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Cuando se rompe el corazón

Practicarse un aborto por voluntad propia, es una de las decisiones más fuertes de la vida de una mujer, hay un antes y un después que deja heridas para toda la vida y es muy difícil poder volver a vivir plenamente. A pesar de quienes dicen que es la interrupción de un embarazo, quienes han pasado por esto tienen claro que la realidad es que hubo la muerte de un bebé.

Cristina Díaz Morales        

Tomar la decisión de practicarse un aborto, es un acto que definitivamente le cambia la vida a quienes lo viven y tiene un impacto físico y emocional que deja una huella en la mente y en el corazón para siempre, sin embargo, es la mujer quien enfrenta las consecuencias más duras y por lo general, las enfrenta sola.

Aurora, nombre ficticio de la chica que compartió su experiencia con nosotros, se practicó un aborto a la edad de 19 años, estaba por entrar a la universidad para estudiar la carrera de Comercio Internacional cuando quedó embarazada de su novio, cinco años mayor y quien venía de una “buena familia”.

A pesar de estar tomando anticonceptivos, quedó embarazada, cuando comenzó a presentar los síntomas, le dijo de inmediato a su novio quien reaccionó de manera molesta cuestionándole que se suponía que se estaban cuidando, al día siguiente quedó de llevarla al médico.

“Al día siguiente, el doctor me revisó y me mandó a realizar un examen de sangre, al llegar con la enfermera, recuerdo perfectamente que al verme me dijo: no linda, ¿para qué te haces el examen? tus ojitos dicen que estas embarazada, en ese momento sentí que se me venía el mundo abajo. Una vez que se confirmó con el examen que estaba embarazada, regresé al médico”.

El comienzo de una pesadilla

Recordó que cuando acudió de nuevo al médico éste le dijo que iban a realizar un procedimiento, “no lo voy hacer yo, será un médico militar, ellos tienen otra forma de pensar. Yo lo escuchaba, pero no sabía lo que me estaba proponiendo, me dio una pastilla para tomar y de regreso a mi casa, durante todo el trayecto me la pase llorando y escuchando a mi novio, quien en todo momento me repetía que por favor lo hiciera, que era lo mejor para nosotros, decía ¿qué les vamos a decir nuestros papás?, ¡no le vas hacer pasar este mal momento a tus papás!

Durante todo el trayecto, Aurora no dijo nada, estaba completamente bloqueada y su mente sólo le presentaba escenarios complicados:  imaginaba que su papá le diría: ¡qué desilusión! y veía en riesgo toda la confianza que se había ganado, además sentía la responsabilidad de la imagen que le iba a dar a sus hermanos, pues ella es la mayor de cuatro.

“Toda la noche me la pasé llorando y pidiéndole perdón a mi bebé. Al día siguiente pasó mi novio de por mí. Al llegar a la clínica, iba temblando completamente, me recibió un médico, me pasaron a quirófano y me anestesiaron, de ahí ya no recuerdo mucho, sólo que al momento de estar sedada sentí que estaba en un lugar muy cálido, con mucha luz y no quería regresarme porque me sentía muy bien. A lo lejos escuchaba la voz de los médicos que decían con voz muy tensa: ¡se nos va!, ¡se nos va!, ¡se nos va!, ¿qué hacemos?

Al despertar, los médicos le dijeron que estaban preocupados, le comentaron que ya le habían avisado a su novio para que fuera por ella, ya que él no se había quedado para esperarla lo que sumó un dolor más grande a toda la situación.

Un antes y un después

“A partir de ahí mi vida cambió, yo siempre me consideré que era una persona ´muy echada pa´delante´ pero después me volví una mujer muy triste, siempre con esa sensación de querer seguir en el lugar de paz y de mucha luz en el que me vi. Después comencé a tener ideas suicidas, deje de sonreír, deje de salir, ya no me juntaba con mis amigas, me invitaban a salir y no quería y el que era mi novio no lo vi hasta después de un mes”, recordó.

A pesar de que antes de que se practicara el aborto le dijo que estarían juntos y “haríamos las cosas bien”, la relación ya no fue la misma, poco a poco él se alejó, decidió poner un negocio en otra ciudad y se fue. Aurora buscaba respuestas y cuando por fin pudieron hablar seis meses después su novio le dijo que “yo no era la persona que quería para su vida” y ahí terminó todo.

Aurora cayó en una depresión muy fuerte y sólo quería morir, recuerda que, en uno de esos episodios, su papá le dijo: ¡no sé qué te está pasando, yo te veo muy mal, pero quiero que sepas que yo te quiero mucho, eres la primera de mis hijas y has sido la fortaleza para que este matrimonio comenzara y no quiero que te caigas! Esas palabras fueron un alivió, pero a la vez muy dolorosas.

Otra relación complicada

Pasó el tiempo para que Aurora se diera la oportunidad de comenzar una nueva relación con otro joven, comenzó a salir con un compañero de la universidad, pero sin darse cuenta, entró en una relación muy conflictiva, su pareja tenía un problema de alcoholismo muy fuerte, era violento y celoso.

Después de dos años de andar en esta persona, le platicó lo que había pasado tiempo atrás  y él le compartió que estuvo a punto de casarse y días antes de la boda vio a su prometida saliendo de un motel con otro chico, de alguna manera sus historias los unieron pero de una manera enfermiza porque comenzó a manipularla y decirle “nadie me iba a querer”, que era una “muñeca rota” .

