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A la mujer: sean valientes, no se dejen. Si un hombre las maltrata pidan por su conversión, pero no sigan ahí. / Fotografía: Samir López

Servicio y caridad reflejo de Dios

“El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”. (Marcos 9, 30-37)

Martha Alicia Correa

Jesús invita a sus discípulos a servir al prójimo, siendo una manera amar y ser feliz, sin embargo, aprender a hacerlo no es una tarea fácil pues implica entregarse al otro sin esperar nada a cambio.

La hermana Imelda Maciel Carrillo, Sierva de Santa Margarita María y de los pobres, es una consagrada religiosa desde hace 50 años que entregó su vida al servicio y cuidado de los enfermos.

El llamado

Desde niña le gustaba ir al catecismo y su casa estaba consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, de ahí su devoción a él y la Virgen de los Dolores.

Su llamado inició a los 16 años cuando acompañó a su papá en una visita médica al hospital San José. Ahí se encontraron a una pariente que era religiosa, y ya en la plática la invitó a prestar un servicio en el hospital Santa Margarita. Aunque al principio manifestó su negativa, decidió aceptar la invitación y al día siguiente acudió al lugar. Fue así como descubrió su vocación.

En un primer momento su padre no estaba de acuerdo, pero la madrastra de Imelda dijo unas sabias palabras: “a Dios no se le tienen que negar los hijos”, fue así como su padre accedió.

Amistad con el Cardenal Juan Sandoval

Entregada y animada aprendió los oficios del hospital en menos de un mes. Disfrutaba tanto su trabajo que, años después, fue promovida para que atendiera como enfermera al Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo emérito de Guadalajara, después del atentado que sufrió cuando fuera envenenado.

Actualmente lleva 9 años como encargada del cuidado de la casa del señor Cardenal Juan Sandoval, y su motivación es ver a Dios a través de las personas que atiende, inspirada por su madre fundadora, Santa María Guadalupe García Zavala, la madre Lupita, quien amaba profundamente a los enfermos y a los pobres.De ella aprendió a “servir al enfermo, darle lo mejor posible y no verlo como un ser humano, sino como a Cristo mismo a quien estoy sirviendo”, comparte la religiosa.

María Carmen Morán Cuellar

Es religiosa de la Congregación de las Siervas de Santa Margarita y María de los Pobres desde hace 55 años. Recuerda que su llamado lo recibió cuando tenía 23 años. Fue en el hospital San José, compartiendo su servicio y caridad hacia el enfermo.

Posteriormente colaboró en el hospital Santa Margarita y en un Hospital Civil de Sonora. Años después, le pidieron desempeñar su vocación en el extranjero, viajando a Perú y Grecia.

“En el hospital estuve 11 años y me llegó un paciente, me bajé porque no había doctores y yo le hice grupo a los amigos. Le tomamos sangre y le puse suero y cuando llegó el director a media mañana preguntó ‘¿quién lo hizo?’ Porque eso fue lo que lo salvó. Con la ayuda de Dios, yo lo saqué.”

“Yo nunca pensé ser religiosa, era noviera, pensaba casarme pero al conocer a las religiosas de mi congregación sentí el llamado”, refirió.

Actualmente comparte su servicio y atención, preparando los alimentos al Cardenal don Juan Sandoval desde hace 13 años, prestando esta labor como un servicio a Dios.

“A las mujeres: lo más importante en la vida de la mujer es siempre estar en paz con una mismo, con los demás y sobretodo que nunca descuiden su vida espiritual, porque con el Señor podemos hacer todo y no tener miedo, porque María Santísima está con nosotros” Hna. Imelda Maciel Carrillo

“A la mujer: sean valientes, no se dejen. Si un hombre las maltrata pidan por su conversión, pero no sigan ahí. No sean abnegadas porque eso no es bueno” Hna. María Carmen Morán Cuellar

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