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Medio siglo de historia. Las huertas costeñas de tamarindo

Salvador Y Maldonado Díaz

Jalisco es líder nacional en plantaciones de tamarindo. Un árbol tropical cuyas huertas pioneras ya cumplieron medio siglo en  varios municipios costeños, como Cuautitlán de García Barragán (municipio puntero), La Huerta, Casimiro Castillo, Tomatlán y Villa Purificación, entre otros.     

Este liderazgo nacional en esta fruta tropical ha sido resultado de la tenacidad  de sus productores, sobre de todo de la generación que hace cincuenta años estableció las primeras huertas en la llamada Tierra Pródiga de Jalisco, como lo afirmara el novelista Agustín Yáñez Delgadillo.

Así lo refiere José Guadalupe Lazareno  García,  un sobrino de uno de los huerteros pioneros en llevar el tamarindo a Cuautitlán de García Barragán hace medio siglo: don Martín Lazareno, quien junto con Roberto Castillo Jiménez y Salvador Díaz Pelayo, entre otros agricultores que decidieron apostarle a esta fruta a pesar de las críticas en contra “de que esos árboles solo servían para la leña”.

El entrevistado comenta  que su tío después contaba con gusto que con el dinero que le dejaba la venta del tamarindo podía  comprar ganado a quienes se burlaban de su decisión.      

En este producto rural, como en otros, la participación femenina juega un papel determinante.  Un botón de muestra: en la comunidad de Tequesquitlán, del municipio de Cuautitlán de García Barragán, se generan mil empleos en la temporada de cosecha de esta fruta (tan sólo en esta localidad), de los que el 80 por ciento es ocupado por mujeres, tanto en el corte de las vainas de los árboles, como en posteriores tareas, como el pelado y el envasado, según lo resalta este productor.

El también funcionario  municipal de  Desarrollo Agropecuario relata que la temporada de recolección del tamarindo se tiene desde mediados de febrero hasta fines de mayo, en fechas anteriores a la llegada del tiempo de lluvias. 

Lazareno detalla que hay  diversos retos para elevar la rentabilidad del tamarindo en favor del productor, como reducir la intermediación comercial. También dijo que hay que avanzar para mejoramiento de la sanidad vegetal, sobre todo con el control de la plaga de la cenicilla; y en que los agricultores tengan acceso al financiamiento en condiciones atractivas.

Abunda que si avanza lo anterior, el tamarindo de Jalisco tiene mucho que alcanzar en su posicionamiento en el mercado nacional e internacional y así aprovechar las ventajas climáticas de la Región de la Costa de Jalisco.

Hace mención que  un árbol de diez años en delante, alcanza su mejor productividad y puede dar un rendimiento de doce toneladas por hectárea, lo que supone de ocho a diez cajas, cada una de quince kilogramos. Cada árbol requiere de cuatro a cinco años para dar frutos en forma de vaina.

Lazareno García afirma  que pese a las dificultades que se han tenido, como los problemas de organización de algunas cooperativas de productores que se han formado y que no cumplieron su objetivo, los productores están abiertos a dar nuevos pasos para mejorar la organización y apropiarse del proceso de comercialización, de modo que se queden ellos con las  ventajas que se han quedado en manos de los intermediaros.       

Amplio liderazgo

Jalisco encabeza la lista de los doce estados productores, con 23 mil 125 toneladas, le sigue Colima con 13 mil 149 toneladas y luego Guerrero con 7 mil 671 toneladas.

Los municipios jaliscienses que producen esta fruta son Cuautitlán de García Barragán, Tomatlán,  La Huerta y Villa Purificación.  

Las empresas Sello Rojo y Mazapán de la Rosa, son algunos de los grandes consumidores de tamarindo para usarlo en sus productos.  

La producción nacional de tamarindo, comúnmente utilizado para elaborar dulces, agua, alimentos nutracéuticos o como condimento, creció 26.74 por ciento de 2015 a 2017, últimas cifras disponibles del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP).  En 2015, el país alcanzó una producción de 39 mil 88 toneladas de esta leguminosa por un valor de 201 millones de pesos y para el año siguiente la cifra aumentó a 48 mil 12 toneladas con 290 millones de pesos.  Para 2017 el tamarindo, que junto con su planta también es utilizado para obtener colorante negro o crear productos como pegamentos, insecticidas, papel y botes, registró un total de 49 mil 542 toneladas producidas con un valor que rebasó los 300 millones de pesos.

Fuente. SADER-SIAP.     

Acerca de Rebeca Ortega Camacho

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