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Olvido, impunidad, violación a la libre expresión, entre otras cosas, es el martirio de los habitantes del poblado de Puente Grande, en el municipio de Tonalá

Puente Grande acusa atropello e imposición

Obra de opacidad y sospecha

Monserrat M. Cuevas

Olvido, impunidad, violación a la libre expresión, entre otras cosas, es el martirio de los habitantes del poblado de Puente Grande, en el municipio de Tonalá. ¡Sí! Aquí en Jalisco.

En momentos en que la administración estatal, encabezada por el gobernador Enrique Alfaro Ramírez, promueve con insistencia la ‘Refundación’, término que muchos jaliscienses aún no terminan de comprender, pues no son claros sus objetivos y temas como la seguridad pública o el respeto la opinión de la ciudadanía, enfrentan todos los días desafíos institucionales,  lo sucedido en la recta final de 2019 en Puente Grande no es asunto menor.

El pasado diciembre, habitantes del poblado de Puente Grande, municipio de Tonalá, fueron testigos de acciones arbitrarias y de amedrentamiento, disfrazadas de obras buenas y de beneficio social (la instalación de un ducto que dote agua a colonias de Juanacatlán y El Salto), como relató a Semanario Ismael Muñoz Navarro, integrante del Comité de Ciudadanos de Puente Grande.

“El pasado 29 de octubre, llegaron las autoridades y nos dijeron que abrirían la carretera; no hicieron un consenso para ver si nosotros, como ciudadanos y habitantes de aquí, nos parecía.

“No estamos en contra de la obra, estamos en contra de como se hace; no está planeado a conciencia, no piensan en las afectaciones que esta obra por muy buena y benefactora, provoca.

“Para iniciar, tapan la principal entrada y salida del pueblo, y con esto detienen la economía; muchos de aquí se mantienen por llevar o traer productos de Guadalajara. En la carretera hay muchísimos locales de comida, mismos que pierden ganancias por esta obra. Insisto, no estamos en contra de la obra, sino de la manera en que se efectuó.

“Se acercó con nosotros el secretario de Gobierno de Tonalá Salvador Romero y nos dijo: ´La obra va porque va’. Invirtieron millones de pesos en esta obra que nos afecta, pero tu observa como están las calles, lejos de mejorar empeoramos, no son buenos para hacer, pero si deshacen. Aquí la única ocasión que vimos al presidente de Tonalá fue cuando pidió nuestro voto, y de ahí en más… jamás se volvió a parar por acá, somos un pueblo olvidado.”

La prepotencia de algunos elementos de seguridad pública, ante la inconformidad de los habitantes, por la falta de información clara,  terminó en un enfrentamiento, sin importar que dentro de la trifulca hubiera menores de edad, señaló Melina Gallegos, ciudadana de Puente Grande.

“El director de la Comisión Estatal de Agua en Jalisco, Vicente Aguirre, dijo que las maquinarias estaban en riesgo, al igual que los trabajadores y que por eso mandaron patrullaje.

“Nosotros jamás agredimos a ningún trabajador, ni a los elementos de la policía, a nadie, las personas mayores fueron las más afectadas, pues fueron agredidos por la policía del estado. La policía, con los toletes, comenzaron a empujar, ellos estaban ahí porque no se respetó el acuerdo, por parte de las autoridades, dónde decían que primero habría comunicación con nosotros y así llegar a un acuerdo de cómo se haría la obra. Nosotros les hicimos la propuesta de que la obra se fuera por el libramiento, para que no nos afectara y se beneficiaran los municipios.

“Ellos iniciaron a agredir a nuestra gente, a las personas mayores, y los jóvenes, por querer defenderlos, pues comenzaron a dejarse ir contra ellos. Nosotros lo que hacíamos era tratar de calmar a los jóvenes, pero mientras nosotros hacíamos eso, la policía los cucaba, los antimotines, todos, todos. Había niños dentro de la trifulca y ni así dejaban de agredir, seguían, hasta que decidimos ir por los muchachos que no lograron detener y entregárselos a sus papás.”

En medio del descontento de la población, por el proceder de la autoridad municipal y estatal, los elementos de seguridad cometieron la irresponsabilidad de señalar al señor Cura de San Antonio de Padua, Pbro. Olegario Corona como líder de los manifestantes.

“Yo aquí sólo soy el Párroco. No soy líder de ningún movimiento revolucionario. Me preocupa la comunidad y sus afectaciones, por supuesto que apoyo a la justicia, claro. Se tratan de los derechos humanos, no hablamos de cualquier cosa.

“Esa mañana, yo no me había percatado de que estábamos encerrados por policías; nunca había tanta seguridad en el pueblo, con eso te digo todo. Yo me estaba preparando para la celebración de la Misa, y me percato que no habían dado las campanadas, cuando salgo a repicar, pues ya no pude porque había personal del gobierno, vestidos de civiles, negándome el paso, con el argumento de era la señal (la llamada a Misa) para que el pueblo saliera a luchar.  Así que cortaron el lazo.

“No, no íbamos a iniciar la segunda revolución; sólo queríamos ser escuchados, hasta ahí. Esta obra fue mal planeada, o echa a la flojera; el pueblo es chico, pero eso no significa que debemos estar en el abandono, como hasta el día de hoy lo hemos sido. Nosotros sólo queríamos que las autoridades dialogaran con nosotros para llegar a un acuerdo, no más.”

Aunque la obra ya está en proceso, los habitantes de Puente Grande siguen en incertidumbre, pues no saben cuánto tiempo tendrán que esperar para reactivar su economía, pero también con el enojo de padecer una construcción que está envuelta de opacidad y de imposición.

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