“Empezó a utilizar todo ese dolor para tratar de retenerme y que yo estuviera ahí, a través del chantaje me manipulaba para que tuviera relaciones sexuales con él y en un momento dado salí embarazada. Mi reacción inmediata fue ir a abortar y haberlo realizado por segunda ocasión me hizo pensar que yo era la del problema, recuerdo que al salir de la clínica él estaba ahí, esperándome, llorando, con la cara desencajada y me di cuenta que estaba lastimando a más personas. Finalmente terminé con esa relación en la cual duré alrededor de cuatro años y fue un alivio para mí”.

Nuevo comienzo

Al salir de la universidad, Aurora conoció a su esposo, después de dos años se embarazo e inconscientemente se negaba a ello. “Yo creía que era malestar estomacal, iba a tomar medicamento para los síntomas, pero el papá de mis hijos me dijo: hey, espérate, espérate qué tal si estas embarazada. Fuimos al médico y efectivamente estaba embarazada del primero de mis tres hijos”.

Lejos de vivir una vida tranquila, comencé a desarrollar mucho miedo de estar sola con el bebé, sentía que Dios la iba a castigar, que la vida la iba a castigar por no haber cuidado a sus dos bebés y no vivía bien, al contrario, lo hacía con demasiado miedo y mucha carga en el corazón.

Su permanente malestar con la vida, la hizo buscar ayuda profesional, acudió a terapias y en su búsqueda para sanar su corazón, buscó en internet un especialista en atender casos de aborto provocado y encontró la organización conocida como Viñedo de Raquel, lugar en donde atienden a mujeres que han pasado por esta situación.

“Al llegar al lugar del retiro, recuerdo que uno de los voluntarios me dijo ¡hola princesa! Eso fue muy fuerte para mí porque yo no me sentía así, al contrario, yo me sentía la peor, incluso no quería que nadie me viera o ponerme una máscara. Comencé a vivir el retiro y cada dinámica, en cada cosa que sucedía era como si me fueran quitando ¡una piedra del corazón!, ¡otra piedra del corazón!, ¡otra piedra del corazón! Cuando me volví a confesar, fue una experiencia muy linda y salí siendo otra persona.

Sanando su corazón

Su familia nunca supo lo que sucedió, y reconoce que es un capitulo de la vida que no se puede cerrar, “ahora lo pienso de manera diferente, muchas veces me pregunté por qué me sucedió si yo estaba tan cerca de la religión, más no de Dios, porque fue catequista, coordinadora de grupos juveniles, iba por buen camino, pero en algún momento la vida me llevo a tomar una decisión por miedo social. Ahora pienso que es una razón para hacer algo con esta vivencia”.

Fueron varias las consecuencias que le dejó haberse sometido a esos abortos, fiscas, como desarrollar bolitas de grasa en los senos; espirituales que la hizo alejarse de Dios porque no se sentía merecedora de su amor y emocionales que la dejaron, a decir de ella, completamente destruida.

“No me sentía merecedora del amor de los demás, del amor de Dios, de que te vaya bien en la vida por hacer algo que no estaba bien, además buscaba relaciones en donde yo rescataba a alguien más en lugar de que me rescataran. Además, no tenía paz y siempre estaba muy enojada o muy triste”.

Al preguntarle cuántos meses tenía cuando se practicó los abortos, recuerda que del primero se creía que era entre mes y medio y dos meses, sin embargo, el bebé tenía aproximadamente tres meses y el segundo tenía muy poco tiempo, fue en las primeras semanas.

No hay vuelta atrás

Aurora sabe que una vez que se decide practicarse un aborto, no hay marcha atrás. Ahora dicen que se trata de una interrupción del embarazo ¡y no es así!, no hay una interrupción de un embarazo, hay la muerte de un bebé y esa muerte la cargas como madre principalmente porque tú eres responsable, por algo está dentro del vientre, está protegido dentro del vientre y yo no lo protegí.

“Quizá mis padres se hubieran enojado, me hubieran regañado, pero si hubiera tenido a mi bebé en mis brazos hubiera sido mi fortaleza, lo que yo les diría es que esa herida no se puede recuperar. Podemos recuperar los temas económicos, podemos hacer una pausa si estamos estudiando, unos seis meses, se puede buscar otro trabajo si lo pierdes, pero la vida no la puedes recuperar, eso ya no se recupera, no puedes regresar el tiempo”, dijo.

A poco más de dos décadas, Aurora dice que ya se perdonó. “Ya me perdoné y a través de lo que viví en el Viñedo de Raquel sentí el perdón de mi bebé y el perdón de Dios” y precisa que como sociedad debemos fortalecer que la vida es una bendición en cualquier circunstancia, porque la vida solo la puede dar Dios, no lo puede hacer nadie más, a pesar de los avances científicos no pueden crear vida.

Pero también perdonó a su novio que la coaccionó a practicarse el aborto, “En un retiro que asistí, una de las cosas que me metió Dios en mi corazón es que pidiera todos los días por la sanación de su corazón. Te confieso qué fue un gran retiro. Durante muchos años guardé un gran rencor, así que rezar por él fue muy fuerte. Pero el perdón es para compartir. Si yo ya lo había sentido no era solo para mí. Así que, hasta hoy, si escucho su nombre pido por la sanción de su corazón”.

Dignificando a las mujeres

Finalmente, aurora quien ahora tiene tres hijos, el mayor de 15 años, hace hincapié en que estamos hechos para ¡amar la vida! La conexión entre útero y corazón es muy fuerte y cuando sucede un aborto, se quiebra, se daña y dejas completamente de vivir bien. Ahora veo de manera diferente la vida y les digo a mis hijos: a mis nietos no se les aborta, ellos tienen un lugar en esta casa, a mis nietos se les recibe con amor, porque ya vienen.

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