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El Coronavirus y la Cuaresma

Cristina Parra

Ordinariamente se nos pide tener ciertas medidas regulares de higiene en nuestra casa y con nuestra persona para estar en condiciones saludables y funcionales: Mantener limpios los trastes, nuestra ropa, lavarnos las manos, mantener limpios los espacios, etc.

Pero en circunstancias especiales como las que estamos viviendo por la aparición del Coronavirus, debemos de poner especial cuidado en estas cosas y mayor esmero, mayor atención… lavarnos las manos no solo con mayor frecuencia, sino con mayor profundidad. Tener cuidado con tipo de contacto que tenemos con las demás personas. Mantener aún más limpios nuestros espacios. No esparcir en el ambiente cosas que nos puedan dañar a nosotros o a los demás.

Durante el tiempo litúrgico ordinario  la Iglesia nos da pautas para mantener la gracia y buscar la salvación, pero también tenemos tiempos especiales, más fuertes donde se enfatizan algunos aspectos para profundizar, fortalecer o buscar con más ahínco esta tan anhelada salvación habiendo primero reconocido nuestras limitaciones, faltas y pecados como pecadores que necesitamos la redención.

Por eso en La Cuaresma, se nos ofrecen retiros espirituales para “limpiarnos más profundamente”; acudir al Sacramento de la Reconciliación, después de hacer un examen de conciencia más exhaustivo para que nuestra alma quede “limpia como la lana”. El ayuno y la penitencia, son como el gel antibacterial que nos ayudan a quitar las partículas más pequeñas invisibles a los ojos, que pueden ser foco de infección y así mantener nuestro entorno más sano. Al cuidar el tipo de contacto que tenemos con las demás personas, debemos evitar esparcir las murmuraciones, chismes y difamaciones que nos dañan a nosotros mismos y dañan a los demás. El coronavirus es como el pecado que está a nuestro asecho, puede contaminarnos, pero depende de las decisiones que tomemos de manera personal, conyugal y familiar mantenernos fuera de su alcance. La Eucaristía es la alimentación por excelencia para que nuestras defensas estén fuertes.

Con el pecado así como con el virus, al principio los síntomas no son tan evidentes, no es hasta que llega a nuestro interior que comienza a manifestarse de adentro hacia afuera (Lo que entra por la boca no hace impuro al hombre, pero sí mancha al hombre lo que sale de su boca).

Se nos pide como medida precautoria, evitar los lugares concurridos y privilegiar los momentos en intimidad, en familia, aprovechémoslos para convivir, para valorarnos, para poner más orden en casa o hacer actividades juntos.

Y así como nos recomiendan que una vez pasada la emergencia, sigamos con las medidas de higiene y cuidado, así también en nuestra vida espiritual, mantengamos el estado de gracia y fortalecidos en la fe.

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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