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La Virgen María, con título de Generala

Un general no se doblega, sabe mirar siempre de frente, lucha hasta el fin, permanece siempre en pie, como vemos a la Virgen María en esta venerable Imagen de Zapopan.

Pbro. Armando González Escoto

Fue San Pablo el primer apóstol que usó, para ilustrar la espiritualidad cristiana, ejemplos tomados de la milicia, particularmente en la carta a los Efesios, donde habla de cómo el cristiano debe revestirse con el equipo propio de los militares para llevar adelante un combate que es mucho más exigente que cualquier otro, pues es el combate de la fe, así habla de escudos y corazas, tal y como las usaban los soldados de su tiempo.

Desde este punto de vista, la disciplina, el esfuerzo, el coraje, el adiestramiento y la estrategia que distinguen a los militares, debería ser imitado por los cristianos en su lucha diaria por ser fieles a los valores que profesan.

Pero muy pronto también los símbolos cristianos fueron llevados a las guerras ordinarias, como dice la leyenda de Constantino, quién hizo grabar el símbolo de la cruz en los escudos de su ejército a la hora de enfrentar al general Majencio. A partir de entonces, las imágenes religiosas se hacen presentes en medio de los conflictos humanos, sea para alcanzar la paz que para alcanzar la victoria.

No se trata de legalizar así la violencia como un recurso, sino como la última medida a tomar, una vez que se agota toda otra posibilidad, particularmente cuando la guerra que se hace es justa o la guerra que se sufre es injusta, y en uno u otro caso se hace necesario entrar en combate.

En nuestra historia como Iglesia de Guadalajara ha habido tres momentos especialmente difíciles y violentos en que la acción de los cristianos fue decisiva:

La guerra del Mixtón

La guerra que los indígenas levantaron en contra de los españoles en 1540 era una guerra justa, pero dadas las condiciones, no sólo no la podían ganar, sino que las consecuencias serían fatales para los propios indígenas, quienes perderían la vida, o la libertad y posesión de sus bienes.

Ante esa realidad, los misioneros recuerdan el capítulo 14 del Evangelio de San Lucas que invita a calcular si con las fuerzas que se tienen, se podrá derrotar al enemigo, o en caso contrario, enviarle mensajeros de paz. Eso fue lo que hizo fray Antonio de Segovia, y por lo menos, la mitad de los alzados, hicieron la paz, y con ello aseguraron su vida, libertad y autonomía. Otros pelaron hasta perder la vida, y algunos más se remontaron a las sierras donde todavía viven sus descendientes.

Este milagro de la paz que funda la sociedad de la que hoy somos parte la atribuyó el buen misionero a la intercesión de la Virgen, a la que llamó desde entonces, la Pacificadora, segundo título histórico de Nuestra Señora de Zapopan.

La guerra de Independencia

El segundo momento crítico fue la lucha por la independencia que nació a partir de una guerra muy violenta y destructora, encabezada por Miguel Hidalgo. Su falta de estrategia, de capacidad y liderazgo, convirtió aquella insurgencia en un movimiento caótico y devastador que no duró ni cinco meses, fracasó el 19 de enero de 1811. No era la guerra el mejor camino.

Luego de 10 años de luchas aisladas que no lograban el objetivo de la independencia, se buscó otro recurso, el de la negociación, el acuerdo, la conciliación.

Desde el 13 de junio de 1821, la intendencia de Guadalajara se unió al plan de Iguala (ya antes otras regiones lo habían hecho), y así, se declaró la independencia de lo que hasta ese momento se había conocido comúnmente como el reino de la Nueva Galicia, y se declaró sin disparar un solo tiro.

Considerando entonces que el mejor general es el que gana la guerra sin producir violencia, Nuestra Señora de Zapopan fue proclamada Generala de armas del ejército libertador, el 15 de septiembre de 1821, en el magnífico espacio de la Catedral de Guadalajara.

La persecución religiosa institucionalizada

Una persecución religiosa puede originarse en la decisión de un gobernante y ser más o menos pasajera, o bien, puede institucionalizarse por medio de la promulgación de leyes que coartan, limitan o niegan las libertades religiosas de la sociedad.

Este tipo de persecución ha sido el más dominante y el de más larga duración en México, dando inicio en 1859, concluyendo su etapa crítica, en 1929, y su etapa institucionalizada, en 1992.

Entre 1859 y 1926, la Iglesia de Guadalajara ofreció al mundo un ejemplo valioso de lo que se llama resistencia pacífica, frente a leyes inicuas en materia religiosa, y el símbolo y emblema de esa resistencia fue la defensa permanente del culto público a Nuestra Señora de Zapopan, pues pese a las leyes, la tradición se mantuvo cobrando mucha más fuerza el título de Generala, que desde 1821 se le había dado a la Virgen.

Como soldados que soportan la agresión injusta, sin inmutarse, sin rendirse ni agredir a nadie, el pueblo fiel no dejó de llevar y acompañar a la Virgen en sus visitas anuales a costa de lo que fuera, porque lo que estaban defendiendo era su libertad y sus derechos como ciudadanos libres en un país que se presumía libre y democrático. Fue la bandera que Anacleto González Flores tomó en 1918 y sostuvo hasta 1926.

La Virgen como Generala de múltiples combates

Llamar a la Virgen María, “Generala”, nos lleva a asumirnos como cristianos en lucha, pero ¿en lucha contra qué o contra quién?

La lucha cristiana es desde luego un combate espiritual que puede y ha tenido muchas veces expresiones materiales muy concretas, como ha sido la defensa de los derechos humanos, la defensa de quienes sufren injusticia u opresión, el apoyo a las justas causas de una sociedad atropellada por sistemas políticos dictatoriales, o la defensa de principios y valores que son irrenunciables.

El combate cristiano habitual y ordinario es siempre contra nosotros mismos, contra nuestras tendencias negativas, y en esta lucha vemos a la Virgen como una aliada que con su ejemplo y su oración nos ayuda a vencer nuestro egoísmo y los perjuicios que éste trae a uno mismo y a los demás.

Un general no se doblega, sabe mirar siempre de frente, lucha hasta el fin, permanece siempre en pie, como vemos a la Virgen María en esta venerable imagen de Zapopan.

Pero no vivimos aislados, somos parte de una comunidad, y por lo mismo nuestro combate exige de la solidaridad con todos, especialmente en la defensa de aquellos que son víctimas de cualquier injusticia, temporal o permanente, como sería la pobreza y la impunidad, o en el esfuerzo por liberar de la esclavitud a la que tanta gente se somete a causa de sus adicciones.

La Virgen de Zapopan ha sido un ejemplo permanente de solidaridad con su pueblo, pues siempre ha estado presente en todos los momentos importantes de nuestra historia, lo mismo que en nuestra vida cotidiana, por eso es un modelo de evangelización y de acción pastoral que exige de sus devotos no solamente el culto con que se le honra, sino siempre y sobre todo, de imitación, de obediencia a lo que Ella no manda, y que no es otra cosa que “Hacer lo que Jesús nos diga”, como claramente lo indica en el episodio de las bodas de Caná, cuando el Señor realizó su primer milagro.

Principales advocaciones marianas con título de generala antes de 1821

  • Nuestra Señora de Buitrago, España, 1571
  • Nuestra Señora de Fuensanta, España, 1808
  • Nuestra Señora de los desamparados, España, 1810
  • Nuestra Señora de las Mercedes, Argentina, 1812
  • Nuestra Señora del Carmen, Argentina, 1813
  • Nuestra Señora de las Mercedes, Perú, 1813
  • Nuestra Señora del Pueblito, México, 1816

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