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Entre la identidad y la ideología

Acto cívico en el Bicentenario del nombramiento de la Virgen de Zapopan como Generala del Ejercito de la Nueva Galicia

Pbro. Armando González Escoto,
Cronista de la Ciudad de Guadalajara

Estamos recordando el momento en que la Intendencia de Guadalajara declaró su independencia del imperio español, del que había sido parte desde 1530, uniéndose al plan de las tres garantías que buscaba la creación de un imperio soberano.

Cumplimos pues doscientos años de un proceso consumado, pero también doscientos años de resistencia permanente en defensa de los derechos, libertades y soberanía del nuevo Estado de Jalisco que nacerá como consecuencia de aquellos hechos.

Conservar la identidad, es posible

Esta lucha histórica es emblemática y modélica, pues frente a un nacionalismo centralista y uniformador mexicano, que paralizó el crecimiento de los demás Estados de la nación, Jalisco ha demostrado que es posible conservar la propia identidad sin por ello afectar la unidad política del país, aún más, hemos demostrado que la verdadera unidad de la patria se construye fortaleciendo la unidad e identidad propia de sus regiones.

Esta lucha sostenida ha permitido a nuestro Estado figurar entre las primeras cuatro economías que mueven al país, a pesar de los embates permanentes de un centralismo disfrazado de federalismo, y del manejo político desleal que no pocos de nuestros propios líderes han hecho de esta tensión a lo largo de estos dos siglos.

Creemos en nuestra identidad y la defendemos porque estamos convencidos de que el ser humano y la sociedad, actúan siempre de acuerdo a lo que creen ser, si lo que creen es una falacia, sus resultados serán siempre endebles y falaces, pero si parten de una conciencia auténtica del propio ser, entonces los resultados serán sólidos y perdurables.

Fieles a nuestras raíces

Nuestros antepasados construyeron una Audiencia, un reino y una capital en las fronteras de la civilización indígena y de las grandes estructuras virreinales, con pocos tributarios, lejos de los caminos reales que comunicaban el centro con el norte, en una zona aislada por cadenas montañosas y barrancas, sin la cercanía de grandes minas de oro y plata, pero habitada por pueblos indígenas y comunidades criollas tesoneras y laboriosas.

Del concierto entre unos y otros, bajo el liderazgo del Obispo Juan Cruz Ruíz de Cabañas, se pudo consumar la independencia regional y luego la nacional, mediante la adhesión inteligente al plan de Iguala, proyecto visionario, práctico y realista fraguado por Agustín de Iturbide, personaje formado, al igual que Hidalgo y Morelos, en el ilustre Seminario de Michoacán, genuina cuna de nuestra independencia.

Buen cuidado tuvieron entonces los habitantes de esta ciudad y su ayuntamiento, de consolidar este nuevo proyecto, aunando a las autoridades trigarantes, en el respeto y reconocimiento de lo que siempre habíamos sido y queríamos seguir siendo, una sociedad regional cuya identidad nacía de hechos históricos genuinos y propios, en este valle de Atemajac donde no hubo conquistas sino alianzas, que apenas tuvieron rupturas, respeto a la propiedad de los pueblos originarios, a su autonomía, y libertades, en el nuevo espacio que se les abría con la llegada de la civilización occidental, y ciertamente con menos traumas de los que pudieron darse en otras partes del actual territorio mexicano.


Pero la consolidación de un nuevo proyecto requería enlazarse con una historia de casi trescientos años que no se podía desdeñar sin afectar la identidad, ese enlace simbólico quedó asegurado cuando se otorga a la Virgen de Zapopan el título de Generala del Ejército Trigarante en esta intendencia de Guadalajara.

El acompañamiento de la Virgen, la garantía Involucrar un símbolo religioso tan emblemático y aquilatado como era esta imagen de la Virgen, era dar a la independencia regional garantía y respaldo, así como reconocimiento por haberse alcanzado la anhelada autonomía sin derramamiento de sangre, como por desgracia había venido ocurriendo en otras partes de la todavía Nueva España.

Símbolo de identidad que a lo largo de nuestra historia ha rebasado su dimensión específicamente religiosa para integrar de igual modo la dimensión cívica.

Hace justamente doscientos años, en la mañana de un 15 de septiembre de 1821, en esta Catedral, la sociedad del inminente Estado de Jalisco, y todas sus autoridades, civiles, militares y eclesiásticas, proclamaron el generalato y así enlazaron pasado y futuro en un solo y mismo continuo cultural, que hoy recordamos y celebramos, para feliz memoria.

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