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Aprendiendo de… San Juan Diego

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Uno de los santos más emblemáticos en México es San Juan Diego. Su veneración va muy de la mano a la de la Santísima Virgen de Guadalupe, quien puso su confianza en este hombre sencillo para comunicarle su mensaje en las apariciones del Tepeyac.

San Juan Diego Cuahtlatoatzin nació en 1474 en Cuautitlán. “Cuauhtlatoatzin” significa “águila que habla”. Perteneció a la clase más baja del Imperio Azteca. Poseía un terreno en el que construyó una pequeña vivienda. Más adelante se casó con una nativa sin llegar a tener hijos.

Antes de su conversión, entre 1524 y 1525, era un hombre muy devoto y religioso. Fue bautizado junto con su esposa, María Lucía. Fray Toribio de Benavente, llamado “Motolinía” les administró el sacramento del Bautismo.

Nuestra Señora se le apareció por primera vez el 9 de diciembre de 1531, en los albores de la conquista de Tenochtitlan. Los relatos están contenidos en el famoso documento náhuatl “Nican Mopohua”, atribuido a Antonio Valeriano. Ahí se narra el encuentro entre la Virgen y este hombre sencillo, que falleció el 30 de mayo de 1548, a los 73 años.

Fue canonizado el 31 de julio de 2002 por San Juan Pablo II, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. La vida de este santo es un elogio a la humildad.

¿Qué podemos aprender de este santo muy nuestro?

  1. Ante todo, su sencillez y su humildad. Por algo fue el escogido por nuestra Madre para comunicar su mensaje. Es ejemplo de docilidad. Su obediencia es admirable.
  2. Es un hombre de fe profunda. A pesar de que fue bautizado ya mayor, maduró muy pronto en su fe cristiana y acudía con gusto al catecismo y a los oficios litúrgicos sin escatimar sacrificios.
  3. Fidelidad. A pesar de los obstáculos y sufrimientos que encontró al querer transmitir el mensaje guadalupano, no desesperó. Fue un fiel embajador de María.

Oración: Padre Celestial, que elegiste al humilde y fidelísimo Juan Diego, para que fuera portador del mensaje de salvación a nuestros pueblos de América, a través de Santa María de Guadalupe, tu amada hija, concédenos, por su intercesión el favor que con fe te pedimos, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

San Juan Diego, hijo predilecto de Santa María de Guadalupe, ruega por nosotros y por la paz y unión de nuestra patria.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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