y el altar. Si bien los fieles se acercaban para rezarle, no era la principal devoción del pueblo, los libros parroquiales señalan que solo lo bajan para Semana Santa. En ese lugar permaneció por 67 años hasta el día del milagro.

Señor Milagroso por tu infinito poder, en pecado mortal no nos dejes caer.

El Milagro

Corría el mes de septiembre de 1671 cuando los guardianes del convento observaron que el Cristo Crucificado que estaba junto a la puerta por donde salen a las Misas, estaba sangrando.

Ante ello, decidieron bajarlo de la pared, limpiarlo y llevarlo al altar, pero ante la vista de todo el pueblo, volvió a sudar sangre de su cuerpo.

Para despejar dudas, Fray Francisco Ponce pidió que nuevamente se limpiara la imagen pero ahora con pedazos de algodón. Llamó al Teniente Juan López de Aguilar para que observara detalladamente la Imagen por si había algún rastro de humedad o fraude. Tras una revisión exhaustiva, no encontraron explicación alguna para este fenómeno.

Este testimonio se encuentra por escrito en uno de los documentos de la parroquia, narrado por el Teniente Juan López de Aguilar y firmado por varias personas que también fueron testigos del milagro. De esas personas hay pruebas en los registros de que realmente existieron y las fechas concuerdan con el acontecimiento.

La Fiebre Aftosa

El Señor Milagroso ha concedido muchos favores a quienes acuden pidiendo su intercesión, pero uno de los más recordados fue en 1950, cuando una epidemia llamada “Fiebre aftosa” se desató en México.

Esta enfermedad también conocida como glosopeda, afectó a los animales de pezuña hendida o doble (bovinos, caprinos, porcinos y ovinos) y atacó la producción de carne y leche.

Ante ello, el Gobierno Federal ordenó matar a todo animal contagiado, lo que generó angustia en los ganadores de Magdalena, que acudieron al Señor Milagroso para que la peste no llegara al municipio, pues corrían los rumores que el virus ya estaba presente en el pueblo vecino de Tequila.

“Sus súplicas fueron escuchadas y la fiebre no llegó a Magdalena, no se sacrificó ninguna cabeza de ganado. Desde entonces, los ganadores se comprometieron a tomar el último día de la fiesta del Señor Milagroso, tradición que todavía sigue vigente”, mencionó el cronista.

Actualmente, en el muro de la entrada de la parroquia se encuentra una placa de mármol con un voto de “Acción de Gracias” de los ganaderos por el milagro recibido.

Extracto del documento oficial sobre el primer milagro de la Imagen del Señor Milagroso

“En el pueblo de La Magdalena, de la Nueva España, en veintinueve días del mes de septiembre de este presente año, de 1671 años, Juan López de Aguilar, Teniente nombrado por el Capitán Rodrigo Jiménez, Alcalde Mayor de la Provincia de Etzatlán, de la Santa Hermanad, por su Majestad; por cuando este dicho día, mes y año, en este dicho pueblo de La Magdalena, sucedió como a las doce de día, poco más o menos, habiendo tenido noticia el Guardián de este Convento, Fr. Juan Bañuelos y el padre Fr. Francisco Ponce, asistentes de este Convento; que el domingo que se contaba veintisiete de dicho mes, una imagen de Cristo Señor Nuestro Crucificado, que estaba puesta en la Iglesia de dicho Convento, entre el púlpito y la puerta por donde salen a las Misas, puesto en la pared sobre un petate, había sudado, y yendo los dichos los padres este día veintinueve de septiembre, a quitarle de donde estaba, y algunos naturales que vinieron a bajarle, bajándole al suelo, le vieron algunas gotas de sudor todo en redondo de las costillas, de la parte del costado, y viéndole así, hicieron que se llamara, a lo que fui y vide, por vista de ojos, LAS GOTAS DE SUDOR DE COLOR SANGRE;  y llevándole al Altar Mayor, sin tocarle, poniéndole encima del Altar, a vista mía y de todo el pueblo que ocurrió en esta ocasión a la Iglesia, fue multiplicándose el sudor por el cuerpo, y frente, y rostro, y por los brazos estaban llenos de polvo y tierra; brotaban las gotas que se mojaban del polvo que tenía en los brazos y cuerpo, y habiendo limpiado por segunda vez con unos algodones, tornó a sudar que corría por su santísimo cuerpo, a vista mía y de todo el pueblo; y visto por los dichos padres, el P. Fr. Francisco Ponce me pidió se hiciese la diligencia para ver si había fraude o engaño en esto, y así , quitándole la corona y las potencias, volviéndole la cabeza abajo y los pies arriba, me dijo: Vuestra merced haga exactas y mire con toda atención y cuidado los agujeros que tiene en la cabeza donde se ponen las potencias (…)”

José Rafael Ascencio Ceseña, cronista de Magdalena.

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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